Dos acontecimientos muy relevantes suscitan la atención del mundo, creando las mayores expectativas. Uno ocurre en Oriente Medio y el otro en Occidente.

El de Oriente Medio es una guerra geopolítica que protagonizan Estados Unidos e Israel contra el régimen de Irán, confrontación militar que está generando consecuencias para la economía global y la estabilidad geopolítica internacional, manteniendo en vilo a la humanidad.

Un conflicto bélico que está deteriorando las economías de todos los países por el cierre del estrecho de Ormuz, la ruta marítima de petróleo y mercaderías de mayor importancia global bajo el control del gobierno de Irán.

El reinicio de los bombardeos por parte de Estados Unidos sobre territorios militares estratégicos de la república islamista puso fin a las negociaciones de paz que aparentemente se producirían en cualquier momento entre los EE. UU. e Irán.

La nueva escalada de bombardeos masivos sobre escondites subterráneos en las montañas (búnkeres), donde supuestamente se almacenan misiles intercontinentales, bombas de alto calibre, drones militares y armamentos de guerra, surgió tras el derribo, por parte de la Guardia Revolucionaria Islámica, de un helicóptero militar estadounidense que patrullaba el estrecho de Ormuz.

Este hecho se produjo justo en medio de negociaciones de paz entre ambas naciones.

Mientras esto ocurre en Oriente Medio, en Occidente se iniciaba la inauguración de la Copa Mundial de Fútbol 2026, el evento deportivo de mayor atracción que involucra a varias naciones del mundo.

La lucha por la conquista del trofeo mundialista aumenta la adrenalina en jugadores y fanáticos a sus máximos niveles, y exacerba los ánimos al punto de conflictos personales o entre grupos de seguidores.

Una competencia que obliga a las selecciones de cada país a enfrentarse unas contra otras en medio de una pasión desenfrenada, como si se tratara de una «guerra a muerte» entre las 48 selecciones participantes.

En esta oportunidad, los países anfitriones son Canadá, México y Estados Unidos.

La Copa Mundial arrancó el pasado 11 de junio en el Estadio Azteca de Ciudad de México, en la que se midieron la selección mexicana, Corea del Sur, Sudáfrica y la República Checa, saliendo victoriosos en la inauguración los equipos de México y Corea del Sur.

Todos sabemos del furor y pasión que brota en los amantes de este deporte, y el interés que despierta en aquellos que, por múltiples razones, no dan seguimiento a este evento deportivo que organiza cada cuatro años la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA).

Justo cuando los jugadores Hwang In-beom, de Corea del Sur; Julián Andrés Quiñones, de México; y Ladislav Krejcí, de Chequia, causaban abrazos, alegría, aplausos y alboroto colectivo en el estadio Azteca al propinar goles a favor de sus selecciones, cientos de bombas continuaban cayendo sobre territorio iraní, destruyendo objetivos militares y edificios, causando muertes, tristeza y lágrimas en esta lejana región de Oriente Medio.

Mientras miles de fanáticos se reúnen en diferentes estadios deportivos para vitorear con alegría las mejores jugadas y goles de sus equipos, otros miles de seres humanos se reúnen para sacar de los escombros, llorar y enterrar el cuerpo de un familiar o amigo.

Estados Unidos e Irán tienen su selección en esta Copa Mundial. El primero está en el grupo D y el segundo en el grupo G.

Aunque parezca remota y dependiendo de las posiciones finales de cada grupo, existe la posibilidad de que ambas selecciones (USA e IRÁN) se enfrenten en el terreno de juego en la ronda de 16.

Si esto ocurriera, no habrá televisor encendido en todo el mundo con otra imagen que no sea la transmisión en vivo y en directo de esa batalla deportiva.

Rafael Gómez

Periodista

Rafael Gómez, periodista dominicano. Residente en los Estados Unidos.

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