El lugar es una de las variables más importante en el diseño de acciones para transformar las condiciones de vida de la población; por lo tanto, el territorio es el espacio donde convergen las políticas publicas que contribuyen en impulsar el desarrollo de toda la nación.

Durante los últimos veinte (20) años la República Dominicana ha exhibido avances importantes en materia de planificación del desarrollo, que van desde la aprobación del Sistema Nacional de Planificación e Inversión Pública (2006), hasta resultados más recientes como el diseño de la primera Estrategia territorializada para la zona fronteriza: MiFronteraRD (2021), la aprobación de la Ley de Regiones Únicas de Planificación (2022) y la creación del ministerio de Hacienda y Economía (2025), fortaleciendo en esta nueva entidad el Viceministerio de Planificación el cual  articula sus tres direcciones y las conecta con el territorio a nivel nacional.

Hoy nos encontramos a las puertas del próximo paso del desarrollo territorial a través de la regionalización; un nuevo ciclo cimentado en el esquema institucional diseñado organizado en una parrilla regional de diez regiones únicas para promover la sinergia inter-provincial aprovechando el potencial de cada demarcación y contribuyendo en la reducción de sus brechas, para alcanzar la cohesión territorial de toda la República Dominicana.

Los desafíos de esta regionalización son: i) institucionales, a través de una coordinación efectiva de los involucrados y una apropiación institucional de cada entidad; ii) técnico, suministrando informacion territorial y fortaleciendo las capacidades regionales; iii) político, construyendo consensos e impulsando el liderazgo territorial y desafíos iv) operativos, con el seguimiento, articulación y gestión del cambio oportuno para el éxito del proceso.

Lo que no debemos permitir es que la regionalización sea percibida como un proyecto más sumado a la lista de temas en carpeta, no debe convertirse en una estructura administrativa burocrática y mucho menos debe depender únicamente de una sola institución, más bien debe ser una meta común de toda una nación. Por lo tanto, la regionalización será tan fuerte como la capacidad del Estado para trabajar de manera coordinada.

Es así como desde el sector gubernamental el principal objetivo de este proceso no es gestionar regiones, sino gestionar oportunidades diferenciadas de transformación para la gente enmarcado en una labor continua que busca construir confianza entre el territorio y las instituciones, situando al gobierno como facilitador de procesos territoriales.

Las regiones no transforman el territorio por sí solas; son las personas y las instituciones trabajando coordinadamente las que producen la transformación. Razón por la cual se requiere una nueva generación de facilitadores de procesos territoriales que gestionen procesos de transformación articulados.

El próximo paso no es solamente implementar la regionalización. Es construir una nueva cultura de gestión pública territorial. Una cultura donde las instituciones trabajen juntas, donde las regiones sean espacios efectivos de coordinación y donde el desarrollo llegue con mayor equidad a cada territorio del país. La regionalización es, sobre todo, una apuesta por el futuro de la República Dominicana.

Erick Dorrejo

Arquitecto

Estudió en la República Dominicana. Candidato a Doctor en Periferias, Vitalidad y Sostenibilidad Urbana por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), España.

Ver más