En una visita al lejano continente asiático, gracias a un amigo en China conseguí un guía turístico con un objetivo muy específico: recorrer una zona no turística de la Gran Muralla China.

Partimos desde la ciudad hacia un pequeño poblado en las afueras, unas tres horas de trayecto, llegando justo antes del amanecer. El paraje, cuyo nombre ya no recuerdo, estaba habitado por personas muy pobres y extraordinariamente amables. Tras mi recorrido en solitario, me permitieron fotografiarlos; siempre sonreían. Incluso de regreso me invitaron a compartir un menú que el guía no logró explicarme del todo, pero que degusté con gratitud. Sentados en el suelo, comimos con los tradicionales palillos, que ya manejaba con cierta destreza.

Antes de iniciar el ascenso hacia ese tramo de la muralla, me advirtieron que en algunos puntos el camino se interrumpía, obligándome a descender y volver a subir, ya que no han sido reacondicionados para el turismo. En cuanto al acceso, mi chofer y guía fue claro: no debía mirar a los ojos a la persona que custodiaba la entrada, debía entregarle el dinero sin hablar y evitar tomar fotografías. Seguí las indicaciones, aunque con cierta curiosidad. Para mi sorpresa, quien me recibió fue una señora mayor, armada con un palo y un haz de cereal seco, como si fuera un improvisado instrumento de defensa.

A pesar de la advertencia, no pude resistirme y le tomé un par de fotografías. No hubo inconvenientes. Al finalizar el recorrido, la mujer se despidió con una amplia sonrisa, y yo regresé intacto, con todas las partes de mi cuerpo.

La Gran Muralla China, que se extiende desde el este en Shanhaiguan, a orillas del mar, asciende por las montañas de Yanshan y se prolonga por aproximadamente 7000 kilómetros. Es un espectáculo monumental que atraviesa diversos climas, especialmente perceptibles durante el invierno. Cada tramo parece contener una historia, muchas de ellas preservadas en leyendas que han sido recogidas y transmitidas con el tiempo.

Se sabe que su construcción comenzó unos 200 años antes de Cristo. En sus primeras etapas se utilizaban tierra y barro prensado. Siglos después, bajo otras dinastías, se añadieron miles de kilómetros con técnicas más avanzadas: el uso de ladrillos y una mezcla que incluía harina de arroz, otorgando una resistencia comparable al concreto. Esto explica por qué muchas secciones se mantienen en pie a pesar de las inclemencias del tiempo, mientras que las estructuras más antiguas no corrieron la misma suerte.

La muralla está compuesta por tramos interconectados mediante torres de vigilancia, pequeñas fortalezas donde los guardias permanecían durante meses. En el nivel inferior, el espacio se integraba al propio muro, ampliado para permitir áreas de descanso y alimentación; en la planta superior, se almacenaban provisiones.

Tanto la muralla como las torres contaban con parapetos* con almenas** para proteger a los defensores, así como aspilleras*** que permitían disparar flechas, luego sustituidas por armas de fuego con el paso del tiempo.****

A lo largo de los siglos, se añadieron nuevos segmentos y se reconstruyeron otros con fines defensivos. Sin embargo, a partir del siglo XVI, debido a cambios políticos y a la expansión de distintas dinastías, estas estructuras dejaron de cumplir su función militar. Sin proponérselo, se transformaron en uno de los destinos turísticos más emblemáticos y visitados del mundo.

Durante mucho tiempo se creyó que la muralla era visible desde el espacio e incluso desde la Luna. Este mito ha sido desmentido: la estrechez de sus muros hace imposible distinguirla a simple vista desde una perspectiva cenital.

"Hoy, las murallas más extendidas sobre la tierra no son de piedra ni de barro, sino aquellas barreras invisibles que levantamos en la mente: construidas por la injusticia, la ignorancia y la mezquindad humana, que nos hacen creer superiores a otros."


* Terraplén corto, formado sobre el principal, hacia la parte de la campaña, que defiende de los golpes enemigos el pecho de los soldados.

** Cada uno de los prismas que coronan los muros de las antiguas fortalezas para resguardarse en ellas los defensores.

*** Aberturas largas y estrechas (saeteras) practicadas en muros, murallas o torres de castillos.

Martín Rodríguez Amiama

Ingeniero, Magister Administración de Empresas, Artista del Lente reconocido con algunos de los premios más importantes del país. Invito a descubrir lo cotidiano e invisible a través de mis ojos, experimentar la belleza, la complejidad y diversidad de la vida capturada en cada foto.

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