Así como vivimos, filosofamos de muchas maneras y, de paso, repartimos a los otros, testigos en este breve período de asombros que es la existencia, nuestro modo de entender el misterio del amor.
Estoy diciendo que, en la vida, la forma en que entendemos el mundo reúne todos los saberes al mismo tiempo, unida al hilo conductor de las pasiones. En efecto, respirar es hacer ética y ontología y, sin mucho esfuerzo, aplicar la lógica desde el cuerpo a las actividades.
Más allá de que no estemos constituidos solamente de materia, en este plano de dominación del superyó por un yo moral empapado hasta la médula de mala fe, amamos de la misma forma en que pensamos.
Y cuidado, porque en esta interconexión de los compartimentos de la filosofía con el hacer humano, nos encontramos con el género y, de paso, aclaramos hacia dónde nos conduce el modo de entender la libertad y la igualdad, y cómo comprendemos la relación con las mujeres y los hombres en nuestro estar en el mundo.
Pisemos tierra firme y apliquemos este sencillo introito al Heidegger de la cabaña y al Sartre de los hoteles.
Los artículos periodísticos nos constriñen a pensar rápido y, por ello, diré sin rodeos conceptuales, por ahora, que, de acuerdo con mis lecturas de cartas y datos biográficos, Sartre y Heidegger pensaban la relación con las mujeres de un modo distinto. Y que, de acuerdo con mi hipótesis central, esto tiene que ver con su filosofía, es decir, con su manera de ver el mundo. Y para mí, y a los hombres y mujeres que dan importancia a la igualdad, creyentes en amores tradicionales o no, incursionar en las vidas de los filósofos es de vital importancia.
Sé que probarlo requiere mucho tiempo y desentrañar bien profundamente la filosofía que nos han regalado estos “gigolós” del pensar femenino; pero a mí solamente me interesa, prometiéndome continuar después, aunque sea para mis adentros, plantear brevemente lo siguiente:
Sartre, que no tuvo una casa conyugal en el sentido tradicional —menos aún una cabaña construida con el dinero de una mujer sumisa—, nunca se casó ni tuvo hijos. Inició y sostuvo, por más de cincuenta años, un pacto existencial con la filósofa Simone de Beauvoir, basado en la distinción entre un amor necesario y relaciones contingentes. Simone, igualmente, nunca estableció legalmente una unión ni tuvo hijos.
Más tarde, Sartre adoptó a Arlette Elkaïm-Sartre, y Simone de Beauvoir adoptó a Sylvie Le Bon de Beauvoir, figuras decisivas en la conservación y publicación de parte de sus legados intelectuales, como la importante obra Cuadernos para una moral, en el caso de Sartre.
Por las cartas y otros documentos, sabemos que Heidegger, casado con Elfride, crió como hijo a Hermann, aunque sabía que no era su hijo biológico; el padre biológico fue el doctor Friedel Caesar, amigo de juventud de Elfride y padrino de Hermann. Simone y Sartre, por su propia filosofía y modo de vivir, se libran, al menos en ese aspecto, del juicio convencional de “infidelidad”; aunque no necesariamente de toda crítica ética sobre las asimetrías, heridas y ambigüedades de su pacto.
Es cierto que Sartre y Simone tuvieron todas las relaciones contingentes que quisieron, preservando solamente la suya como necesaria. Es verdad que, al menos Simone, experimentó en ocasiones dolor y celos por alguna mujer que se constituyó en importante en la vida de Sartre; pero, de acuerdo con su filosofía, la libertad, la nada, y su pacto de igualdad también posibilitaron que Simone amara a Nelson Algren, que Simone y Sartre se contaran mutuamente sus experiencias y que vivieran con angustia —al menos Simone, culturalmente construida mujer— las elecciones de vida y amor de los dos desde aquel pacto.
Hannah Arendt, la amante de Heidegger, según mi hipótesis, vivió y experimentó, en tensión con su propio modo de pensar y con el de Heidegger, documentado en sus poemas y epístolas, el sinsabor del desamor de un filósofo que se enredó con otras mujeres fuera del matrimonio y sin ningún pacto acordado ni con ella ni con Elfride.
Simone y Sartre siguieron unidos toda la vida, con una lealtad singular a su pacto, aunque no exenta de zonas dolorosas, ambiguas y discutibles. Arendt, huyendo del nazismo y dejando atrás también la figura del filósofo alemán, vivió y murió en Estados Unidos.
Este tema de la vida privada, que puedo continuar y profundizar, es un tema de Filosofía y Género, el tema central de la catedra Extracurricular, Simone de Beauvoir que dirijo en la uasd, muy importante en el cualitativismo metodológico. Porque no se trata de chisme biográfico ni de moralina doméstica. Se trata de mirar cómo la filosofía también respira en la vida íntima, en el amor, en el cuerpo, en los pactos, en las traiciones, en las libertades concedidas o negadas, y en el lugar que cada pensador reservó, explícita o silenciosamente, a las mujeres que lo acompañaron.
Bibliografía
Arendt, Hannah, y Martin Heidegger. Correspondencia 1925-1975. Edición de Ursula Ludz. Traducción de Adan Kovacsics. Barcelona: Herder, 2000.
Badiou, Alain, y Barbara Cassin. Heidegger. El nazismo, las mujeres, la filosofía. Traducción de Horacio Pons. Buenos Aires/Madrid: Amorrortu Editores, 2011. Colección Nómadas.
Beauvoir, Simone de. La ceremonia del adiós. Seguido de Conversaciones con Jean-Paul Sartre, agosto-septiembre de 1974. México: Hermes/Sudamericana, 1983.
Jacobs, Bárbara. Un amor de Simone. México, D. F.: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Colección El Centauro, 2012.
Sartre, Jean-Paul. Cartas al Castor y a algunos otros. 1940-1963. Edición, presentación y notas de Simone de Beauvoir. Traducción de Irene Agoff. Barcelona/Buenos Aires: Edhasa/Sudamericana, 1986-1987.
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