El pasado 5 de mayo se celebró en nuestra República Dominicana el Día del Árbol, una fecha que debería invitarnos no solo a sembrar, sino también a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza.

Es fundamental que todo dominicano comprenda que velar por nuestros recursos naturales no significa necesariamente ser ambientalista, ni mucho menos activista climático. Cuidar los árboles, los ríos, los suelos y la biodiversidad no debería ser una etiqueta ideológica, sino un deber ciudadano y humano.

Con el tiempo, algunas palabras han sido distorsionadas por la política y por la tendencia a politizar temas esenciales para la vida. La defensa del medio ambiente ha sido presentada, muchas veces, como una postura radical, cuando en realidad se trata de proteger las condiciones básicas que permiten nuestra existencia. En otros casos, se ha intentado desacreditar cualquier preocupación ecológica porque afecta intereses de grupos que solo buscan monetizar la destrucción de estos mal llamados "recursos naturales".

Podemos llamar a los árboles recursos porque nos proveen oxígeno, absorben dióxido de carbono del aire y ayudan a filtrar contaminantes. También nos brindan sombra, un beneficio que influye directamente en la termorregulación del ambiente. En las zonas urbanas, la presencia de árboles puede reducir considerablemente la temperatura, mejorar la calidad del aire y favorecer el ciclo del agua y de las lluvias, fuente vital de toda forma de vida.

A esto se suma otro beneficio muchas veces ignorado: la sombra de los árboles ayuda a disminuir el consumo energético durante todo el año. Una ciudad arbolada no solo es más bella; también es más fresca, más saludable y más eficiente.

Los árboles también nos proporcionan salud. Respirar ciertos compuestos liberados por ellos, como las fitoncidas, puede contribuir al fortalecimiento del sistema inmunológico, reducir el estrés y mejorar el bienestar mental. Su presencia tiene un efecto silencioso pero profundo en la calidad de vida de las personas.

Además, los árboles son refugio de biodiversidad. Esa biodiversidad no es simplemente hermosa o decorativa; es parte esencial del equilibrio del planeta. Sin ella, el mundo tal como lo conocemos no existiría, porque se romperían procesos vitales como la polinización, la fertilidad de los suelos por desertificación, la producción agrícola y la sinergia natural que sostiene la vida.

Retrato de Montaña — Martín Rodríguez

Por eso, proteger los árboles también es una forma de enfrentar el cambio climático. Ellos actúan como verdaderos equipos de refrigeración natural, ayudando a regular la temperatura, capturar carbono y amortiguar los impactos de los eventos extremos.

El cambio climático no debe entenderse como un invento político. Tampoco como una manipulación ideológica de izquierda o de derecha. Es, en gran medida, la respuesta del medio ambiente ante un desequilibrio provocado por el exceso de contaminantes, la destrucción directa e indirecta de los ecosistemas y la búsqueda exagerada de riqueza sin considerar los límites de la naturaleza. Cuando la carga de destrucción supera la capacidad normal de regeneración de la Tierra, aparecen los eventos extremos.

Defender los árboles, entonces, no es una moda ni una consigna. Es defender el aire que respiramos, el agua que bebemos, la sombra que nos protege, la biodiversidad que nos alimenta y el equilibrio que permite la vida.

Sembrar un árbol es un acto de amor. Cortarlo sin razón es un crimen de ignorancia y de odio.

* Las fitoncidas son compuestos orgánicos volátiles antimicrobianos, presentes en aceites naturales liberados por árboles y plantas.

** El cambio climático puede entenderse como una alteración del equilibrio ambiental provocada por el exceso de contaminantes y por la destrucción de los ecosistemas, cuando estos daños superan la capacidad natural de regeneración de la Tierra.

Martín Rodríguez Amiama

Ingeniero, Magister Administración de Empresas, Artista del Lente reconocido con algunos de los premios más importantes del país. Invito a descubrir lo cotidiano e invisible a través de mis ojos, experimentar la belleza, la complejidad y diversidad de la vida capturada en cada foto.

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