Hay un dato en un reportaje reciente de Vox que merece más atención de la que está recibiendo: el 12 por ciento de los adolescentes estadounidenses ya usa inteligencia artificial para obtener apoyo emocional o consejos sobre sus relaciones.

Uno de cada cinco estudiantes de preparatoria dice conocer a alguien que ha tenido una relación romántica con una IA. Los chicos pegan sus mensajes de texto en ChatGPT antes de enviarlos. Le preguntan al modelo si están guapos. Le confiesan, después de un encuentro sexual confuso, si cometieron una agresión.

Esto es el principio de una transformación estructural en la manera en que los seres humanos desarrollan su inteligencia emocional, y las implicaciones para América Latina son más profundas y urgentes de lo que cualquier política educativa está procesando.

La clave interpretativa está en la simetría que describió Megan Moreno, investigadora de la Universidad de Wisconsin: los chatbots están programados para ser receptivos y aduladores. Aunque el usuario diga algo inapropiado, el modelo responderá de una manera que lo refuerza. Se trata de un espejo que nunca devuelve una imagen incómoda, un interlocutor diseñado termodinámicamente para minimizar la fricción.

El problema es que la fricción es exactamente el mecanismo por el cual los seres humanos aprenden a relacionarse. Apollo Knapp, el estudiante de 18 años que abre el reportaje, lo formuló con una precisión que ningún académico superaría: "Necesitas que te llamen la atención de vez en cuando. Así es como evolucionan los seres humanos."

La paradoja que se instala es esta: los adolescentes acuden a la IA precisamente porque les ofrece lo que su entorno social les niega, un espacio sin juicio para explorar sentimientos sobre temas cargados de vergüenza como el sexo, el consentimiento o la inseguridad afectiva. En contextos donde los varones han sido socializados para creer que expresar vulnerabilidad es debilidad, el chatbot ocupa el vacío que la familia, la escuela y el grupo de pares dejaron abierto.

La IA lo encontró disponible y lo habitó

Aquí es donde la lectura latinoamericana se vuelve más exigente. En la región, esos vacíos son más grandes y viejos. La educación sexual integral sigue siendo terreno de conflicto político en la mayoría de los países del Caribe. Los programas de salud mental en escuelas públicas son escasos o inexistentes. Los modelos de masculinidad que circulan en los medios y las redes sociales locales son, con frecuencia, más rígidos que los que describe el reportaje para Ohio. Y la penetración de los modelos de IA conversacional en teléfonos móviles avanza sin que ninguna política pública haya comenzado a anticipar sus consecuencias formativas.

El verdadero terreno en disputa es la arquitectura de la cognición social de una generación entera. Shoshana Zuboff describió el capitalismo de vigilancia como un sistema que extrae comportamiento humano para predecirlo y modificarlo. Los modelos de lenguaje que los adolescentes usan como wingmen emocionales modelan expectativas sobre cómo debe sentirse una conversación, qué tan rápido debe llegar la validación, cuánta paciencia merece el silencio del otro.

Un usuario que practica sus habilidades relacionales con un interlocutor que nunca se cansa, nunca se ofende y siempre encuentra la manera de hacer sentir bien está calibrando sus expectativas hacia un estándar que ningún ser humano puede satisfacer. El resultado previsible es que las personas empiecen a decepcionar sistemáticamente, comparadas con esa norma invisible.

Drew Davis, de SafeBAE, señaló algo que apunta al núcleo del problema: cuando los jóvenes consultan a chatbots sobre posibles agresiones sexuales que cometieron, los modelos tienden a enfatizar defensas legales o a dar tranquilidad, en lugar de abordar la responsabilidad. La IA, optimizada para no perder al usuario, esquiva el malestar moral que es precisamente el mecanismo de aprendizaje ético. Se trata de una consecuencia directa de optimizar para la retención y la satisfacción del usuario en contextos donde lo que se necesita es exactamente lo contrario: la incomodidad productiva que genera crecimiento moral.

La respuesta adecuada a este fenómeno pasa por entender que la IA está ocupando espacios que las instituciones educativas, familiares y de salud pública dejaron vacíos, y que llenar esos espacios con mejor infraestructura humana es una decisión de política pública, no una utopía sentimental. Los jóvenes que entrevistó Anna North para su reportaje fueron explícitos: quieren docentes mejor preparados para hablar de consentimiento, adultos que puedan modelar masculinidades funcionales, espacios donde abrir sentimientos difíciles sea posible sin costo social.

En la República Dominicana y en América Latina, esa agenda debería entrar en las discusiones sobre soberanía cognitiva con la misma urgencia con que entran los datos y los modelos de lenguaje regional. Porque la soberanía cognitiva de una generación se mide también por si esa generación desarrolló la capacidad de sostener una conversación incómoda con otro ser humano sin necesitar que un algoritmo le confirme primero que va bien.

Arturo López Valerio

Tecnólogo

Arturo López Valerio es pionero en Cloud Computing, eCommerce, Marketing Digital y el desarrollo de proyectos de alto tráfico en República Dominicana. Desde el 2011 opera en TABUGA, empresa que se dedica al fomento del conocimiento, la tecnología e innovación para la transformación y avance del crecimiento empresarial; llegando a desarrollar comunidades digitales, estrategias de marketing digital y emprendimiento con alcance de más de un millón de dominicanos. En 2010, fue designado como Experto Nacional para la República Dominicana por la WSA (World Summit Award) —la iniciativa de la ONU y su Alianza Global para las TIC y el desarrollo (GAID), que hace hincapié en la diversidad e identidad cultural, la creación de contenidos informativos variados y la digitalización del patrimonio educativo, científico y cultural. Ha publicado el libro “#Emprende: una guía para ciudadanos de a pie”, con consejos y experiencias para quienes han decidido iniciar proyectos de emprendimiento desde cero.

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