En América Latina y el Caribe, los procesos electorales y sus elecciones se han convertido, con todas sus irregularidades estructurales, en la vía para alcanzar el poder de gobernar; y en el mundo también.

Los resultados en la región están a la vista y oídos de todos. No hay que por qué dudar de ellos. Sin olvidar que el escenario donde se materializan los procesos electorales y elecciones es en el sistema capitalista. Es decir, las reglas del juego tienen un sello de clase de la burguesía. Suficiente entendimiento para conocer el terreno en que se camina, sus limitaciones y alcances.

A pesar de las deficiencias del sistema electoral y las desigualdades de los recursos disponibles, los progresistas y de las izquierdas en la región  han logrado victorias electorales que han alterado de manera positiva y momentánea el curso de la historia. La vía electoral es el camino a seguir, sin desplazar las movilizaciones de la ciudadanía  por mejores condiciones de vida, de trabajo y en defensa de la soberanía.

En la región, periódicamente llegan las elecciones y hay que prepararse para participar en ellas. Y la República Dominicana no es la excepción. Aquí, prácticamente, los partidos tradicionales están listos para participar en la contienda 2028. Algunos tienen sus candidatos en la gatera; otros se preparan para echar la pelea. Y nosotros, progresistas y de las izquierdas, aquí viene lo bueno: esperando que «Colón baje el dedo». Una expresión coloquial casi olvidada, que describe, en este caso, la indefinición unitaria, pérdida de tiempo en torno a la participación electoral de los habitantes de la ciudad capital.

El tiempo es oro; hay que aprovecharlo para reducir «tiempos históricos» por incomprensión de la etapa democrática del capitalismo y su democracia. Emprender una nueva jornada de política en la democracia burguesa a la luz de la teoría revolucionaria que involucre sectores democráticos, progresistas y de las izquierdas: es la tarea inmediata pendiente.

La denominada «fiesta de la democracia» se ha convertido en un lucrativo negocio entre los partidos mayoritarios y los minoritarios en su «zafra». Los escasos y «valiosos» votos y las boletas electorales de estos últimos adquieren un extraordinario valor en el mercado, cotizados por el posible ganador de la contienda. De ahí que estos sectores, con apenas (mas o menos) el 1% de las votaciones, se preparan para exhibir sus aportes y superficiales galas e intentar elevar su precio para después de concluir el certamen «pasar facturas».

En sentido general, nada es sorprendente. Por el momento es justo admitir el avance en sus distintas versiones de la ultraderecha en República Dominicana. Ahora, con el impulso todopoderoso de lo Amos del Norte, se sienten envalentonados, representados por su insigne representante en el país. Una amenaza real que recorre toda la región: el sur global y el Caribe.

Por otro lado, duele en el alma y parte el corazón que las izquierdas y los progresistas no han definido con claridad la participación en las próximas elecciones 2028. Existen posibilidades reales para tener una participación digna y ejemplar. Si se constituye una coalición democrática electoral, amplia y diversa con el respaldo militante de la base natural del litoral. Y de sectores influyentes de la sociedad. Podríamos surgir con inteligencia, destreza y espíritu creador en el mejor momento histórico para reducir tiempos perdidos y tener en nuestras manos la llave de la victoria electoral del próximo certamen.

De no materializarse la coalición democrática electoral. ¿A quién elegir a la hora de ejercer el sufragio? Estaremos a merced de una voracidad sin límites de la derecha y ultraderecha para imponer, al coste que fuere, sus candidatos. El litoral progresista y de las izquierdas tiene una enorme responsabilidad histórica de no repetir los errores pasados. Y asistir unidos, muy bien acompañados y con su pareja ideal a la «fiesta de la democracia».

La histórica y emblemática Ciudad Colonial y su Parque Colón se han convertido en lugares por excelencia que los dominicanos y extranjeros visitan. En el parque existe una estatua de Cristóbal Colón de pie, con una mano en alto y un dedo señalando al cielo. Lo de esperar que «Colon baje el dedo» es una expresión coloquial que indica que algo no va a ocurrir. O sentarse en los bancos del parque esperando que el día concluya sin «penas ni glorias».

¿Qué buscan los progresistas y las izquierda en el Parque Colón?

Fortune Modeste Valerio

Economista

Estoy de regreso a la patria después de permanecer más de 35 años en el exterior. Estudié Contabilidad Superior, Auditoria Interna y Economía en la O y M.

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