Hace muchos años, en una reunión de Junta Directiva, Jeannette Domínguez, reconocida impulsora del desarrollo empresarial y social desde Santiago de los Caballeros, compartió una frase que le escuchaba con frecuencia a su padre: “La cosa está mala”… desde antes de que yo naciera. La expresión provocó risas, pero también dejó una reflexión que con el tiempo ha demostrado ser más profunda de lo que parecía.

En República Dominicana, esa frase suele aparecer cada vez que enfrentamos retos financieros. A veces describe una coyuntura concreta; otras veces funciona como explicación general para dificultades que, en realidad, tienen raíces más estructurales. En los últimos años, muchas organizaciones sociales han manifestado preocupación por la reducción de fondos de cooperación tradicional. Es un hecho que el contexto internacional ha cambiado. Las prioridades geopolíticas se redefinen, las agencias reorientan recursos y América Latina ya no ocupa el mismo lugar en la agenda global que hace dos décadas. A ello se suma un cambio relevante: la reclasificación de la República Dominicana como economía de renta media, una condición positiva en términos macroeconómicos, pero que implica menor acceso a financiamiento orientado a países de bajos ingresos.

El entorno ha cambiado, pero el riesgo no nació con ese cambio. La gestión moderna de organizaciones sin fines de lucro ha insistido durante años en un principio básico de sostenibilidad: evitar la dependencia excesiva de una sola fuente de ingresos. La diversificación no es un ideal abstracto ni una recomendación retórica; es un criterio elemental de manejo de riesgo. Cuando una organización estructura su presupuesto alrededor de uno o dos donantes principales, queda inevitablemente expuesta a decisiones que no controla.

Durante un largo período, la cooperación internacional ofreció un marco relativamente estable. Esa estabilidad permitió que muchas organizaciones crecieran apoyadas en proyectos específicos y en líneas de financiamiento definidas. Mientras las condiciones externas se mantuvieron constantes, el modelo resultó funcional. Sin embargo, la verdadera solidez de una institución no se mide cuando el entorno es favorable, sino cuando cambia. El ajuste actual no necesariamente evidencia abandono del sector social, sino los efectos acumulados de una estructura financiera altamente concentrada.

Frente a este escenario, hay dos actitudes posibles. Una es la de la victimización, que interpreta la reducción de fondos como señal de abandono o como evidencia de que el entorno es cada vez más adverso. La otra parte de una premisa distinta: la generosidad no desaparece; cambia de forma y de canal.

Asha Curran, directora ejecutiva de GivingTuesday, ha insistido en que el problema no es la ausencia de recursos, sino nuestra capacidad para diseñar mecanismos que permitan que la generosidad fluya. Su enfoque parte de una visión de abundancia: la solidaridad, el capital social y la disposición a contribuir existen en las sociedades; lo que muchas veces falta son las estructuras que los conecten con causas claras y confiables.

Ese cambio de enfoque es más profundo de lo que parece. Pensar desde la escasez lleva a competir con mayor agresividad por recursos limitados. Pensar desde la abundancia obliga a innovar en la manera de movilizar talento, confianza y capital local. No es una negación de la realidad financiera; es una decisión estratégica sobre cómo interpretarla.

La República Dominicana no es un país sin recursos. Es un país cuyo potencial filantrópico aún no ha sido plenamente estructurado. Si desarrollamos un ecosistema filantrópico más robusto, con reglas claras, incentivos adecuados, transparencia consistente y vías confiables de intermediación, el flujo de recursos desde el sector privado hacia el sector social podría crecer de manera significativa. No se trata simplemente de pedir más aportes, sino de crear condiciones normativas y organizacionales que conviertan la generosidad en inversión social sostenida.

La filantropía, entendida no como caridad ocasional sino como práctica organizada de aporte de recursos, tiempo y talento con propósito público, puede fortalecer la autonomía institucional del sector social. Cuando las organizaciones construyen confianza, rinden cuentas con claridad y demuestran impacto, crean un entorno en el que empresas, individuos y comunidades encuentran canales legítimos para contribuir.

Este enfoque no excluye la cooperación internacional; la complementa. Un sector social que combina alianzas externas con una base sólida de apoyo local reduce su vulnerabilidad y aumenta su capacidad de adaptación. La diversificación no es un rechazo a la cooperación, sino una forma de proteger la misión frente a cambios inevitables en el contexto global.

Si “la cosa está mala” ha sido una constante generacional, entonces el desafío no es meramente coyuntural. Es estructural. Y frente a un desafío, la respuesta no puede ser la resignación, sino el rediseño institucional.

La concentración genera vulnerabilidad. La diversificación genera resiliencia. Y una visión de abundancia, bien articulada, puede convertir una aparente reducción de recursos en una oportunidad para fortalecer nuestra autonomía y nuestro impacto.

Pablo Viñas Guzmán

Educador, gestor cívico

Pablo Viñas Guzmán es director ejecutivo de AFS Intercultura en República Dominicana, gestor cívico y educador. Desde esa posición lidera programas de intercambio educativo, formación de jóvenes líderes, cooperación intersectorial y participación ciudadana. Es líder de GivingTuesday en República Dominicana y forma parte de su red global, además de presidir la Junta Directiva de Alianza ONG y participar activamente en otros espacios de articulación del sector social. Ha sido consultor y conferenciante en diplomacia pública, educación global, voluntariado internacional y fortalecimiento institucional en América Latina, Europa y Asia. Ha diseñado y ejecutado programas con el apoyo de agencias de cooperación y organismos internacionales, y ha colaborado con iniciativas de la Unión Europea, WINGS y otras plataformas en la consolidación de ecosistemas filantrópicos en el Caribe. Cuenta con formación en Derecho, Negocios Internacionales, Liderazgo Cívico y Diplomacia, y es egresado del Programa Executivo en Estrategia de Impacto Social e Innovación de la Universidad de Pensilvania.

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