Hay muchas razones por las cuales una persona decide irse de su propio país, separarse de sus seres queridos y probablemente no volver a verlos. Una esperanza mínima los anima, dependiendo de los motivos. Si es por razones económicas de sobrevivencia, piensa que mejorará su calidad de vida, trabajará y podrá hacer venir a su esposa o esposo y reunirse con sus hijos. Lamentablemente, será una despedida muy trágica, un adiós a sus padres envejecientes. Si es exilio es de carácter político, es muy delicado pues habrá que esperar que cambie el régimen, y tal vez será un exilio sin poder regresar jamás a su Patria.

Escogí la fecha del 14 de junio, para escribir este artículo, ya que muchos antitrujillistas se exilaron para salvarse, debido a la dictadura del Jefe, Rafael Leónidas Trujillo, y gozar el vivir en un país de acogida con Libertad. Es una sensación única, que solamente la conoce los que vivieron en un país desprovisto de libertad.

En el 1956, hice un crucero en el transatlántico “Antilles“, en compañía de mis abuelos, y de mis padres. Lo primero que noté con extrañez en el Puerto de Ciudad Trujillo fue la inscripción muy visible “DIOS Y TRUJILLO”. La capital ya no se llamaba Santo Domingo sino Ciudad Trujillo.  Allí nos esperaban varias familias, amigas de mi padre. Sin embargo, mi padre dejo el crucero en Guadalupe, para evitar la escala de Ciudad Trujillo y luego volvió a coger el crucero en San Juan de Puerto Rico. Ya hay un sentido de miedo, de no saber si podrá salir nuevamente de este bello país. Luego cuando iban de visita amigos de mi padre en Paris, se reflejaba un sentimiento de miedo, ya que no se atrevían a hablar cuando veía una muchacha empleada en mi casa. Decía mi Papá: Pueden hablar, ni sabe dónde se encuentra Santo Domingo.  La casa de mi Papá, Claudio Enrique Carron, era el segundo “Consulado dominicano” en Paris, como médico ayudaba quien necesitaba de sus servicios, gratuitamente.  Me encargaba clasificar los medicamentos, y él se los regalaba a los dominicanos, sin importar sus condiciones, exilados, estudiantes, bastaba con que fuera dominicano… El gozaba conversar con los dominicanos, tomar un cafecito con ellos, ya que en esta época no había comunicación vía Internet o WhatsApp. Había dejado una parte de su corazón allá.

Se formó un movimiento estudiantil antitrujillista muy valioso, el “14 de Junio”, juventud indignada por la opresión, los asesinatos, presos y torturados disidentes del régimen, entre ellos personas mayores honrables que simplemente escribían y daban sus opiniones. ¿Quién podía reprochar eso? Es digno de admiración. Un ejemplo patético es el de las Hermanas Mirabal (Minerva, Patria y María Teresa), que no quisieron asilarse por temor a que sus esposos fuesen asesinados. Ellos enviudaron, pues fueron asesinadas, pudiendo haberse salvado. Se celebra el día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en homenaje a su tremenda valentía en enfrentar a Trujillo. Así hay muchos autores, a nivel internacional, que cayeron en la desgracia: Tolstoi, Victor Hugo, 20 años de exilio quien luego recibió un entierro donde todo Paris estaba presente; otros, tales como Pablo Neruda, Gabriel García Marquez o Federico García Lorca, escritor y poeta que murió asesinado en la Guerra Civil Española… Otros se exilaron voluntariamente, porque el “Mundo de Ayer” ya no era lo mismo tal y como lo relata Stefan Zweig, en la Segunda Guerra Mundial.

El día 6 de agosto de 1960, era un día con mucho calor, sin embargo, José Prospero sentía frío, tal vez por la adrenalina del miedo, o por su corazón destrozado.  A las 3 horas de la tarde, con libros en las manos, para hacer creer que venía de la Universidad Autónoma, se desmontó de un carrito público, junto a su hermano Prisco, cerca de la Embajada de Argentina, y llegando cerca, corrieron y pidieron asilo al embajador de ese país. Tenía en sus bolsillos una carta manuscrita que escribió dando las razones para pedir protección diplomática. Entre ellas, persecución y vigilancia constante por miembros de la Policía de Seguridad, amenazas anónimas y ser miembro de la organización 14 de Junio.  En la embajada de Argentina había 40 exilados, como él. Había dejado en el país, a sus padres, muy mayores, a su hermano y sus cuatro hermanas. Con angustia e infinita tristeza pensaba: Que será de ellos, ya no los volveré a ver, pero también, si espero unos minutos más sin tomar esta decisión, me arrestarán. Efectivamente, algunos minutos después, ya lo estaban buscando en la pensión…

El embajador argentino, Don Enrique Escobar Cuello se comprometió de hacerse cargo de los 40 exilados en esta embajada y prometió sacarlos vivos. Es una posición muy valiente y, sobre todo, muy difícil. Estaban alojados en la segunda planta y lo único que les pidió es de no estar cerca de la ventana, mirando la calle.

