A nosotros los cristianos, cual sea la denominación: católicos, ortodoxos, evangélicos, anglicanos…, tenemos muy presente a Dios; participamos en el culto, tenemos devociones personales y comunitarias; leemos, meditamos y celebramos la Palabra. Hacemos presente el misterio de salvación en la eucaristía…

Queremos que nuestros niños y niñas participen en los sacramentos iniciales de la fe aprendida; es decir, les enseñamos de memoria las oraciones y mandamientos de la religión y por mandato familiar tienen que participar en los ritos del culto en las iglesias que sean y lo que permanece en el adulto de esa fe aprendida es la fe cultural, con excepciones; así permanece la fe aprendida como obligación y no como acción de gracias, no como liberación, no como perdón, no como reconocimiento al Creador y no como continuación de la misión de Jesús; es decir, como fe donada eclesial.

La fe donada eclesial es un regalo del Ser Trascendente, Dios, y el cultivo es libre, responsable, para que engendre un compromiso de eclesialidad sinodal; es decir, para continuar la obra de salvación iniciada por Jesús en una relación de tú a tú, acompañando al pueblo en el conocimiento y la vivencia de dicha fe.

El resultado de todo este proceso de fe aprendida y vivida con presión, que se inicia en la niñez familiar y continúa en la escuela, el colegio y en la parroquia… Genera un imaginario de fe aprendida, que si permanece en la juventud y adultez es como recurso útil para resolver necesidades difíciles a nivel personal, familiar y comunitario, porque para Dios es fácil resolver, ya que todo lo puede y es bueno…

La fe aprendida se convierte en "un doy para que me des…" Y lo sobrenatural es para que me resuelva… Y si tengo que hacer un gran sacrificio, algún día: una promesa, una hora santa, cumplir con unos nueve días, dar una limosna, prender un velón, iniciar una cadena de oración, bajar el santo de mi devoción al suelo, mandar a decir una misa…, lo hago para conseguir lo que necesito.

Ordinariamente, en la fe aprendida, los sueños y las creencias populares se dogmatizan y me dan un estilo de vida, que se convierte en un modo de vivir; y vivimos la fe aprendida con un compromiso puntual e individualizado.

Sin embargo, la fe donada, eclesial, me lleva al compromiso personal, familiar y comunitario porque la referencia definitiva, el sujeto es el yo trascendido por sí mismo en libertad, apoyado en la fe donada eclesial, que genera el nosotros eclesial, la comunidad eclesial, quien hace presente el Reino de Dios…, que tiene como misión salvar la humanidad continuando la misión de Jesús, siendo solidaria desde la debilidad, como lo hizo Jesús.

El sentido de la fe dada eclesial es enseñarnos a trascender el yo desde que nos iniciamos en la Iglesia al ser bautizados /Mc 16, 15-16/: vayan por todo el mundo y anuncien a todos la buena nueva… El anuncio de la Palabra es previo al bautismo; si el niño o niña son bautizados siendo un bebé, el anuncio se hace a sus padres y a sus padrinos para que, con el ejemplo, los ahijados aprendan a vivir el compromiso de ser cristiano…

En tal sentido es que Jesús nos enseña que toda la ley y los profetas se resumen en dos mandamientos /Mc 12, 28-31/: "amar a Dios y amar al prójimo como a mí mismo…" Aquí está la raíz del Reino de Dios; y nuestra misión Mt 28, 19: Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Jesús escoge, envía, da poder y no nos deja solos. Eso es evangelizar…

La misión de la Iglesia es mi misión. Así como hay "un solo mandamiento, el amor, hay un solo Dios, un solo bautismo, una sola fe", de igual manera existe un solo compromiso eclesial: continuar salvando a la humanidad desde la debilidad solidaria. Esta es nuestra responsabilidad tanto como anunciador o como receptor de la Palabra. La misión y el compromiso vivido nos igualan…

Anunciar, enseñar lo que hemos aprendido de Jesús; recibir el bautismo y vivir enseñando con palabras y el ejemplo, es posible porque Jesús está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo; compartir en comunidad es la misión de la fe donada, eclesial, es muy diferente a la fe aprendida y vivida culturalmente: "Te doy para que me des", eso es creer para que Dios me resuelva. La fe donada, eclesial, es darse libremente sin esperar recompensa…, al estilo de Jesús de Nazaret.

Tú eres Iglesia. Yo soy Iglesia. Nosotros somos Iglesia. La misión de la Iglesia es la mía. La fe aprendida centralizada en el yo, que busca lo mío, no tiene sentido comunitario…

La fe donada eclesial, que me saca de mí, me trasciende, y me lleva a encontrarme contigo, nos complementamos mutuamente y nacemos a una nueva identidad: nosotros. Aquí se hace presente el Reino de Dios y se plenifica la misión de la fe donada eclesial haciéndonos partícipes de la vida resucitada, el mayor apoyo de Dios Padre a Jesús y a la humanidad. "Si Cristo no hubiera resucitado vana es nuestra predicación y nuestra fe": 1 Cor 15, 14.

¡Resucitó!

No está el Señor Jesús. La tumba está vacía. Pero… ¡Había soldados cuidando! ¡Murió! ¡Los discípulos huyeron! ¿Quién se atrevió a mover la piedra? "Destruyan este templo, y en tres días volveré a levantarlo…" Jn 2, 19.

Regino Martínez S.J.

Sacerdote

El sacerdote Regino Martínez es el coordinador del Servicio Jesuita para los Migrantes Refugiados en Dajabón.

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