Solamente un trabajador que vive primordialmente de un salario puede mirar qué sucedería con él y su familia si se le embrollan la cesantía. En el caso de una mujer, la situación es igual de crítica, pero en su caso es como para tirarse del puente.

Verá que se van a multiplicar sus dificultades y así mismo los problemas sociales, laborales y de toda índole, hasta los feminicidios y suicidios subirán como la espuma. En una palabra, se romperá el hilito sobre el que camina haciendo malabares. Veremos mayores robos y engaños de cualquiera contra cualquiera.

Eso tiene una explicación que se puede señalar como teoría o como hipótesis.

El debate que tiene a la sociedad dominicana pensante en vilo con la pretendida reforma del Código de Trabajo centrada en el auxilio de cesantía, viene revelando una tensión estructural que ya trasciende lo estrictamente jurídico y se vuelca sobre el terreno de la crítica social.

La razón es que no es meramente técnico, pues hay quien ve un reflejo de cómo los discursos de modernización pueden convertirse en mecanismos de desprotección. Es lo que se señala de “falacia de emprendimiento" y la precarización laboral (trabajo inseguro, mal pagado, sin derechos, contratos temporales, explotación, trata –sí trata).

La narrativa del sector empresarial plantea que es insostenible la cesantía, sobre todo en las MIPYMES, que limita la creación de empleos. Pero es un argumento que hace causa común con la narrativa del emprendimiento como liberador; es decir, bajo el maquillaje de competitividad y eficiencia, van buscando trasladar los riesgos del mercado al trabajador, pero no hablan de que al debilitar garantías hunden su subsistencia. Es la fórmula del Uber, del “empresario de sí mismo”, pero, claro, sin derechos y, sobre todo, sin seguridad social (ojo con eso).

El sector sindical está plenamente convencido de hacia dónde es que conduce una hipotética eliminación o embrollo de la cesantía: el despido injustificado o el desahucio. Está más que claro que la cesantía es el escudo contra la precarización, que es el mecanismo que evita que quedemos expuestos a la vulnerabilidad (claro que me incluyo) a un grado tan extremo como lo es la “uberización” laboral.

La verdadera reforma laboral no debería consistir en reducir derechos, sino en fortalecerlos frente a una lógica de mercado que tiende a enmascarar explotación con el cansino discurso de libertad –para joder al otro–.

Etzel Báez

Gestor cultural

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