Cuando la seriedad es un defecto y la picaresca un valor. Existe una sensación térmica en el ambiente ciudadano que, lejos de enfriarse, se arrecia con cada escándalo de corrupción o ineficiencia burocrática: la sospecha de que en el aparato estatal las reglas del juego están completamente invertidas. Para el ciudadano de a pie, e incluso para el funcionario honesto que intenta hacer su trabajo con rigor, la realidad a menudo se presenta como una ironía macabra. Parece haber un cartel invisible en los pasillos de las instituciones que reza: ¨prohibido ser serio ¨. La seriedad, entendida como el respeto irrestricto a la norma, la transparencia y la vocación de servicio, se ha convertido en una suerte de anomalía sospechosa. Quien decide apegarse a la ética suele ser visto por el propio sistema como un elemento rígido, un obstáculo para el fluir de los favores políticos o un ¨ingenuo¨ que no sabe cómo funciona el mundo real. Mientras tanto, aquellos que caminan por la cuerda floja de la legalidad, o que directamente la rompen, parecen gozar de una extraña inmunidad y, lo que es peor, de una alta valoración dentro de ciertas cúpulas de poder, que ignoran la responsabilidad social. Cuando la familia se aleja de los valores y adopta la cultura delictiva o la picaresca política se buscan los ascensos inmerecidos y se castiga la honestidad, la visibilidad y permanencia que debe tener la eficiencia para lo cual ha sido designado como servidor público y la lealtad se vuelve ciega para encubrir las faltas de grupo que se convierten en pandilleros. El mensaje que se le está enviando a la sociedad es devastador. Hay que abandonar los escrúpulos, la meritocracia que para ustedes es el bien valorado en una sociedad donde se encuentran ausentes ¨cleptocracia¨ de voluntades en la que se elude la rendición de cuentas que hoy tenemos tantos funcionarios que no realizan la rendición de cuentas y mucho menos la declaración de bienes, sumando un total al mes junio de mil trescientos treinta y siete en violación a la ley 311-14. Para la sociedad mantener la supervivencia democrática hay que hacer un lavado en la mayoría de los actores políticos ¨para romper el cinismo que institucionaliza el comportamiento negligente e inmoral, que es el verdadero desafío para hacer obligatorio la seriedad como único estandarte para administrar los recursos del Estado.
POESIA DE EL LOCO ABURRIDO
El escritor FREDDY MILLER en la década de 1940 escribió una pieza literaria en la cual rechaza la monotonía y el orden aséptico de la época en un fragmento del poema, lo describe de la siguiente manera. Me clavan las agujas de la monotonía, los párpados me duelen de ver repeticiones: el mismo sol que alumbra con alma de cadera, el ojo putrefacto de una luna cansada, el mismo canto recio de pájaro agüero, la misma pesadumbre de un problema de sueño. Y el poeta, seguía… con un pan que se mastica entre dientes cortantes con la creencia absurda de estar comiendo carne de algún enemigo.
Hoy la corrupción ya no se esconde se diferencia de burocracia, discurso democrático y por Dios la opulencia mediática, que es el cinismo esencial de quienes pagan para ser elevado y para destruir reputaciones. Tenemos que luchar sin descanso para destruir el mérito invertido de que la seriedad es un defecto y la picaresca un valor. Para los romanos la honestidad y la seriedad no eran simple rasgos de personalidad, si no los pilares fundamentales de su identidad moral y política (el vir bonus, u ¨hombre bueno¨.)
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