“Hay personas que pueden hacer cualquier cosa; pueden comportarse de forma totalmente irracional, todo les sienta bien, y es a ellos a quienes corresponde justificar primero su conducta”.Honore de Balzac.

Una idea a partir de la definición con la que me identifico expresa: un “conocimiento puro, racional, debido a las naturales condiciones del entendimiento humano…”. Se presume que todos tenemos en común un conjunto de formas abstractas internas a partir de las cuales interpretamos el mundo exterior, dando pie al surgimiento de las herramientas adaptativas para la sobrevivencia y la convivencia de todos. Una especie de foco que nos indica la ruta del pensar.

La piedra angular de esta realidad subjetiva toma más fuerza en los siglos XVIII y XIX, con la sentencia del idealismo como filosofía que aseguraba que la realidad última es de naturaleza mental y que el mundo material se sujeta de lo que dicte la conciencia. Somos, según esta teoría, el producto de una realidad sujeta a interpretación de la representación mental de cada individuo.

De esa representación mental derivan símbolos y conceptos mediante los cuales nuestro aparato psíquico organiza, procesa y almacena información que le permite moldear los entornos y moldearse a sí mismo. A partir de esa lógica se fundamentó la discusión sobre la vida del homo sapiens que aún persiste. Sobre esa roca, para utilizar un paralelismo judeocristiano, “edificó” Duarte “su iglesia”.

No se imaginó el prócer más admirado de la patria que sus discípulos mutarían en un espécimen de moral fragmentada y de ética cuestionable. Que este tiempo, líquido, efímero y laxo, podía parir y así lo hizo, un engendro comunicacional apartado de los preceptos que sustentan la investigación para la buena información en aras de que la gente tome decisiones correctas a partir de “su” visión del mundo.

El Influencer actual, en mis tiempos llamados con justa razón, líder de opinión, no tiene una estructura argumentativa cimentada en las diversas ramas ideológicas de izquierda o derecha. No busca y no le importa en sus aportes vacíos de contenidos interpretativos de la realidad subjetiva y los intereses colectivos, una alternativa que mejore las instituciones del Estado y la calidad de vida de la gente.

Su voz histriónica solo persigue la agitación sin sentido, en el justo sinsentido, de las masas y la visualización compensatoria del régimen subsidiario de la virtualidad. Son expertos en la cualquierización del debate, la cosificación del Estado y la minimización de la autoridad emanada del Contrato Social. El influencer con o sin conocimiento de su error, banaliza los fenómenos sociales y desvirtúa el contexto solo por el beneficio del Like que lo conecta con la ganancia inmediata.

Su búsqueda incesante de exposición mediática los hace pésimos gestores de la información: critican, devalúan, recomiendan y acusan sin causa justificada y si alguien osa enmendar su inobservancia lo declaran “traidor a la patria”.  Ofenden, ensucian, vulneran e irrespetan olímpicamente. Promueve, propaga y se beneficia de la ignorancia colectiva. Ese prontuario es la cobija de un ideario desadaptado in crescendo que arrasa con la lógica de la Comunicología.

Joan Leyba Mejía

Periodista

Periodista, Abogado y político. Miembro del PRM.

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