Fue precisamente su forma particular de vivir la fe cristiana y de entender la existencia lo que llevó a Menocchio a ser denunciado por el cura de la comunidad a la Santa Inquisición. Se le atribuían afirmaciones heréticas tales como:
- Si Cristo hubiera sido Dios habría sido un … en dejarse crucificar.
- Que los Evangelios los habían escrito curas y frailes porque estaban ociosos, y que la Virgen antes de casarse con san José había tenido otros dos hijos, y por ello san José no quería aceptarla por esposa.
- De tantos santos, eremitas y otros que han llevado una vida santa, no se sabe dónde han ido a parar.
- Si yo fuese turco, querría volverme cristiano, pero soy cristiano y tampoco quiero volverme turco.
- Yo no creo si no veo. Sí que creo que Dios es padre de todo el mundo, y puede hacer y deshacer. También los turcos y los judíos creen, pero no creen que haya nacido de María virgen.
Se había casado y fue padre de once hijos, de los cuales habían fallecido cuatro. Había enviudado al momento de su último proceso. En el año 1583, cuando contaba con 51 años de edad —que para las expectativas de vida de la época era bastante avanzada—, fue denunciado al Santo Oficio por segunda vez, por sus creencias contrarias a la fe católica oficial. Fue interrogado por el inquisidor fray Gerolamo Asteo, el vicario del obispo de Concordia, Valerio Trapola, y el alcalde del lugar, Pietro Zane.
Se le realizaron dos procesos con diferencia de 15 años. En el primer proceso fue declarado culpable, por lo que en la sentencia se le impuso: emparedarse entre dos muros por el resto de su vida; abjurar de las herejías cometidas; realizar diversas penitencias, entre las que debía llevar de por vida un hábito con una cruz (que con el pasar del tiempo dejó de usar).
Pasados unos tres años, el mayor de sus hijos, quien fue al mismo tiempo su colaborador más cercano, pidió que reabrieran el caso, ya que su padre había llevado una vida piadosa y estaba arrepentido. Se le conmutó la sentencia y se le asignó la villa de Montereale como cárcel perpetua. Pero Menocchio reincidió.
Una vez pasado su primer proceso y de vuelta en Montereale, Menocchio fue nombrado camarero de la iglesia de Santa María, al mismo tiempo que se dedicaba a variopintos oficios como: maestro de escuela, músico-guitarrista, segador, trabajador de hostería; también había tenido escuela de primeras letras para niños, donde enseñaba a leer y el ábaco (a contar).
Para su segundo proceso ya era tratado como reincidente. Contrario al primer proceso, fue sometido a tortura para arrancarle los nombres de los cómplices. Sus argumentos en ambos procesos le permiten a Ginzburg identificar cómo Domenico Scandella combinaba elementos de las creencias campesinas y las tradiciones locales con elementos de la cultura erudita.
Sobre la erudición de Menocchio, dentro de sus lecturas aparecen libros como la Biblia en lengua vernácula, el Corán, El Decamerón de Boccaccio, Los viajes de Mandeville, entre otros. En su mayoría los había conseguido vía préstamos. Este universo cultural inserto en una cultura oral, la forma en que Menocchio interpreta las lecturas realizadas, la forma en que las cita imprimiéndoles elementos propios de su cultura y su época, le permite al autor valorar la cosmovisión de Menocchio en particular y de una época en general.
Esto le permite a Ginzburg una mejor comprensión de las raíces de la utopía popular y, al mismo tiempo, poder visualizar un panorama más abarcador de hechos históricos como el de la Reforma y la Contrarreforma, así como de las estrategias de dominación.
En conclusión, El queso y los gusanos constituye una estética literaria fascinante en la que Ginzburg realiza varios aportes: en primer lugar, visibilizar las formas de imbricación de la cultura dominante y la cultura subalterna; desmenuzar en detalle algunas de las prácticas deshumanizantes del Santo Oficio; articular el caso Menocchio con el de intereses hegemónicos irracionales; mostrar cómo a veces lo relevante no es lo que se lee, sino lo que se interpreta; mostrar cómo se puede presentar un caso judicial desde una narrativa atrapante y divertida; dejar constancia de que lo micro puede develar lo macro.
Finalmente, en el libro se ven reflejados también el abordaje de sentimientos tan humanos como el miedo, el arrepentimiento, la angustia, la impotencia, la fidelidad conyugal, la solidaridad, la amistad, la búsqueda de respuestas y la fragilidad humana.
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