Estudios realizados por expertos en neuropsicología de la universidad de Harvard comprobaron que, un diagnóstico médico impreciso sobre una enfermedad física, produce entre otros, estrés, miedo, pánico, ansiedad y depresión en los pacientes.
Asimismo, los neuropsicologos de la universidad de Harvard comprobaron además que, un mal diagnóstico, aumenta los síntomas de la enfermedad e, incluso incrementa el dolor y cronifica los síntomas asociados con la supuesta enfermedad, sin importar que esta sea irreal.
Por su parte, el Dr. el Doctor Fabrizio Benedetti, médico neurólogo y profesor de Neurofisiología Humana en la Facultad de Medicina de la universidad de Turín, Italia y Director de medicina y fisiología de la Hipoxia en Plateau de Suiza comprobó que, cuando el cerebro espera daños, aumenta el dolor y los síntomas de la supuesta enfermedad empeoran.
Además, el Dr. Fabrizio Benedetti demostró que, cuando una persona espera alivio de una enfermedad, su cerebro produce endorfinas, dopamina y otros analgésicos naturales que generan tranquilidad y quietud plena, aunque el tratamiento sea falso.
Al profundizar sus estudios, el Dr. Fabrizio Benedetti observó en imágenes de laboratorio que, la expectativa del paciente modifica el curso de los síntomas de una supuesta enfermedad, incluyendo el dolor crónico, la enfermedad del Parkinson, la migraña y otros trastornos funcionales del organismo humano conocidos por la Neuropsicología.
También, el Neurólogo Benedetti comprobó que, “el efecto placebo juega un rol importante cuando una persona dice sentir una enfermedad que realmente no existe, ya que el cerebro es capaz de producir sustancias químicas que amortiguan o quitan el dolor” (Estudios realizados por el Neurólogo Fabrizio Benedetti, período 2010- 2018).
De su lado, los neuropsicologos de la universidad de Cambridge comprobaron que durante muchos años, “se pensaba que el placebo era un truco psicológico para engañar a los pacientes que presentaban síntomas de enfermedades que no eran reales, pero éstos comprobaron que, el efecto produce efectos reales de mejoría en pacientes con trastornos fisiológicos y psicológicos complejos” (Reportes Cambridge sobre el efecto placebo, 2001-2019). .
Además, los expertos de Cambridge comprobaron que, el efecto placebo producía una mejoría real en la condición de salud física y mental de los pacientes después de administrarle un medicamento inactivo, acompañado de una sugestión psicológica para reducir o minimizar el estrés, el miedo, el pánico y la ansiedad en los pacientes que participaron en los estudios realizados por éstos en un período de 18 años.
Como se sabe, un placebo es una sustancia, un procedimiento o una intervención inactiva sin principio farmacológico activo, cuya sustancia o procedimiento se parece a un tratamiento real, pero sin efecto curativo directo sobre los síntomas asociados con las enfermedades que decían sentir los pacientes.
No obstante y según la Neuropsicología, el cerebro no sólo siente dolor, sino que participa activamente en crearlo falsamente o en aliviarlo, ya que las palabras positivas o negativas que reciben los pacientes del médico o el psiquiatra, tienen un poder de credibilidad y sanación extraordinario en los pacientes.
Como usted ha podido apreciar en los párrafos anteriores, las palabras positivas o negativas de un profesional de la medicina tienen influyen en el cerebro humano, ya que si las personas creen que están enfermas, su sistema inmunólogo se deprime; mientras que, si las personas creen que no tienen nada o se han sanado, su sistema inmunológico se activa y envía sustancias químicas al cerebro haciéndolas creer que están sanas.
Según nos consta, las palabras, los comentarios y las intervenciones terapéuticas de los médicos y los psiquiatras, tienen que ser precisas y transmitir optimismo, esperanza y fe en sus pacientes, ya que las palabras y los gestos de los profesionales de la salud curan las supuestas enfermedades físicas y/o los trastornos psicoemocionales que dicen sentir algunos muchos de sus pacientes.
En tal sentido, la medicina y la psiquiatría deberían ser estudiadas por hombres y mujeres honestos y íntegros y, no sólo por personas inteligentes y perseverantes, como ha venido ocurriendo en los últimos 30 años en nuestro país, ya que el ejercicio de la medicina y el de la psiquiatría deben ser ejercidas por profesionales con alto sentido humano.
Ejercer la medicina y la psiquiatría en la sociedad actual, requiere de profesionales que estén dispuestos/as a asumir el juramento hipocrático, el cual manda priorizar “el respeto a la vida, el secreto médico, el cuidado y el esmero profesional sobre la salud de sus pacientes, así como apartar los prejuicios personales en el ejercicio de la medicina.
Finalmente, las universidades responsables de formar a los médicos y a los psiquiatras de nuestro país, deben revisar sus respectivos Pensum para incluir nuevas asignaturas para que los futuros profesionales de la salud reciban más formación sobre humanismo, compasión, empatía, ética, gestión, gerencia y otras asignaturas que les permitan desarrollar las habilidades blandas que se requiere para ejercer la misión profesional de los médicos y psiquiatras.
“La peor enfermedad, es un mal diagnóstico o un diagnóstico mal explicado” (DTGM, Julio 2025).
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