La transformación del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) constituye uno de los procesos políticos más relevantes de la historia dominicana reciente; pasó de la organización inspirada en el pensamiento de Juan Bosch, ubicada en la centroizquierda, a convertirse en el principal vehículo político del proyecto neoliberal en la República Dominicana.
En el artículo anterior (La hegemonía peledeísta y su declive), analizamos el ciclo de los gobiernos peledeístas, resultado de la metamorfosis del PLD, iniciada antes del 1996, cuando la organización empezó a modificar gradualmente su orientación política e ideológica.
Para caracterizar dicha mutación, nos hemos valido de dos conceptos.
El primero de ellos es el de trasvase, acuñado por Manuel Salazar, intelectual y dirigente de la izquierda dominicana, mediante el cual se explica que, una vez desaparecido Joaquín Balaguer como figura política dominante, las fuerzas sociales y políticas del viejo conservadurismo balaguerista abandonaron la sombrilla política del Partido Reformista Social Cristiano para colocarse bajo la dirección del PLD convirtiéndose así en el partido dominante del sistema político, mientras el reformismo iniciaba un acelerado proceso de declive electoral y organizativo.
El segundo concepto proviene de la obra de Antonio Gramsci y es el de transformismo, mediante el cual se alude al proceso por el cual las élites dominantes neutralizan y cooptan a sus adversarios incorporando gradualmente a sus principales dirigentes y sectores intelectuales al bloque de poder existente.
Sin embargo, ambos conceptos describen el resultado de una transformación que comenzó años antes de que el PLD alcanzara el gobierno.
Precisamente, el libro recientemente publicado por Héctor Rodríguez Pimentel, La coyuntura crítica de 1994: eje transversal de la política dominicana, aporta nuevos elementos sobre el proceso que hemos descrito, mostrándonos el acercamiento político entre ambos sectores a partir de 1990, posteriormente a la derrota electoral del PLD en las elecciones de ese año.
Con el objetivo de ilustrar este proceso, es posible distinguir varias etapas en el desarrollo histórico del PLD.
Fundación y construcción doctrinaria (1973-1978)
La primera etapa está marcada por el surgimiento y estructuración como partido de cuadros y la definición de su identidad política e ideológica bajo el liderazgo de Juan Bosch.
Uno de los rasgos distintivos de este período fue la importancia otorgada al estudio sistemático del pensamiento boschista y la construcción de la estructura orgánica de militantes y cuadros.
El PLD pretendía convertirse en un instrumento para conducir un proceso de liberación nacional, lo cual constituía el núcleo doctrinario del boschismo y definía la identidad original del partido.
Crecimiento electoral (1978-1990)
Una vez concluido este primer momento, el PLD inicia una nueva etapa caracterizada por su participación en los procesos electorales, lo cual se tradujo en un crecimiento político electoral sostenido: en las elecciones de 1978 obtuvo 18,375 votos; en 1982 alcanzó 179,849; y en 1986 elevó esa cifra a 387,881 votos.
Este crecimiento estuvo favorecido por el progresivo desgaste de los gobiernos del PRD, lo cual permitió al PLD construir una oposición sistemática a través de un discurso sobre la moral pública, la eficiencia administrativa que encontraba una receptividad creciente en la sociedad.
Transición hacia el pragmatismo (1990-1996)
A partir de 1990, el PLD entra en una nueva fase de su desarrollo político. Por primera vez enfrenta la posibilidad real de llegar al gobierno. Solo el fraude electoral, y una visión sectaria de las alianzas políticas, lo impidieron; sin embargo, marcó un punto de inflexión en la evolución de la organización.
Rodríguez Pimentel documenta cómo, incluso después de las cuestionadas elecciones de 1990, comenzó a desarrollarse una relación de colaboración entre el gobierno de Joaquín Balaguer y la dirigencia peledeísta.
Tal fue el caso del respaldo que el PLD ofreció a diversos proyectos legislativos impulsados por el gobierno reformista, sin cuyo apoyo no hubiesen sido aprobados. Asimismo, el hecho de que primero Norge Botello y posteriormente Danilo Medina presidieran la Cámara de Diputados con el apoyo del reformismo constituye una evidencia de esa convergencia política en espacios institucionales claves.
Se debe tener presente que tanto el reformismo balaguerista como el peledeísmo identificaban como principal adversario político a José Francisco Peña Gómez y al PRD. Esto contribuyó a facilitar entendimientos en determinados escenarios, particularmente en el Congreso Nacional, en función de intereses políticos comunes.
En todo caso, frente al deterioro de la salud de Juan Bosch y a la imposibilidad de que volviera a competir por la candidatura presidencial, la dirigencia morada fue sustituyendo gradualmente la centralidad de los principios ideológicos y éticos boschistas por una lógica crecientemente pragmática del ejercicio de la política y, posteriormente, del poder.
El PLD empezó a sustituir lo que había constituido su fundamento doctrinario por una práctica política que negaba la visión estratégica original y los principios éticos que habían caracterizado a la organización desde su fundación, sustituyéndolos por meras referencias simbólicas al boschismo que han funcionado, hasta hoy, como exorcismos.
Como resultado de esta evolución, de cara a la segunda vuelta de las elecciones de 1996 se conformó el Frente Patriótico, alianza entre el PRSC y el PLD que permitió el triunfo de Leonel Fernández; la cual expresó la metamorfosis del peledeísmo que hizo posible una convergencia impensable en el proyecto partidario original.
La llegada al gobierno en 1996 no inauguró la metamorfosis del PLD; tan solo la hizo visible y aceleró su consolidación. El ejercicio del poder profundizaría posteriormente esa evolución, pero sus bases políticas e ideológicas ya habían comenzado a configurarse durante los años previos.
Tomemos en cuenta que esta transformación se produjo en un contexto internacional profundamente distinto al que había dado origen al PLD en 1973. La caída del bloque socialista, el fin de la Guerra Fría y la expansión del neoliberalismo como paradigma dominante facilitaron este tipo de transformaciones políticas.
Vista en perspectiva histórica, la metamorfosis del PLD fue el resultado de un proceso gradual; el boschismo no desapareció de un día para otro; fue perdiendo centralidad a medida que el pragmatismo, primero, la visión neoliberal, después, ocupaba el lugar que antes correspondía a esa doctrina.
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