Desde el pasado año, y particularmente durante buena parte de este 2026, el viento ha soplado a favor del turismo dominicano. Y no necesariamente porque hayamos hecho todo bien, sino porque determinadas circunstancias internacionales, algunas de ellas lamentables, han terminado favoreciendo nuestra posición competitiva.

Las dificultades que atraviesan algunos de nuestros principales competidores turísticos en el Caribe y la región, particularmente Cuba y algunos destinos mexicanos, han contribuido a crear condiciones favorables para la captación de visitantes hacia nuestro país.

La profunda crisis económica, energética y de servicios que afecta a Cuba, así como los problemas de seguridad, el sargazo y otras situaciones que han enfrentado determinados destinos turísticos de México, han llevado a algunos viajeros y operadores turísticos a reconsiderar sus opciones vacacionales.

Y es natural que, ante la incertidumbre, quienes buscan disfrutar de unas vacaciones en el Caribe prefieran destinos que les garanticen tranquilidad, seguridad y servicios de calidad.

Sin embargo, no podemos ignorar que sobre el horizonte turístico dominicano comienzan a dibujarse nubarrones que merecen nuestra atención. La presencia cada vez más recurrente del sargazo en nuestras costas, las tensiones en la frontera dominico-haitiana producto de la prolongada crisis política, económica y humanitaria de nuestro país vecino Haití y sus repercusiones migratorias, así como los conflictos bélicos internacionales, particularmente en Oriente Medio, constituyen factores de incertidumbre que no debemos subestimar.

A ello se suman las posibles fluctuaciones en los precios del petróleo, con sus consecuencias sobre los costos del transporte aéreo, la inflación y el poder adquisitivo de los consumidores de nuestros principales mercados emisores.

Son situaciones, muchas de las cuales escapan a nuestro control, pero que implican un efecto directo sobre la competitividad del destino y la rentabilidad de las empresas turísticas, repercutiendo en uno de los sectores más importantes del desempeño económico dominicano.

Por lo tanto, nuestros dirigentes necesitarán prever, planificar y actuar de manera oportuna y, sobre todo, entender que liderar el turismo de un país es mucho más que aprovechar vientos favorables.

Existe una antigua fábula atribuida a Esopo, conocida como. “Los navegantes” o “El piloto y los marineros”, cuya enseñanza considero oportuna para reflexionar sobre el momento que vive nuestro turismo.

Cuenta la historia que una embarcación fue sorprendida en alta mar por una terrible tormenta. Las olas golpeaban violentamente el barco, mientras los marineros, aterrorizados, lloraban e imploraban a los dioses que les permitieran salvar sus vidas. El Capitán, entretanto, permanecía concentrado en su tarea, procurando mantener el rumbo y conducir la embarcación a través del temporal.

Cuando finalmente amainó la tormenta, los marineros pasaron del miedo a la euforia y comenzaron a celebrar su salvación. Fue entonces cuando él les recordó que debían moderar tanto sus temores como sus alegrías, pues las circunstancias podían cambiar y el mar volver a embravecerse.

La moraleja es que no debemos desesperarnos ante las adversidades ni dejarnos llevar por una confianza excesiva cuando las circunstancias nos favorecen.

Pienso que esta lección tiene mucho que enseñarnos sobre la manera en cómo  estamos conduciendo el turismo dominicano.

Porque liderar el turismo es más que dirigir el barco cuando el mar está en calma. Realmente significa saber llevarlo hacia donde queremos llegar, conocer las condiciones del mar y prepararnos para las tormentas.

Por eso entiendo que debemos prepararnos para enfrentar en cualquier momento un escenario internacional en el que las condiciones podrían ser mucho menos favorables.

Nuestro país tiene mucho que proteger. El turismo constituye uno de los principales motores de nuestra economía, genera divisas, atrae inversiones, crea empleos y dinamiza numerosas actividades productivas. Exactamente por su importancia, no podemos permitirnos improvisaciones ni decisiones que respondan exclusivamente a las circunstancias del momento.

Necesitamos una visión estratégica de largo plazo, una política turística que trascienda los períodos gubernamentales y una gestión capaz de anticipar los riesgos, fortalecer nuestras ventajas competitivas y corregir oportunamente las debilidades que amenazan la sostenibilidad de nuestros destinos.

Ojalá que quienes tienen la responsabilidad de conducir nuestro turismo comprendan que los vientos favorables no son eternos y que la verdadera capacidad de liderazgo se pone a prueba precisamente cuando las circunstancias favorables dejan de acompañarnos.

Al final, como bien expresa aquel conocido refrán marinero: «Ningún mar en calma hizo experto a un marinero».

Magaly Toribio

Mercadóloga y Hotelera

Magaly Toribio, Hotelera y mercadóloga por convicción, politóloga para intentar entender el mundo, amante de las palabras y la buena lectura. Ex- viceministra de turismo, reconocida en múltiples ocasiones por los principales gremios del sector turístico nacional e internacional. Experta en marketing turístico y gestión sostenible de destinos turísticos. Investigadora, académica y consultora privada de empresas, universidades y destinos turísticos. Presidente de la empresa TARGET Consultores de Mercadeo y creadora de la primera empresa del país suplidora de soluciones de movilidad para turistas con discapacidad, Scooters DR.

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