Empiezo mi entrega de esta semana, por razones obvias, citando lo que me dijeron dos jóvenes que fueron mis alumnos hace varios años, mientras yo recorría las calles de la academia del Estado. Ninguno de ellos alcanzaba los cuarenta años de edad.
Me abrazaron, con inmenso cariño, diciéndome que a ambos les había impartido clase en las aulas de la UASD y que una de mis tantas frases, que utilizo para motivarlos, con el propósito de que miren y caminen hacia el horizonte, les había impactado profundamente y que jamás la habían olvidado.
Más aún, y para ponernos en contexto, cito a continuación lo dicho por uno de ellos: “ Usted fue nuestro profesor hace varios años, pero usted dijo en el curso una frase que nosotros la asumimos para que nos acompañara de por vida…”.
La conversación se extendió como un río cordilleras abajo. Más adelante, mirándome fijamente a los ojos, uno de ellos expresó: “Usted dijo que para crear o montar una empresa lo primero no es el dinero, sino la idea. Y jamás nosotros olvidamos esa frase. Ella nos enseñó a volar por el camino de la vida”.
Desde las aulas podemos hacer maravillas con nuestros jóvenes y ellos, aunque usted no lo crea, lo necesitan. Es necesario acompañarlos en sus posibles proyectos de vida. Debemos construir ciudadanía desde las aulas para que la sociedad… para que esta tenga siempre un marco de referencia moral donde la solidaridad humana juegue un papel como articulador de las voluntades particulares y colectivas de las nuevas generaciones.
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