Cuando el sol toca la noche en el crepúsculo de la tarde, hay que estar atentos a la presencia efímera del hombre en el planeta Tierra, dejando claro que el humano pasa, pero sus huellas quedan visibles ante los ojos de Dios. El año 2025 refleja, a través de la lupa de la historia contemporánea, acontecimientos que son como una gota de agua persistente sobre una roca plasmada en las imágenes del nuevo orden mundial.
La República Dominicana fue el epicentro de un acontecimiento en donde la incidencia del relativismo moral agonizó en un velorio de lágrimas y un eterno reposo ante lo que fue el derrumbe del techo del centro de diversiones sociales conocido como el Jet Set, en donde perdieron la vida cientos de personas y celebridades del mundo del arte y el deporte. Aquí ya no se pregunta: ¿qué es correcto? Si no, ¿qué es lo que conviene? El colapso del techo de esta discoteca demuestra la fragilidad de normas jurídicas eficaces en nuestro amado país y, de igual modo, que la sociedad aún no ha sido reivindicada ante este penoso hecho de luto. Vivimos en una sociedad enferma, calcinada de la falsa hipocresía de un selfi, de un comité de aplausos. Un pueblo que camina descalzo, sin educación funcional.
El colapso de la barrera está transformando la política local. El narcotráfico ha inoculado el ADN de muchos de los actores de la vida pública. En este año, nuestro país ha sido un coliseo en donde ha quedado al desnudo el comportamiento de funcionarios electos vinculados a este flagelo que destruye las neuronas de seres humanos. Y ante este delito, se impone una reforma a la Ley de Régimen Electoral a los fines de establecer un perfil en la escogencia de los candidatos de los partidos.
Los partidos políticos tradicionales tienen como esencia las ideologías, pero el uso del marketing ha construido héroes like, expuestos al servilismo, en cuyo pensamiento se incuban huevos de serpiente para devorar al patrimonio público
No podemos pretender crear o vivir en una sociedad nueva, adoptando métodos impuros. ¿Cómo es posible tener en la agenda republicana un apagón eléctrico? El cual se aduce a una falla técnica que no tiene explicación ni algoritmo que lo legitime. Pero a pesar de esas situaciones difíciles, podemos decir que nuestro Congreso Nacional en el año actual ha logrado por primera vez en su arduo ejercicio legislativo aprobar un código penal y un código de procedimiento penal después de varias décadas de su implementación.
Hoy en día asistimos a un evento donde la conciencia colectiva nacional se ha convertido en acusadora ante el hecho de que actores de primer orden, a toda vista segados por la ambición de poder, se han dejado arrastrar por los oropeles de las falsas glorias que produce el tránsito efímero de una posición pública, han hipotecado y enlodado la reputación de toda su prole familiar. Sin detenerse a analizar el sentido del límite de las cosas, con ello encendieron una chimenea ardiente, y el ejemplo más repugnante lo es el caso del Sector Salud. Un triste espectáculo de corrupción en donde se pone al desnudo la miseria humana del hombre que se coloca de espaldas a los mandamientos de Dios, obnubila su mente y destruye su familia y su honor por el amor y la tentación del dinero.
Solo en personas que saquean el erario, no hay destellos para remordimientos. Sus almas mezquinas están al servicio del dolo y esto nos recuerda el eco de las palabras del insigne historiador Américo Lugo. Pero a pesar de todo, tenemos un presidente como Luis Abinader, que somete a los prevaricadores del erario a la justicia, demostrando que tiene amigos, pero no cómplices.
Los partidos políticos tradicionales tienen como esencia las ideologías, pero el uso del marketing ha construido héroes like, expuestos al servilismo, en cuyo pensamiento se incuban huevos de serpiente para devorar al patrimonio público. Y ante esta claudicación se hace impostergable revisar quiénes serán los futuros actores de la vida republicana para que no tengamos que vernos en el espejo de encontrarnos con lo descrito por Federico García Godoy en su obra “El Derrumbe” o acudamos a reivindicar a un nuevo Buenaventura Báez en el futuro incierto, cuya utopía desde ya algunos apuestan a que el pueblo dominicano tiene la mente del cacique Guacanagarix, pero recordemos que todavía quedan hombres de la talla de un Ulises Francisco Espaillat.
Entre tanto, la pandemia de la guerra brota como hongos después de la lluvia, pero al mismo tiempo está llena de incertidumbre. Vivimos en un mundo que avanza a la velocidad de la inteligencia artificial y chips neuronales, carentes de pensamientos críticos. Pero la historia de la humanidad se combina con el “éxito de lo improbable”, y solo con nuestra fe en Dios y la madre espiritual del pueblo dominicano, la Virgen de la Altagracia, saldremos adelante.
He dicho.
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