El Global Innovation Index 2026, publicado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual bajo el título «Powering entrepreneurs at the frontier of science», ubica a la República Dominicana en la posición 99 entre 139 economías. La cifra prolonga una trayectoria descendente que comenzó en 2020 desde el puesto 90 y que en los dos últimos años parecía haberse detenido en el 97. El intervalo estadístico de confianza para 2026 va del 88 al 100; el país se encuentra en el extremo inferior de su propio margen de error. En la región ocupa el lugar 12 entre 21 economías, por detrás de Jamaica, Panamá y Barbados, y entre las economías de ingreso medio-alto figura en el puesto 29 de 35. La OMPI lo clasifica, por segundo año consecutivo, como una economía que rinde por debajo de lo esperado para su nivel de desarrollo.
En enero de 2024 abordamos la pregunta de si la innovación está en peligro a partir del Barómetro de Confianza de Edelman, cuyo informe de ese año advertía que la innovación corre peligro cuando coinciden cuatro condiciones. Gestión deficiente, regulación insuficiente, desconfianza en líderes y expertos, y percepción de una ciencia politizada. Señalamos entonces que en el contexto dominicano esas condiciones se expresaban en el uso de la innovación como capital político, con iniciativas que convocan a los mismos actores y canalizan recursos hacia los mismos receptores. El dato de 2026 permite revisar esa hipótesis con dos años más de evidencia.
Serie GII · República Dominicana, 2020–2026
| Año | Posición · Insumos · Resultados |
| 2020 | 90 · 94 · 85 |
| 2022 | 90 · 90 · 92 |
| 2023 | 94 · 89 · 96 |
| 2024 | 97 · 94 · 99 |
| 2025 | 97 · 84 · 102 |
| 2026 | 99 · 87 · 110 |
Una brecha de conversión
La serie muestra un fenómeno que supera la simple pérdida de posiciones. Entre 2024 y 2026 el subíndice de insumos mejoró siete lugares mientras el de resultados retrocedió once. La distancia entre ambos, que en 2020 favorecía a los resultados por nueve posiciones, hoy los castiga por veintitrés. El país invierte más y convierte menos. En 2021 el propio índice describía a la República Dominicana como una economía que generaba más productos de innovación de los que su inversión haría esperar; en 2026 la describe en términos opuestos.
Los pilares donde se concentra la pérdida son los mismos que identificamos en cada edición desde 2022. Capital humano e investigación cae del puesto 111 al 116, con graduados en ciencia e ingeniería en el 111 (12.6 por ciento del total), investigadores a tiempo completo en el 107 y un dato de gasto en I+D que el país dejó de reportar. Conocimiento y tecnología se mantiene en el 114, con artículos científicos por unidad de PIB en el 138 y gasto en software en el 132. Productos creativos retrocede siete lugares hasta el 104, en buena parte porque la producción de largometrajes nacionales, fortaleza histórica del país en el puesto 10, descendió al 41. La sofisticación de mercado permanece en el 112, con un subpilar de inversión que incumple los requisitos mínimos de cobertura de datos.
El problema de los datos merece una mención propia. En 2022 el país dejó sin reportar 28 indicadores. En 2026 el GII marca como obsoletos los datos de investigadores, generación eléctrica, financiamiento de startups y cultura emprendedora, y registra como no disponibles el gasto empresarial en I+D, el talento investigador en empresas y la capitalización de mercado. Un sistema estadístico que deja de alimentar los índices internacionales renuncia a una herramienta de veeduría y entrega su posición a estimaciones de terceros. Esto es grave para un país que quiere potenciarse como referente regional.
La sofisticación empresarial
Un pilar contradice el patrón general y conviene examinarlo con el mismo rigor. La sofisticación empresarial avanzó del puesto 87 al 76 y es el único de los siete pilares que mejora en 2026. Dentro de él, los vínculos de innovación suben seis lugares, con la colaboración universidad-empresa en I+D mejorando doce posiciones y las co-publicaciones academia-industria nueve. La absorción de conocimiento gana dos lugares gracias a los pagos por propiedad intelectual (del 64 al 53), las importaciones de servicios TIC (del 118 al 107) y la inversión extranjera directa neta (del 47 al 40). Tres de las ocho fortalezas nacionales que el índice identifica este año pertenecen a este pilar.
Esta es la tesis que Tabuga y sus clientes han sostenido en la práctica durante más de una década. La empresa dominicana se moderniza por presión competitiva, con independencia del ecosistema que la rodea. El índice confirma esa lectura. La mejora en sofisticación empresarial es real, es medible y ocurre en el único espacio donde la coordinación entre actores depende de decisiones privadas y no de asignaciones públicas.
