Primero, conseguir que los escuchen. Desde que los conservadores perdieron las elecciones generales de 2024, los populistas han acaparado casi toda la atención. Ha sido un duro despertar para el partido, que languidece en el tercer puesto de las encuestas y todavía se enfrenta a una posible aniquilación. Parte de su discurso había resultado desagradablemente estridente. Pero la líder conservadora, Kemi Badenoch, ha abierto ahora una posible vía para volver al poder.

Esta semana ha marcado un cambio significativo en la estrategia conservadora en tres aspectos. El ataque visceral y auténtico de Badenoch contra la dirección de Reform UK descartó categóricamente cualquier pacto futuro y, lo que es crucial, logró convencer a su audiencia de miembros y activistas del partido. Ahora veremos una lucha a muerte en la derecha, que los conservadores todavía podrían perder. Se trata de una gran apuesta de los conservadores: el apoyo fundamental a Nigel Farage está consolidado a pesar de las maniobras turbias relacionadas con las criptomonedas, y los conservadores perdieron el depósito electoral en dos de las cuatro elecciones parciales celebradas este año. Sin embargo, el movimiento supone un alivio para muchos diputados conservadores que estaban hartos de perseguir a un hombre al que detestan. Además, el eslogan laborista «vota conservador y tendrás a Farage» ya no se sostiene.

En cuanto al Partido Laborista, el giro del Gobierno hacia la izquierda ha abierto un argumento evidente sobre la economía, la iniciativa empresarial y el tamaño del Estado. El primer ministro, Andy Burnham, parece poco entusiasmado con las empresas y carece de una teoría del crecimiento que vaya más allá de la descentralización. El próximo presupuesto sería un desafío para cualquier ministro de Hacienda, pero la tendencia de este Gobierno a aplazar las decisiones difíciles no inspira confianza.

Aún más llamativa, a mi juicio, fue la admisión de errores de los conservadores. The Right Way, un documento de 100 páginas publicado durante la conferencia del partido de esta semana, constituye una extensa declaración de principios y políticas. También contiene un reconocimiento lúcido de los fracasos del pasado. Badenoch declara en el prólogo: «Prometimos reducir la inmigración sin una estrategia para lograrlo. Se legisló para alcanzar las cero emisiones netas antes de contar con una vía económicamente viable para conseguirlo. Abandonamos la Unión Europea sin el plan económico que debería haber acompañado esa decisión». Para transmitir un mensaje así hace falta una líder verdaderamente fuerte. Cuestiono la idea de que cualquier plan económico hubiera podido convertir el brexit en un éxito. Pero esto indica que el partido está avanzando.

Gran Bretaña necesita poner fin al drama político y necesita competencia. Badenoch ha acabado con las luchas internas en su partido. Pero, si los conservadores quieren recuperar la confianza, también deben elegir el pragmatismo en lugar de la ideología. Sería un error discutir, por ejemplo, la nacionalización del agua, un monopolio natural que nunca debió privatizarse. Y su promesa de eliminar el impuesto sobre sucesiones carece del vínculo claro con el crecimiento que sí tienen otras propuestas fiscales relacionadas con las cotizaciones a la seguridad social y el impuesto sobre actos jurídicos documentados.

Si son prudentes, los conservadores tendrán cuidado de no caer en las provocaciones de sus adversarios. Al optar por centrarse en la reforma electoral y en un posible acercamiento a la Unión Europea durante la conferencia de su propio partido, Burnham estaba tendiendo una clara mano a los liberal-demócratas e invitando a la derecha a responder de una manera que la hiciera parecer desequilibrada. Reform UK ya ha reaccionado con indignación ante la idea de acercarse a Europa. Sin embargo, las vagas promesas de Burnham pertenecen a la categoría de las «conversaciones sobre conversaciones».

En cambio, los conservadores deberían exigir responsabilidades al Gobierno por lo que está haciendo ahora mismo: dificultar la contratación de trabajadores, no controlar el gasto en prestaciones sociales y planear desmantelar reformas que mejoraron drásticamente los resultados educativos durante los últimos 20 años. También parece poco probable que cualquier futuro Gobierno conservador revirtiera una mejora de las relaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea, o incluso la limitación del efecto acumulativo de la triple garantía de las pensiones que pretende Burnham. Es mejor reservarse las fuerzas y centrarse en los asuntos de los que se quiere hablar.

Seguirá siendo una batalla cuesta arriba, especialmente cuando la mejor oportunidad de aparecer en los medios consiste en gritar. Sigo suponiendo que Burnham podría convocar elecciones el próximo año, mientras la derecha permanezca dividida. Pero ha prometido que no lo hará, y las cifras no son alentadoras: según el último análisis de More in Common, el Partido Laborista perdería la mayoría. Y, aunque sería el partido más grande, no reuniría los escaños suficientes para gobernar ni siquiera con los liberal-demócratas. Eso significaría incorporar al Partido Nacional Escocés, a los Verdes y a Plaid Cymru, o alguna combinación de estos partidos.

El camino de Badenoch hacia el poder es mucho más estrecho, sin opciones evidentes de coalición. Pero el panorama se complica por el hecho de que casi la mitad de los escaños parlamentarios están en disputa reñida. Los conservadores ocupan el segundo puesto en 63 de los 102 escaños marginales de Reform UK, mientras que Reform ocupa el segundo puesto en 49 de los 80 escaños marginales conservadores. More in Common sugiere que un simple desplazamiento del 1 % de los votos de Reform UK hacia los conservadores podría cambiar drásticamente el panorama. Por tanto, Badenoch podría recuperar terreno sin volver al nivel de apoyo nacional que tuvo el Partido Conservador en el pasado.

Burnham está uniendo claramente a la izquierda. Pero, en la derecha, los conservadores no pueden limitarse a esperar a que Reform UK se derrumbe. La cuestión es si pueden empezar a proyectar la imagen de un Gobierno a la espera de asumir el poder, más allá de la figura de su líder. Su tono ha sido a menudo incómodamente estridente. En materia medioambiental, The Right Way afirma que «el escepticismo sobre las cero emisiones netas no es escepticismo sobre el cambio climático» y que «resulta más difícil defender esa postura mientras la gente crea que ambas cosas son lo mismo». Pero el partido no se ha ayudado a sí mismo al limitarse a transmitir una imagen contraria al medioambiente.

Gran Bretaña necesita una oposición competente. Los votantes necesitan tener la opción de elegir un partido favorable a la iniciativa empresarial. Si la ciudadanía está dispuesta a volver a escuchar, los conservadores podrían regresar a la contienda.

Camilla Cavendish. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.

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