Una estudiante universitaria, Altagracia, pidió permiso para ir al médico porque sentía un fuerte dolor en el pecho y pensaba que podía ser un infarto. La llevaron al dispensario de la universidad, donde le hicieron todos los chequeos: presión, electrocardiograma y evaluación general. Todo salió normal.

Pero cuando la doctora mencionó que debía ver a un cardiólogo, la joven rompió en llanto. Confesó que no tenía quién la acompañara porque su esposo se había ido de la casa el día anterior. Ese abandono le había provocado un dolor tan fuerte que su cuerpo reaccionó como si fuera una emergencia médica.

La ciencia explica esto: el rechazo duele de verdad. No es "drama” ni exageración. El cerebro activa las mismas zonas que se encienden cuando sentimos dolor físico. Por eso, cuando alguien nos rechaza, podemos sentir presión en el pecho, nudo en el estómago o dificultad para respirar. Para el cuerpo, perder apoyo emocional es tan alarmante como una herida física.

Decirle a alguien, "supéralo”, o, "no es para tanto", no ayuda. Al contrario, empeora el dolor, igual que si le dijéramos a una persona con una pierna rota que camine normal.

El rechazo actual también puede despertar heridas viejas, especialmente traumas de la infancia: sentirse no deseado, no amado o no protegido. Esas experiencias dejan marcas internas que reaparecen cuando ocurre un nuevo abandono. A veces, incluso cargamos dolores que vienen de generaciones anteriores, historias familiares no resueltas que se transmiten sin darnos cuenta.

La buena noticia es que ese dolor se puede transformar. El cerebro también tiene la capacidad de sanar cuando recibe apoyo, seguridad y acompañamiento. La terapia ayuda a integrar las partes internas que quedaron heridas, a bajar la alarma del sistema nervioso y a reconstruir una historia personal con más dignidad y menos miedo.

El mensaje final es una invitación:

Si usted vive en alerta constante, si siente que sus reacciones lo dominan o que dentro de usted hay partes que no se llevan bien, tal vez sea momento de buscar un espacio de escucha profesional. No es solo entender la ciencia del dolor; es un proceso de reconexión con uno mismo y con los demás.

El reto no es "superar” el rechazo, sino sanar lo que el rechazo despierta.

Merliz Rocio Lizardo Guzmán

Aprendiz de la conducta humana. Merliz Rocío Lizardo Guzmán. Hija del escritor y profesor universitario Luis F. Lizardo Lasocè y de la doctora en medicina Idaliz Guzmán Suárez. Licenciada en psicología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, con estudios relacionados en la Universidad de NYU y Hackensack, New Jersey donde cursó estudios en PTSD, además, Maestría en Sexualidad Humana. Actualmente es Profesora, por más 15 años en el área de psicología de la UASD y Terapeuta del Hospital Marcelino Vélez Santana. Asesora de estrategia de Marketing empresarial de grandes empresas nacionales y multinacionales.

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