La gripe me ha tomado en sus manos, bueno, yo la busqué porque quién me mandó a mí, una vieja, a salir a mi jardín con una sombrilla en medio de la llovizna mañanera a ver mis matas…

Dicen que la lloviznita es la más peligrosa, pero también dicen que los viejos se mueren por una de las tres “ces”: catarro, caída o cagada. Ya he rebasado las tres, pero aún así, sigo desafiando la gripe.

Cada día en la madrugada mientras el género humano duerme, yo leo periódicos y hago hasta seis crucigramas de distintos periódicos del mundo. Ahí me entero de muchas noticias, buenas y malas.

También dicen que contar los muertos es de “mal agüero”. Lo primero que leo cada mañana son los obituarios por si conozco a alguien, luego continúo con las noticias.

Estamos preparados para ver morir a los viejos, los de nuestra generación, pero ver morir jóvenes no solo nos sorprende, nos desgarra el corazón.

Tengo una anécdota muy buena. “En días pasados me preguntaba qué sería de alguien a quien conocía, si habría muerto. Lo gracioso del caso es que en esa misma semana había una actividad en Casa de España y mi amiga Carmen Antonia me mandó una foto que le envió su esposo, el Dr. Mariano Estrada, en el que estaban él y dos españoles más, uno de ellos era un gran amigo al que sabía quería mucho y que por casualidad había preguntado lo mismo, si yo había muerto”, es que parece estamos viviendo momentos prestados, por eso nos sorprendemos tanto cuando seguimos en pie.

Pero no siempre me entero de las cosas por los periódicos o por las redes, dicho sea de paso, no tengo redes de esas que uno se entera de todo.

Mi hijo menor que es tan madrugador como yo, aunque su rutina es ver la misa y rezar el rosario por la televisión, también tiene tiempo de enterarse de las noticias y sabe cuáles me pueden interesar y me llama.

Ayer, el malestar del virus no me permitió levantarme temprano, leer periódicos, ni enterarme de nada.

El haber trabajado por tantos años con niños y jóvenes me ha permitido conocer muchas generaciones. A lo largo de tantísimos años de una forma u otra he tenido que interactuar con padres, compañeros de trabajo y alumnos.

Desde que son pequeños nos podemos dar cuenta de lo que serán en el mañana. Una de las noticias que me comunicó mi hijo fue sobre el nombramiento de Juanita Canahuate como subdirectora de la DGII. Me preguntó si la conocía, mi respuesta fue, es BRILLANTE.

De Juanita guardo muy gratos recuerdos, siempre escudriñándolo todo, en el área del saber. Era desde pequeña minuciosa, inquieta, perfeccionista, pero su hermana Guadalupe tampoco se quedaba atrás, siendo ya estudiante universitaria, cuando en el colegio alguna profesora de matemática del bachillerato debía faltar la llamaban para que las sustituyera.

Juanita proviene de un hogar al que le tengo mucho cariño, el de don Francisco y doña Josefa. Unos padres increíbles, un hogar modelo de vida cristiana, son de esas personas que uno conoce y se quedan dentro del corazón.

En días recientes también me llamó mi hijo asombrado, me dijo que había fallecido Juan Francisco García Toral. No lo podía creer, mi corazón dio un salto. No pude ni quise llegar a su funeral ni a una misa porque no sabía cómo ver a los ojos a Argentina, su madre, ni a Larissa y Melissa, sus hermanas.

Hace unos cuantos años también supe del fallecimiento de Luis Porbén, tampoco asistí a sus honras fúnebres, ¿Cómo darle el pésame a Cruz María si ese era un niño al que vi casi desde su nacimiento?

En todos los años de mi vida magisterial ha habido muertes que me han destrozado el alma, pero también he tenido momentos que me han llenado de mucho orgullo por no haberme equivocado en mis predicciones y proyección de algunos alumnos.

De todos los que pasaron por mis manos en algún momento, muchos han sido, y son grandes ejecutivos de bancos, de grandes empresas, ocupando cargos dirigenciales de gran envergadura, de mucha responsabilidad, emprendedores prósperos, pero que al conocerlos de pequeños y ver su desenvolvimiento, no me ha sido de sorpresa.

Cuando veo sus hojas de vida y los estudios realizados, cuando veo las becas que han ganado, no me queda más que sonreír y decirme “yo lo sabía” y es que el mejor ejemplo que tengo son el de Juanita Canahuate y Juan Ariel Jiménez, ninguno de los dos tuvo que apelar a “ser hijo de…” para conseguir las mejores becas porque su talento responsabilidad, dedicación y entrega les hizo dignos de merecer toda la oportunidad para llegar bien lejos. ¡Felicidades!

Elsa Guzmán Rincón

Bibliotecóloga

Maestra y Bibliotecóloga, retirada.

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