El primer año de gestión de la segunda administración del presidente Donald Trump (enero 2025-enero 2029) ha sido más positivo que negativo, en comparación a su primer año de gobierno (enero 2017-enero 2021).
En aquella oportunidad, un multimillonario magnate de bienes raíces sin experiencia alguna en cargos públicos había llegado a la Casa Blanca a dirigir los destinos de los Estados Unidos.
Como presidente, Trump cometió muchos desaciertos en su política económica, salud, migración, medio ambiente y política exterior. Errores que llevaron a los estadounidenses a calificar su pasada administración de pésima y desastrosa.
En sus primeros 100 días de gestión, una docena de los miembros de su gabinete ya no estaban con el presidente. Unos destituidos y otros por renuncia.
La pandemia de Covid-19 fue lo peor para su administración. No supo enfrentar la emergencia nacional que provocó la muerte de miles de estadounidenses.
Al término de esa gestión, enero de 2021, su nivel de popularidad bajó cerca del 34%, perdiendo la oportunidad de conseguir la reelección presidencial para el cuatrienio 2021-2025.
La mala administración del Partido Demócrata, encabezada por el entonces presidente Joe Biden, facilitó a Trump regresar a la Casa Blanca en enero de 2025.
Ya con experiencia de estado y reconociendo los errores cometidos en el pasado, Trump ha llegado como un auténtico empresario y político progresista, nacionalista y dispuesto a cumplir su promesa de hacer a los Estados Unidos más grande: “Make America Great First”.
Apenas lleva un año dirigiendo los destinos de EE.UU, y se siente el cambio de actitud entre los estadounidenses, esos mismos que tenían dudas de que Trump fuera a repetir los errores que cometió en su primer período de gobierno.
Trump aprendió de los errores. Ha iniciado una nueva gestión totalmente diferente. Su gabinete sigue aliado al presidente. Nadie ha renunciado. Nadie ha sido despedido.
Su equipo de asesores y funcionarios están dispuestos a hacer realidad su deseo: hacer a Estados Unidos más grande, fuerte y poderoso tanto a lo interno como a nivel global, dando curso a las masivas órdenes ejecutivas y cambios estructurales profundos en el gobierno federal.
La agenda gubernamental de Trump está centrada en su política migratoria y seguridad fronteriza, implementación de una política económica basada en reducción del gasto público, control de gastos en programas de Medicaid y Medicare, suspensión de fondos a agencias gubernamentales que solo producen gastos innecesarios e imposición de nuevos aranceles a nivel global, que ha generado billonarios ingresos de dólares a la economía por ese concepto.
Presentó, para la aprobación del Congreso, una reforma nacional de salud que contempla una drástica reducción del costo de los medicamentos entre un 80% y un 90%, reducir las primas de los seguros y entregar dinero directamente a los ciudadanos sin intermediarios ni aseguradoras, en busca de que cada familia estadounidense tenga un mejor control sobre su atención médica, así como un cambio radical en la política de vacunación y alimentación infantil.
En política exterior, está decidido en posicionar a EE.UU como la nación líder en la geopolítica mundial, eliminando a China y Rusia de su influencia en Occidente y otras regiones europeas.
Recientemente, Trump ordenó el retiro de EE.UU de unas 63 organizaciones internacionales, convenciones y tratados siendo más de la mitad entidades de las Naciones Unidas, tras considerar que estas “ya no sirven a los intereses de los EE.UU”.
Empresas mercadológicas estadounidenses y extranjeras medidoras de popularidad reportan que, para este primer año del segundo mandato de Trump, su apoyo ante los estadounidenses oscila entre el 47% y el 51.5%.
Eso es una muy mala noticia para los altos dirigentes del Partido Demócrata que aún no logran asimilar que hace más de un año que están fuera del poder.
Más que hacer oposición radical a la administración Trump para que fracase en su gestión, deberían estar trabajando en reorganizar su partido, eliminar su agenda antinacionalista e izquierdista, y trabajar por recuperar la confianza perdida entre los votantes estadounidenses.
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