Hace unos días que venimos viendo manifestaciones por LULA, el presidente brasileño que va camino a convertirse en un referente de resistencia para los pueblos sojuzgados por los halcones de Washington.

Usan un gesto con el dedo índice hacia arriba y el pulgar hacia un lado, haciendo la letra 'L de Lula'; y que es un símbolo gestual que identifica al líder brasileño y a su proyecto político, equivalente a una firma visual de sus seguidores. Antes de que ese gesto se convirtiera en lo que es hoy, que ya camina hacia significar un símbolo de resistencia, yo lo conocí viviendo en Brasil hace ya más de 40 años.

Entre 1984 y 1985, en Natal, Rio Grande do Norte, trabajé con comunidades de personas sordas, ciegas y con discapacidad físico-motora. Aquellos años me acabaron de transformar para siempre. No era solo teatro: era la vida misma mostrándome que las barreras existen en los ojos de quien mira, no en el cuerpo de quien actúa. Era una acción cultural que ya llevaba años haciendo en RD, como parte de un proyecto de inclusión cultural y laboral.

En aquellas tardes de ensayo en Brasil, bregábamos por comunicarnos más allá de las palabras con un grupo de sordos cuya manera de nombrar el mundo yo aprendía. Y en ese mundo, Lula existía. Lo identificaban con una "L" formada por el índice y el pulgar, y que hoy es acompañado de un movimiento sobre el pecho significando la banda presidencial. No era política, para entonces. Era simplemente la forma en que una comunidad construye sus referencias, sus afectos, sus memorias. Principalmente en sectores de obreros y campesinos, y clase media baja con las que interactuaba.

Montamos Luz Negra, de Álvaro Menéndez Leal. En escena: dos actores con discapacidad físico-motora, Adriano y Joiran, una persona ciega, Elio, y una persona sorda, Flavio. Juntos, construimos un espectáculo que el público veía con asombro. En vez de lástima en el escenario; había talento, había dignidad, había arte vivo. Llevamos esa obra al Teatro Alberto Maranhão de Natal, al Teatro Santa Isabel de Recife, al Instituto Benjamín Constant de Río de Janeiro, a Paraná, Fortaleza y Maceió. Cada función era una lección de humanidad. Luego empecé a trabajar con un formidable grupo de sordos.

Hoy, cuando veo la "L" convertida en símbolo político, sonrío con cierta nostalgia. Voy a intentar averiguar si alguien copió a alguien. Pero sí sé que mucho antes de que los estrategas descubrieran el poder de un gesto, las manos de los sordos de Natal ya lo habían creado. Y eso merece ser contado.

También es posible que haya habido una influencia mutua o una coincidencia visual. Esto se debe a que la letra "L" del alfabeto manual de LIBRAS se forma precisamente con el índice y el pulgar abiertos en ángulo recto y que es usado por sordos para esa letra o todo lo que comience con L.

La historia de Brasil también se escribe en sus silencios, en sus gestos, en esas comunidades que rara vez ocupan los titulares. Aquellos artistas extraordinarios me enseñaron que la inclusión se construye con respeto y con oportunidades reales, no por simples decretos.

Cuatro décadas después, sigo convencido de que el arte es el lenguaje más honesto que tenemos. Y que las manos pueden señalar caminos.

Etzel Báez

Gestor cultural

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