Señora:

¡Yo he cambiado mucho! De pocos años a esta parte soy otro, es decir, soy el mismo en otro. Esto no tiene nada de particular si usted   tiene en cuenta que no he hecho otra que no sea obedecer a la más general de todas las leyes de la naturaleza. Y a propósito de leyes, ¿conoce usted un país que tenga tantas como la República Dominicana? ¡Los legisladores dominicanos son, a ese respecto, muy originales! Todas las leyes son aquí importadas, no hay ninguna del país, autóctona, como suele decirse a veces; leyes dictadas de acuerdo con el carácter y las costumbres de este pueblo infeliz…

Moscoso Puello, Carta 1

Al repasar las páginas de Cartas a Evelina, de Francisco Moscoso Puello, experimentamos un vértigo inevitable: las frustraciones que el autor confesaba a su interlocutora imaginaria a inicios del siglo XX coinciden con alarmante exactitud con el desahogo de cualquier dominicano actual. Muchas de esas frustraciones concuerdan con la de cualquier joven movilizado hoy en protesta en la Plaza de la Bandera. Es posible que Cartas a Evelina se constituyera para Moscoso Puello en una válvula de escape para no morir por asfixia (de la que también buscan escaparse los jóvenes de la plaza), aunque su osadía, ante un gobierno dictador, lo llevara a la cárcel.

Imaginamos a Evelina como una mujer culta e inteligente, dispuesta a escuchar, leer y comprender cada una de las cartas enviadas por su interlocutor, donde le expresaba de manera íntima y directa sus reflexiones más profundas. Le escribió 35 cartas en una época en que el país vivía una realidad turbulenta y desoladora: ocupaciones, derrocamientos, dictaduras, Segunda Guerra Mundial… en fin, un panorama convulso. La primera carta la publicó en 1913 en la Revista Cuna de América y continuó publicando en el periódico Listín Diario, hasta publicar el libro consolidado en 1941.

Podemos rebuscar en el pensamiento del autor pesimismo, derrotismo, racismo y un sinnúmero de ismos, de los que pocos dominicanos estaríamos exentos. Sin embargo, estemos de acuerdo o no con su pensamiento, como buen cirujano, las líneas de Cartas a Evelina fueron trazadas con precisión quirúrgica. Nos siguen sirviendo como traje a la medida. Su obra preserva la dominicanidad en un diagnóstico crítico de sus traumas históricos, herencia racial y patrones de conducta que siguen vigentes en la sociedad dominicana.

Volver a leer Cartas a Evelina hoy nos permite entender que los desafíos de la sociedad dominicana son rasgos históricos profundamente arraigados que requieren conciencia crítica para ser transformados. Sería interesante respondernos con honestidad: ¿por qué continuamos con los mismos comportamientos políticos, sociales y culturales, cuando el país ha tenido sobrados escenarios para generar cambios fundamentales? ¿Qué nos ha faltado? ¿Lograremos algún día escribir otro libro epistolar y resarcirnos frente a Moscoso Puello y a su distinguida Evelina?

Moraima Veras

Moraima Veras, nativa de Altamira, Puerto Plata, República Dominicana. Doctora en Derecho por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Con especialidades en Derecho Público y en Gestión para el Desarrollo, a través de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Larga experiencia en el ejercicio del derecho. Con experiencia en reforma del Estado y en trabajos comunitarios con financiamiento internacional. Práctica de investigación comparando realidades político-locales nacionales e internacionales. Amante de la literatura con varios escritos inéditos. En el año 2022 publica Lía en Granada (novela corta). Instagram: @moraimaveras / @liaengranada Facebook: Isabel Veras

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