Por primera vez en su historia, la República Dominicana será sede del ejercicio internacional Chemex Grullas 2026, una operación multinacional orientada a fortalecer la preparación ante incidentes químicos y mejorar la coordinación entre agencias civiles, militares y de emergencia. Para muchos, podría parecer un evento técnico más. Para quienes seguimos las dinámicas de la seguridad internacional, este anuncio representa algo mucho mayor: un salto cualitativo en la manera en que el país asume responsabilidades en áreas de riesgo no tradicional y un avance significativo hacia un liderazgo regional más sofisticado.
El mundo ha aprendido, muchas veces de forma dolorosa, que las amenazas del siglo XXI no siempre vienen en forma de ejércitos o conflictos territoriales. Pueden surgir en la manipulación inadecuada de sustancias químicas, en accidentes industriales que nadie vio venir , en la gestión deficiente del transporte de carga peligrosa o en ataques de naturaleza química. Frente a esos riesgos, la preparación deja de ser un lujo y se vuelve una obligación. Que la República Dominicana haya sido seleccionada como sede de un ejercicio de este nivel demuestra que, más allá de su tamaño, el país es visto como un socio confiable, con instituciones que pueden coordinar procesos complejos y con la voluntad de elevar sus estándares de seguridad.
Los beneficios son múltiples y tangibles. Chemex Grullas 2026 permitirá capacitar a personal dominicano en procedimientos avanzados de respuesta, ensayar escenarios simulados de contaminación química y poner a prueba en tiempo real la articulación entre ministerios, fuerzas armadas, servicios de emergencia, salud pública y protección civil. Esto supone una ganancia doble: fortalece la capacidad interna de respuesta y, al mismo tiempo, proyecta al país como un punto de referencia en el Caribe en materia de gestión de riesgos químicos.
Sin embargo, lo más innovador no es el ejercicio en sí, sino el horizonte estratégico que abre. La República Dominicana ha ido posicionándose en temas globales que antes no formaban parte de su radar prioritario: cambio climático, seguridad marítima, energías renovables, tecnología digital y ahora seguridad química. En un escenario mundial donde la cooperación especializada gana terreno, convertirse en anfitrión de operaciones como esta nos permite insertarnos en redes de trabajo con socios estratégicos y elevar el perfil de nuestra diplomacia de seguridad.
Pero no todo es celebración. Ser sede implica también enfrentar retos importantes, y conviene plantearlos con claridad. La coordinación institucional es uno de ellos. Nuestro sistema de respuesta ante emergencias todavía arrastra fragmentaciones entre agencias, superposición de funciones y procesos burocráticos que ralentizan la ejecución. Chemex exigirá, para ser exitoso, una articulación fina entre el Ministerio Defensa, el Ministerio de Salud Pública, El Ministerio de Medio Ambiente Centro de Operaciones de Emergencias (COE) y Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX). No se trata solo de un ejercicio: se trata de demostrar que el país puede operar bajo estándares internacionales.
Otro desafío es la infraestructura. Para recibir un ejercicio químico de alto nivel se requieren protocolos claros, equipamiento actualizado, capacidad de monitoreo, laboratorios operativos y personal altamente entrenado. Este evento debe servir para identificar brechas y corregirlas, no para maquillarlas. Los incidentes químicos —accidentales o provocados— son rápidos, tóxicos y requieren precisión; no admiten improvisación.
Aun con estos desafíos, lo que representa este ejercicio para la política exterior dominicana es innegablemente positivo. Tener al país como sede de un entrenamiento de seguridad química permite proyectar un mensaje claro: la República Dominicana no solo participa en la arquitectura de seguridad hemisférica, sino que la fortalece. No solo recibe cooperación: la genera. No solo asume compromisos: los lidera.
De cara al futuro, lo inteligente sería convertir este hito en una política pública permanente. Crear un Centro Nacional de Respuesta Química, institucionalizar entrenamientos anuales, convertirse en punto de enlace para el Caribe y aprovechar esta visibilidad para futuras candidaturas multilaterales son pasos que consolidarían este avance.
En definitiva, Chemex Grullas 2026 es mucho más que un ejercicio técnico. Es un recordatorio de que la seguridad del siglo XXI exige preparación, coordinación y visión estratégica. Y es, sobre todo, una oportunidad histórica para que la República Dominicana consolide un nuevo tipo de liderazgo: uno basado en la capacidad real, en la responsabilidad compartida y en la voluntad de anticiparse a los riesgos que define nuestro tiempo.
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