La visita por más de 10 días a México por parte de Isabel Díaz Ayuso, quien es actualmente la presidenta de la Comunidad de Madrid por el Partido Popular, es un acto descortés, una indelicadeza y hasta una acción grotesca que lejos de afianzar contribuye al aumento de la rispidez entre México y España. En un sinsentido, la presidenta fue invitada por el Partido Acción Nacional (PAN) a una serie de reuniones con políticos de Querétaro, Aguascalientes, Guanajuato y Chihuahua, en los que se incluyen homenajes, el otorgamiento de la medalla de la Libertad y hasta reconocimientos por su defensa de la hispanidad, y un discurso en donde la flamante presidenta ha de reconocer a Hernán Cortés y en donde ha de reivindicar la Conquista como proceso civilizatorio, entre otros.

No habrá de reunirse desde luego con la presidenta Sheinbaum (que ni siquiera la ha mencionado), pero sí será recibida por la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo, a quien ella misma condecoró durante una visita que efectuase a Madrid y en donde aplaudió la sin igual decisión de Rojo de retirar dos estatuas de bronce con las figuras de lo que Ayuso catalogó como "asesinos": las estatuas de Fidel Castro y Ernesto Guevara.

En su historial de declaraciones, Ayuso enfáticamente ha esgrimido una apología como emisaria de la empresa de la Conquista, al tiempo que tajantemente ha negado y reconocido el genocidio. Nos ha señalado que "llegamos los de la cruz y pusimos un nuevo orden. Y sobre todo una forma de entender que la vida es sagrada y que había que civilizar y trasladarle al Nuevo Mundo una forma diferente de vivir. Es lo que estoy orgullosa y reivindicando siempre".

En otra intervención en donde continúa polemizando sobre la historia nos dice: abusos, los que ya se cometían contra la propia población autóctona por parte de las poblaciones aztecas y mayas, que entendían los sacrificios como parte de los rituales. En la pintoresca visita que lleva a cabo en México firmó dos convenios con el Patronato de la Feria Nacional de San Marcos y el Instituto de Cultura de Aguascalientes, pagando 300 mil euros para así aparecer como invitada de honor en la edición 198. Ayuso también ha de reunirse con Ricardo Salinas Pliego, el acaudalado magnate representante de la ultraderecha mexicana, considerado el tercer hombre más rico de México y fundador de la Universidad de la Libertad, en donde esta pronunció un discurso.

Amante de la atención, los insultos, los áulicos y los exabruptos, definió a México como un narcoestado gobernado por una dictadura de ultraizquierda. Como administradora de los bienes públicos, su gestión ha sido caracterizada por una serie de antipolíticas que han incluido una ola de privatizaciones, concesiones dudosas a diversas empresas, falsificación de estados financieros y cuentas. Varios de sus críticos han caracterizado su gestión como despótica, en donde ha primado el burdo nepotismo, la ineficiencia y su despliegue ególatra.

Durante la pandemia impidió el acceso a los envejecientes a las emergencias de los hospitales, en lo que ha sido tildado por algunos como una especie de eugenesia contemporánea y en donde resultaron alrededor de 7.291 ancianos fallecidos. De su hermano Tomás Díaz Ayuso, este fungió como intermediario en la compra y venta de mascarillas FFP2 a la Comunidad de Madrid por un valor de un millón y medio de euros, y en donde este recibió una inflada comisión de un cuarto de millón de euros.

Al igual que Trump, Bukele, Milei y otros déspotas, quienes la critican suelen ser enemigos de España: los feministas recalcitrantes, los ateos, los miembros de las comunidades LGBT y, claro, los comunistas chavistas bolivarianos. Su visita, sin peso específico ni envergadura, única y exclusivamente sirve para construir una imagen inexistente de una líder con proyección internacional. Sin ninguna propuesta, repitiendo tropos ya conocidos como aquel de que el socialismo es una epidemia y que los migrantes representan una invasión.

Su viaje se enmarca en toda una pantomima llevada a cabo por la derecha hoy en muchos países en su afán de reescribir la historia con narrativas revisionistas, en donde desde el poder se intenta relativizar el terrorismo de Estado y su secuela de secuestros, torturas, desapariciones, centros clandestinos de detención, robo de niños y la aplicación de la violencia nihilista como método de control. Así lo observamos en Argentina, en donde recientemente se cumplieron 50 años del golpe militar de 1976.

De igual forma, al celebrarse el 50 aniversario del nacimiento de Francisco Franco en España, diversos sectores dentro de la sociedad española ven con nostalgia los años de la dictadura en donde se suprimieron las libertades, los derechos civiles, se produjeron apresamiento masivos, etc. En vez del olvido, un 20 por ciento de la juventud española posee una visión positiva de su dictadura.

En tales escenarios nos urge ponderar en nuestros países hasta qué punto los voceros de estas nuevas perspectivas revisionistas de nuestro pasado obedecen a nefastos intereses coloniales, elitistas y antipopulares, dispuestos a destruir la verdad histórica en pro del avance de sus agendas nocivas y retardatarias, y en donde se intenta implantar intereses antinacionales, racistas y, en muchos casos, eugenésicos y genocidas.

José Luis Keppis Martínez

Sociólogo

El autor es Sociologo, reside en el Bronx, ciudad de Nueva York.

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