Cumplió su promesa, su Excelencia, muy valiente, con gran sentido de solidaridad, y casi un mes después, el 26 de agosto de agosto, en autobús escoltado por el Primer Secretario de la Embajada de Argentino en R.D., con la instrucción de no separarse jamás del grupo hasta que estuvieran a salvo ya en el avión. Fueron al Ministerio de Relaciones Exteriores a buscar sus respetivos pasaportes con la visa de Argentina y luego de esta formalidad riesgosa, abordaron el avión en Punta Caucedo, escoltados bajo la bandera argentina. Hicieron varias escalas ya que el trayecto era largo. En Punta Alegre, con un frío intenso pues era invierno allá y vestidos con ropas de verano, tomaron vino tinto para calentarse y botar un poco la presión. Llegaron por fin a Buenos Aires, el 27 de agosto. Los argentinos se portaron muy bien y el grupo se quedó en diferentes hoteles y la mayoría consiguió trabajo. Varios de ellos se fueron a Estados Unidos.

El día 30 de mayo de 1961, mataron al Jefe “Trujillo” se acabó la dictadura. Los exilados de Buenos Aires nunca pensaron que el exilio iba a durar tan poco, pero no se podía regresar todavía, pues era un período de transición y de pánico. Próspero, el 27 de noviembre de 1961, salió de Buenos Aires para Caracas y tomo, con otros compañeros, un curso de tres meses en el Instituto de Formación Demócrata Cristiana (IFDC), impulsado por el líder político Rafael Caldera. Con un pasaporte venezolano de emergencia, ya que no había consulado dominicano en Caracas, salió para Puerto Rico y luego para Santo Domingo; finalmente llegó al país el 3 de febrero de 1962. Se había terminado el exilio.

Nos ponemos a pensar en esos tiempos pasados, pero también en los actuales: siguen las migraciones, los gobiernos autoritarios, la miseria en el mundo, y todos no tienen el final feliz de José Prospero y de otros. Lamentablemente, siguen las familias separadas, familias con niños arriesgándose para tratar de sobrevivir, para darles una mejor oportunidad. Trabajar, es lo único que piden. Las guerras, los conflictos armados, las catástrofes naturales empujan a más miseria. La delincuencia y la droga aumentan, es una cruel realidad actual. La iglesia, tratando de ayudar, es criticada porque no le conviene a muchos ayudar económicamente.  Entra el desespero en el mundo, y solamente con buena voluntad, ayudar al prójimo, tal y como lo hicieron “Los Justos” en la Segunda Guerra mundial y otros episodios de valentía y de colaboración, de humanismo, podría mejorar, porque más granitos de arena podrían hacer una diferencia.

En la generación del futuro, y la generación de mis 80 años, me pregunto si la Inteligencia Artificial (IA) tiene sentimiento, ¿si o no? Si lo tiene, la IA tiene que ser humanista, ayudar a los demás, buscar soluciones para combatir la pobreza, las enfermedades, y no disminuir o quitar empleos, reemplazar al hombre por una máquina, si es así, estamos destruidos, y nuestra generación futura no podrá sobrevivir. Tal vez me estoy destruyendo a mí misma haciéndome estas preguntas, pero feliz y consciente de que mi pensamiento no me lo destruirá nadie, y menos la IA… solamente se irá mi cerebro, cuando llegue el momento solemne del final de la vida, y la IA habrá perdido la batalla, no podrá dominarme…

Danielle Carrón de Morales

Licenciada en Idiomas

Nació en París, Francia, pero se siente franco-dominicana. Lleva 55 años viviendo en el país y le encanta RD por su belleza natural, su folklore y su gente acogedora. Es licenciada en Idiomas y profesora en APEC en los últimos 10 años. Es interprete y traductora judicial, aun activa. Amante de los deportes, pero su pasión son los libros. En sus momentos libres escribe para su familia y sus amigos. La familia tiene que conocer sus orígenes y nuestra misión es la comunicación, el diálogo, contar historias. Se siente feliz de tener una familia numerosa.

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