El eco se ha convertido en una siniestra rutina. El martes 26 de mayo, hacia las 6:20 de la mañana, ráfagas pesadas de armas automáticas han vuelto a desgarrar el silencio de la capital haitiana. Para los habitantes, habituados desde hace largos meses a descodificar este macabro "género musical", la estimación es casi científica: el epicentro de las detonaciones se sitúa a menos de tres kilómetros. Pocos minutos después, la funesta confirmación desfila por las pantallas de los teléfonos móviles. El Dr. Roger Germain (1948-2026) fue asesinado a tiros ayer martes 26 de mayo de 2026 en la carretera de Bourdon, en Puerto Príncipe.
La víctima circulaba, sin embargo, a bordo de un vehículo blindado. Pero la protección balística de su automóvil no bastó para frenar la determinación de los asaltantes, que atacaron el vehículo con precisión quirúrgica en este céntrico barrio.
Este asesinato saca a la luz una realidad técnica y de seguridad cada vez más flagrante en Haití: la creciente ineficacia de los blindajes civiles frente al arsenal militar de las bandas. Desde hace varios meses, los calibres pesados importados ilegalmente en el territorio nacional logran perforar los habitáculos reforzados sin mayor dificultad.
La muerte del Dr. Germain resuena como un terrible eco de otro drama que ya había marcado los ánimos. El 28 de octubre de 2022, Éric Jean Baptiste, excandidato a la presidencia y secretario general del RDNP (los Demócratas Nacionales Progresistas), corría la misma suerte en Laboule 12. Su vehículo, también fuertemente blindado, fue acribillado a balazos por miembros de bandas armadas, demostrando ya entonces los límites de estas fortalezas rodantes.
Inmersos en este contexto de guerra urbana asimétrica, la cuestión del blindaje adquiere un tinte trágico para la población. Si las élites económicas y políticas ya no encuentran la salvación en vehículos de varias decenas de miles de dólares, la suerte de los peatones y de los usuarios del transporte público se asemeja a una ruleta rusa diaria.
Sin ninguna protección física, los ciudadanos de a pie navegan a ciegas entre barricadas y tiroteos cruzados. Frente a armas capaces de atravesar el acero, el concepto de "blindaje para peatones" resulta una metáfora imposible. Esto deja a la población civil en un estado de vulnerabilidad absoluta, abandonada en el corazón de una capital transformada en un campo de tiro. Asimismo, cabe subrayar que los grupos armados que operan en la capital haitiana disponen de increíbles fuentes de inteligencia, muy superiores a las del Estado.
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