Varios autores, entre ellos el historiador y escritor Yuval Noah Harari (2025), analizan las brechas existentes entre la oferta curricular en educación y las perspectivas de desarrollo humano e integral de las nuevas generaciones. Señalan la necesidad de transformar el enfoque educativo centrado en la transmisión de información y orientarlo hacia el desarrollo de habilidades blandas.

“La educación actual entrena a los niños para un mundo que ya no existe…. la habilidad más importante será la capacidad de reinventarse continuamente”. (Harari 2025).

Las habilidades blandas se definen (De la Ossa 2022) (Goleman 1995) como capacidades, destrezas, prácticas sociales, emocionales y comunicativas que favorecen la interacción social  y con el medioambiente,  generando en las personas la facultad de relacionarse eficazmente con otras, adaptarse a distintos contextos, respetar el entorno natural y gestionar situaciones humanas de manera constructiva. Apuntan al pensamiento crítico, creatividad, trabajo en equipo, cooperatividad, resolución de conflictos, liderazgo, autoconocimiento y comunicación.

Estas capacidades se consideran esenciales para el desenvolvimiento en sociedades normadas por la inteligencia artificial, la incertidumbre, los cambios constantes en ámbitos sociales y ambientales.

La sociedad dominicana forma parte de esta realidad y enfrenta problemas sociales cotidianos caracterizados por violencia, violaciones de derechos, abusos, e irrespeto al medioambiente, que requieren transformaciones urgentes en la educación de población infantil,  adolescente y joven.

Nuestro sistema  educativo  tiene una cuota de responsabilidad en la formación de una ciudadanía comprometida con los ámbitos social y ambiental. El currículo debe integrar y priorizar la enseñanza de habilidades blandas colocando la interacción social como eje fundamental del proceso educativo y enfatizando el pensamiento crítico, creatividad, trabajo en equipo, equidad de género, sensibilidad ecológica y cooperatividad.

Una de las disciplinas que más contribuye al desarrollo de estas capacidades es la educación musical. La música combina procesos cognitivos, emocionales, sociales y creativos. El aprendizaje musical  y artístico favorece al desarrollo de la sensibilidad social y medioambiental, el acto de escuchar, la capacidad de disfrutar el silencio, trabajo en equipo, relaciones colaborativas y la habilidad de sentir y pensar de manera crítica, flexible y creativa.

La educación musical y artística debe convertirse en la disciplina transversal que unifica conocimientos del contexto social, relación con el entorno natural, ancestral e histórico, razonamiento matemático y estilos de comunicación.

La integración de población infantil y adolescente en los centros educativos en coros, bandas, orquestas, teatro musical, grupos de danza, grupos de toque de atabales, música local fomenta el trabajo en equipo, gestión emocional  y la colaboración. La articulación de las distintas manifestaciones musicales y artísticas de las comunidades fortalece la identidad local y promueve la creación de nuevos géneros musicales que respondan a las preferencias y experiencias cotidianas del estudiantado.

La presencia de la música  y las artes en aula no debe ser una actividad ocasional, sino parte de los procesos educativos cotidianos con el estudiantado como  sujeto protagónico desarrollando así su empoderamiento y liderazgo.

Tahira Vargas García

Antropóloga social

Doctorado en Antropología Social y Profesora Especializada en Educación Musical. Investigadora en estudios etnográficos y cualitativos en temas como: pobreza- marginación social, movimientos sociales, género, violencia, migración, juventud y parentesco. Ha realizado un total de 66 estudios y evaluaciones en diversos temas en República Dominicana, Africa, México y Cuba.

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