Uno de los géneros audiovisuales que más se consume hoy en día es el true crime, tipo de documental basado en historias de crímenes reales. Las víctimas de los asesinatos narrados, en su vasta mayoría, son mujeres, y muchas veces se trata de crímenes muy violentos.

Siendo fanática, siempre he querido entender las razones por las que se vuelve tan adictivo, en especial para las mujeres. Ver de manera habitual imágenes de cuerpos descompuestos y de escenas sangrientas con las evidencias del crimen cometido, y luego hasta pretender romantizar al asesino, podría considerarse algo perturbador.

Quizás sea un gusto adquirido, sobre todo para la generación nacida en los ochenta que crecimos viendo slasher movies. El morbo juega también su papel, y la liberación de adrenalina, cortisol y dopamina que viene con él. En definitiva, el porqué nosotras resultamos ser las principales consumidoras es algo que la psicología tendrá que explicar de forma más exhaustiva.

Lo indiscutible es que es una industria concebida para sumar adictos. En Estados Unidos, la cuna, miles de personas asisten cada año a CrimeCon, el evento de true crime para fanáticos más importante del mundo. Aunque fluctuante, las mujeres en múltiples ocasiones han superado a los hombres en asistencia.

Ha sido poco lo debatido sobre la escasa perspectiva de género en la narración y dramatización de estas historias. No puede soslayarse que los feminicidios siguen siendo un fenómeno preocupante prácticamente a nivel mundial y que el explotar económicamente estas tragedias tiene un alto costo ético.

Los medios de masas tienen una responsabilidad moral que va más allá del entretenimiento, y esto cobra mayor relevancia cuando se comunica sobre feminicidios (y sobre la investigación llevada a cabo por las autoridades).

El true crime como género debe moverse hacia un enfoque más restaurativo y feminista. Remarcar cómo los operadores, incluso en países que se precian de tener sistemas de justicia imparciales y efectivos, revictimizan y no son igual de eficientes cuando investigan hechos vinculados a ciertas poblaciones, como nativos, afroamericanos o migrantes.

Quienes lo consumimos podemos exigirlo, al tiempo de intentar no caer en la insensibilidad ante el espectáculo del horror.

Orlidy Inoa Lazala

Consultora

Soy investigadora y consultora para temas de justicia penal y derechos humanos con enfoque de género. Miembra del Comité de AL y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM), desde donde hago incidencia para la prevención del embarazo infantil forzado. En mi tiempo libre escribo haikus y aprendo algo de japonés.

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