“El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. (Lord Acton)

Las horrendas atrocidades reveladas una vez más por la reciente filtración de los archivos del caso del depredador sexual y criminal Jeffrey Epstein (1953-2019) han causado un justificado revuelo mediático a lo largo y ancho del planeta. Al igual que otras filtraciones pasadas, como las de Wikileaks y los papeles de Panamá, estas revelaciones sirven para recordarnos que nuestro mundo ha estado gobernado por psicópatas, violadores y asesinos impunes por más tiempo de lo que nos gustaría pensar.

A pesar de que el caso Epstein ha estallado ya en más de una ocasión —con las recientes revelaciones siendo las más detalladas y horripilantes— lo verdaderamente perturbador del asunto es que nos ha mostrado hasta qué punto los ciudadanos y ciudadanas de a pie estamos totalmente desprotegidos ante los abusos y atropellos de los más ricos y poderosos. Sin embargo, ya cuando salieron las filtraciones de Wikileaks hace varios años, el filósofo contemporáneo Slavoj Žižek (n. 1949) se preguntaba si acaso aquellas evidencias realmente nos habían revelado algo que no sabíamos. En su habitual estilo provocador, el pensador esloveno nos invitaba a cuestionarnos por qué seguimos aceptando un mundo tan profundamente desigual, injusto y opresivo si todas y todos sabemos que realmente es así.

Desde su obra El sublime objeto de la ideología (1989) en adelante, Žižek ha interrogado los mecanismos psicológicos que subyacen a la reproducción social del sistema de poder dominante en el mundo. La conclusión a la que arribó es que la ideología es una fantasía inconsciente que estructura nuestra realidad social, y que además extraemos una especie de placer perverso —jouissance o goce en jerga lacaniana— en practicarla. Es decir, la ideología dominante no es algo que simplemente nos impone el sistema, sino que es algo que gozamos. Además, contrario a como se había teorizado hasta ahora en el pensamiento marxista, Žižek propuso que la ideología no consiste meramente en un contenido cognitivo dentro de nuestros cerebros, sino y sobre todo en las prácticas sociales que llevamos a cabo cotidianamente.

Por eso, el filósofo plantea que la ideología funciona a modo de denegación fetichista: “Sé perfectamente que lo estoy haciendo, pero actúo como si no lo supiera.” Todos y todas sabemos, en el fondo, que nuestro mundo está podrido y plagado de injusticias y problemáticas de todo tipo, pero nos sentimos incapaces o indispuestos a hacer algo al respecto para transformar la realidad por medio del cambio en nuestras fantasías y nuestras prácticas.

Para quienes sabemos un poco de historia, el caso Epstein —con toda su indignante brutalidad— representa meramente un episodio más en la larga tradición de abusos de poder por parte de quienes saben que gozan de impunidad total ante sus súbditos. Pues sabemos que la historia humana está plagada de ejemplos de atrocidades aún peores cometidas por quienes han detentado siempre el poder. Lo que deberíamos preguntarnos ante las deprimentes revelaciones de este caso —al igual que con cualquiera de los miles de casos de abuso y corrupción a nivel nacional e internacional— es hasta cuándo permitiremos que nuestro mundo sea este estercolero que tanto conocemos y al cual nos hemos ya acostumbrado.

Gabriel Andrés Baquero

Filósofo

Gabriel Andrés Baquero (n. 1992, Santo Domingo, República Dominicana) es filósofo y escritor. Licenciado en Humanidades y Filosofía por el Instituto Superior Pedro Francisco Bonó (2018) y Magíster en Estudios Caribeños por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (2022), se dedica a la investigación y reflexión sobre temas culturales, históricos y políticos.

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