Escucho con mucha atención condenas hacia determinadas acciones de grupos, individuos y gobiernos, amparado en una violación de la justicia, de una acción considerada equivocada, negativa o de naturaleza criminal y de transgresión de derechos civiles hacia individuos y grupos sociales.

La justicia no se puede reclamar de un solo lado, si bien es cierto que el término justicia es ambiguo asumirlo de forma absoluta, sabemos que tiene implicaciones jurídicas, sociales, religiosas, políticas, económicas y hasta social.

No obstante, traemos al debate su imparcialidad, en el sentido de que puede ser injusta una acción que niegue derechos ciudadanos, violaciones a la calidad de vida de las personas, sus libertades, la represión política, la prisión, la muerte por razones políticas, la intolerancia social, la falta de equidad y otras discriminaciones e injusticias.

La tabla de medición debe ser igual para todo el que la viole. Es dictador quien conduce su pueblo sin libertades, con opresión, con centralización del poder, sin derechos civiles elementales, sea de izquierda o de derecha. No es ético definir la justicia desde un ángulo ideológico, pues limita su alcance y responsables.

Lo ético, es asumir la justica como algo desigual, desequilibrado, exagerado en sus normativas, excluyente en sus resultados, con favoritos y privilegiados, pues de no ser así, desfiguramos su dimensión humana, sus implicaciones sociales, exonerando de culpa a los responsables, solo por ser de tu simpatía, de tu ideología, de tu clase social, de tu religión, de tu partido político, de tu gobierno, de tu familia, de tu país, de tu edad o de tu género.

La maldad no tiene un sello ideológico, la denigración humana, la ausencia de facilidades, la negación de derechos no tiene ideología, ni justificación, tiene culpables, no importando su raza, religión, clase social, ideología o nacionalidad. Solo esta mirada nos hace justo, solo esta postura nos exculpa de privilegios, por tanto, hoy hay muchas injusticias en la sociedad moderna.

Seleccionar la injusticia a partir de una mirada ideológica, la empobrece humanamente. Si la ideología la condiciona, es selectiva y depende del posicionamiento ideológico de quien la enjuicia.

Todas ellas deben condenarse, sin importar quienes la protagonizan, solo de esa manera somos justos y evitamos omisiones y democratizamos el término despojándolo de su mirada social, religiosa, cultural, política, económica y por supuesto, ideológica.

Es frágil la frontera de lo justo para muchos, este escrito lo agrupa en la dualidad; ideología y valor ético, debido a que la inconducta es humana y evaluarla, no escapa a su propia fragilidad, sin embargo, existe un marco de referencia de las prácticas humanas que obligan a condenar, ocultar, omitir o aprobarla. Es este aspecto delicado que pongo en el debate, lo cual obliga a tomar partida respecto a determinadas prácticas humanas y sociales, sin condicionantes justificativos. En estos casos evidentes, es cuando hablamos de justicia. ¿Qué es justo ante un hecho social?  Es este el dilema.

Lo cierto es que, si condenamos las Cruzadas históricamente, debemos condenar por igual a las Yihad islámicas por imponer su fe por las armas. Si condenamos el sobre poder del Vaticano, contemos por igual, el poder de los ayatolas.

Si es imperial la conducta de los EUA, lo es la de Rusia y la de los chinos. Si es dictador Trujillo, lo es Nicolás Maduro. Es injusto que el 10 % de una población, controle el 80 % de la riqueza de un país. Si era esclavitud la fase de la acumulación originaria de capital en la etapa final de la Edad Media, lo sigue siendo en las explotaciones de tierras raras africanas por parte del gran capital internacional, no está lejos de una condena e injusticia.

Seleccionar la injusticia a partir de una mirada ideológica, la empobrece humanamente. Si la ideología la condiciona, es selectiva y depende del posicionamiento ideológico de quien la enjuicia. Si es religioso, el juicio sobre violaciones sexuales en la iglesia católica, no se ve la y justicia que emane de sus círculos interiores de poder, para su condena y si por igual se prohíbe el mundo islámico, los derechos a la mujer, es una injusticia y debe condenarse.

Tampoco asumir como derecho obligado la imposición de ningún culto, cualquiera que fuere. No es igualmente celebrado como justicia, la discriminación de género, étnico o de otro tipo, como igualmente injustos son los absolutismos, vengan de donde vengan.

La democracia está en juego en tiempos modernos. No olvidemos que vino de una Grecia muy diferente a los procesos vividos posteriormente por las sociedades humanas, pero asumiendo su grandeza en la convivencia social, a pesar de sus limitaciones.

Justicia sigue y debe seguir siendo un parámetro que mida la conducta humana individual y social, pues debe regular la acción social e individual, que permita un rasero para medir lo correcto, lo éticamente conveniente y lo justo, que nos permita controlar con equidad, lo posible, aunque no lo ideal, del ser humano, y que nos reencauce hacia buenas prácticas, sociales e individuales, evitando que lo ideológico o lo religioso condicione y secuestre, la significación de la justicia, en su dimensión, no solo universal, sino en lo particular y en cada rincón de la tierra, en cada sociedad, en cada grupo y en cada ser humano.

Esperemos retomar la valoración humana de la justicia, despojarla de condicionamientos de todo tipo, y que sirva para mejorar la calidad de vida nuestra y de las relaciones sociales, humanas y personales, en el convulsivo mundo de hoy.

Carlos Andújar Persinal

Sociólogo

Sociólogo, profesor de la UASD. Miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana y de la Academia Dominicana de la Historia. Premio Nacional de Ensayo 2010. Ex Director del Museo del Hombre Dominicano y del instituto Dominicano de Investigaciones Antropológicas UASD. Fue Coordinador de Programas Culturales del Centro León. Actualmente es el Director General de Museos del Ministerio de Cultura. Publicaciones: Presencia negra en Santo Domingo, Identidad cultural y religiosidad popular, Por el sendero de la palabra, Meditaciones de cultura, Diálogos cruzados con la dominicanidad, Apuntes antropológicos, Temas del Caribe y otros escritos, De cultura y sociedad, Oníricas de amor y desamor, Encuentros y desencuentros de la cultura dominicana, La cultura y la sociedad dominicana.

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