En el último fin de semana de la temporada regular 2026, los Cerveceros de Milwaukee hicieron algo inédito en su historia: nombraron capitán a Christian Yelich. Ni Robin Yount ni Paul Molitor, las dos grandes figuras del club, llevaron esa «C» en el pecho. Yelich la luce hoy en la primera Serie Mundial de Milwaukee desde 1982.
El dato tiene más fondo del que aparenta. Milwaukee es un mercado pequeño y ocupa el puesto diecinueve en nómina de las Grandes Ligas. Aun así, ha llegado a la postemporada en ocho de las últimas nueve campañas. Chad Jennings, en un análisis publicado en The Athletic el 16 de octubre de 2026, identificó diez movimientos que explican ese ascenso. Al leerlo, advertí que cada uno encierra una lección para la empresa que aspire a crecer sin los recursos de sus competidores.
- Un líder que dé rumbo
Todo empezó en enero de 2018 con la llegada de Yelich, a cambio de cuatro prospectos que nunca cuajaron. Ese mismo año fue el Jugador Más Valioso. Del equipo de entonces solo queda él. Una empresa necesita una figura que encarne el rumbo y dé estabilidad mientras las personas rotan. Yelich se formó en otra organización, y eso enseña algo: el liderazgo no exige haber nacido en la casa, sino haberla hecho suya.
- Una cantera propia
De 2018 a 2023, cada draft le dejó al club al menos una pieza importante del róster actual, con Brice Turang a la cabeza. Algunas selecciones fallaron, pero la regularidad compensó los errores. La empresa que solo contrata talento hecho paga más y depende del mercado. La que forma a sus propios cuadros construye una identidad difícil de imitar. Lo veo a diario con los estudiantes y pasantes que se forman en mi oficina.
- Comprometerse con el talento joven
A Jackson Chourio lo firmaron siendo un adolescente venezolano. Antes de que debutara en las Mayores le ofrecieron un contrato de ocho años, cifra récord para un novato sin experiencia. Retener al mejor talento antes de que el mercado lo descubra cuesta menos que recuperarlo después. En la empresa, eso se traduce en planes de carrera, incentivos de permanencia y un trato que haga sentir al joven parte del proyecto.
- Detectar la oportunidad en negocio ajeno
El canje que llevó a William Contreras a Milwaukee era, en principio, un acuerdo entre Atléticos y Bravos. Los Cerveceros encontraron la manera de entrar y eligieron bien entre dos prospectos de valor parecido: Contreras es hoy uno de los mejores receptores del béisbol. La lección empresarial es doble. Hay que estar atento a las operaciones de otros, porque a veces dejan un espacio aprovechable. Y cuando dos opciones se parecen, el criterio de quien decide marca la diferencia.
- Desprenderse a tiempo
La decisión más dura fue soltar a sus estrellas: el cerrador Josh Hader en 2022 y Corbin Burnes, ganador del Cy Young, en 2024. Milwaukee los traspasó antes de perderlos sin compensación y recibió jugadores que hoy son titulares. En el mundo empresarial es un error habitual aferrarse a un ejecutivo o a una línea de negocio hasta quedarse sin nada a cambio. Saber cuándo vender también es gestión.
- Fortalecer las áreas de apoyo
Medio bullpen de Milwaukee se armó en poco más de seis meses, y casi todo con descartes. Trevor Megill llegó a cambio de dinero tras pasar por waivers. El dominicano Abner Uribe firmó por una bonificación modesta y ganó diez millas en su recta. Aaron Ashby regresó de una operación de hombro convertido en relevista de primera. El resultado fue la mejor efectividad de relevo de la Liga Nacional. Las empresas suelen invertir en la vitrina y descuidar las áreas de soporte, donde se ganan o se pierden los partidos cerrados.
- El relevo previsto
En siete temporadas, el club ha tenido cuatro abridores distintos el Día Inaugural, todos de categoría estelar. Cuando uno se lesionaba o se marchaba, el siguiente estaba listo. Este año le tocó a Jacob Misiorowski, firme candidato al Cy Young. A mi juicio, esta es la lección más útil para nuestras empresas familiares, donde la sucesión se improvisa demasiadas veces y el negocio muere con su fundador. Preparar al sucesor mientras el titular rinde es la mejor póliza de continuidad.
- Sumar perfiles complementarios
Milwaukee probó varios inicialistas sin éxito hasta dar con una pareja inesperada: Jake Bauers, zurdo, y Andrew Vaughn, derecho. A ambos muchos los daban por acabados, y juntos rindieron más que cualquier figura aislada. En la empresa ocurre algo parecido. Buscar al ejecutivo perfecto puede llevar años; combinar a dos profesionales cuyas fortalezas se compensan suele dar mejor resultado y más pronto.
- Confiar responsabilidades a los jóvenes
Cooper Pratt, una selección de sexta ronda que nunca había jugado por encima de Doble A, recibió una extensión de contrato en abril. En junio ya era el campocorto titular. Sin pedirle que cargara con la ofensiva, el club le dio un puesto central en su defensa. Delegar en los jóvenes, con tareas a su medida, es la mejor escuela. Quien espera a que el joven esté «listo» antes de confiarle algo termina por perderlo.
- Los ajustes finos
En el último año, los Cerveceros cerraron huecos con movimientos discretos: un canje con Boston que benefició a ambos clubes y refuerzos de pitcheo en la fecha límite. Ninguno de esos jugadores es protagonista, pero todos encajan en el conjunto. La empresa madura también se reconoce en esto: revisa sus carencias con frecuencia razonable y las corrige sin estridencias, antes de que se conviertan en crisis.
Cuando presidí la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana, aprendí que el dinero ayuda a ganar, pero no basta para sostener una organización. Milwaukee lo confirma con un método que cualquier empresa puede adoptar: un líder que dé sentido, talento formado y retenido en casa, olfato para la oportunidad, valor para soltar, equipos de apoyo sólidos, un relevo preparado, perfiles que se complementen, confianza en los jóvenes y la disciplina de corregir a tiempo. Gane o no el campeonato, al llegar a la Serie Mundial los Cerveceros ya alcanzaron su éxito: demostrar que una organización de recursos modestos, bien conducida, puede medirse con las más poderosas. El anillo sería el premio; la lección ya está ganada.
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