La cautela, sin embargo, viene del propio diseño del índice. La sofisticación empresarial es un pilar de insumos. Sus indicadores miden lo que la empresa adquiere del exterior, es decir, licencias, servicios, capital, conocimiento académico. Un país puede subir en ese pilar importando inteligencia sin producirla, y eso es exactamente lo que muestra la combinación de 2026. Absorción al alza, resultados a la baja. Tabuga Intelligence estimó que el consumo dominicano de inteligencia artificial supera los trescientos millones de dólares anuales, frente a una inversión en desarrollo local cercana a los diez millones. La sofisticación que el índice premia es la sofisticación del comprador. Lo irónico es que esas mismas categorías figuran entre las partidas que las disposiciones fiscales en discusión buscan gravar.
Comparación regional
Las economías de la región que mantienen o mejoran su posición comparten un rasgo. Un pilar empresarial fuerte acompañado de inversión pública en capital humano e investigación. Chile, en el puesto 51, y Brasil, en el 53, lideran América Latina con sistemas de ciencia y tecnología que el GII 2026 destaca por su base de I+D y su actividad de marcas y capital de riesgo. Costa Rica, en el 70, construyó su posición sobre educación, apertura comercial y emprendimiento tecnológico, como señalamos en 2024. Jamaica, en el 87, y Panamá, en el 89, superan a República Dominicana con economías de menor escala. El patrón común es que la sofisticación empresarial funciona como una palanca cuando el Estado invierte en lo que la empresa no puede comprar, es decir, investigadores, datos abiertos, graduados en ciencia.
Propuestas y efecto esperado
La evidencia de 2026 sugiere que la política de innovación dominicana debe partir del pilar que funciona y usarlo para financiar los que fallan. Proponemos cuatro líneas de acción, cada una con un indicador del propio GII como métrica de seguimiento.
Primero, convertir los contratos públicos de tecnología en instrumentos de desarrollo de capacidades. Todo contrato estatal superior a quinientos mil dólares debería incluir cláusulas de transferencia, como la capacitación de personal dominicano, código fuente accesible y participación de empresas locales como subcontratistas. CiudadanIA, que la CEPAL destaca como caso emblemático, podría licitarse por módulos a proveedores nacionales. El efecto esperado se mediría en el indicador de empleo intensivo en conocimiento (hoy en el puesto 83) y en el de patentes de origen (128).
Segundo, restablecer el sistema de reporte estadístico. El país debe entregar a la OMPI datos actualizados de investigadores, gasto en I+D público y privado, y financiamiento de startups antes del cierre de la edición 2027. Esta medida tiene costo mínimo y efecto inmediato sobre la posición. Los indicadores marcados como obsoletos o no disponibles arrastran los subpilares completos, y el de inversión aparece hoy entre corchetes por incumplir la cobertura mínima.
Tercero, redirigir una fracción del consumo tecnológico hacia producción local mediante incentivos fiscales a la I+D empresarial. Un crédito tributario del tipo que opera en Chile y Colombia, condicionado a colaboración con universidades, actuaría sobre dos indicadores a la vez, como el gasto en I+D financiado por empresas, hoy sin dato, y las co-publicaciones academia-industria, en el 119. Un desvío del diez por ciento del gasto en inteligencia artificial, unos treinta millones anuales, triplicaría la inversión local actual.
Cuarto, atender la formación en ciencia e ingeniería con programas duales universidad-empresa, donde los estudiantes de los dos últimos años trabajen en empresas del sector mientras completan sus créditos. El indicador de referencia es el porcentaje de graduados en ciencia e ingeniería, hoy en el 111. La experiencia de la Estrategia Nacional de Exportación de Servicios Modernos, que llevó las exportaciones de bienes creativos al puesto 24, muestra que una política sectorial bien diseñada mueve indicadores del GII en menos de cinco años.
Horizonte
En 2025 proyectamos que, de mantenerse el ritmo de deterioro, el país alcanzaría la posición 105 hacia 2030. La caída de dos posiciones en un año está dentro de esa trayectoria. La diferencia con respecto a entonces es que ahora existe un pilar en movimiento que puede financiar el resto. La pregunta de 2024 admite así una respuesta precisa. La innovación empresarial en República Dominicana goza de buena salud; la innovación como capacidad nacional está en peligro mientras ese crecimiento siga sin convertirse en investigadores, datos y conocimiento propio.
El pensamiento técnico abre la puerta. La voluntad política decide si la cruza.
La innovación es para todos.
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