Es indudable el nivel de desarrollo, estabilidad monetaria, inversiones extranjeras y estabilidad política, alcanzada por la sociedad dominicana en los últimos 30 a 40 años. El modelo de desarrollo basado en la sustitución de importaciones iniciado a finales de la década de los ‘70 del siglo pasado y centrado en las zonas francas, el turismo y otros renglones, como la inversión extranjera en el sector servicio y la minería, entre otras expresiones económicas relacionadas a este cambio de modelo tradicional, basado en los productos agrícolas convencionales como cacao, café azúcar y tabaco; el modelo dominicano, sin dudas, ha alcanzado, junto la estabilidad política lograda, una reputación internacional que es meritoria de reconocimiento.
De lo que se trata es de elevar y repartir mejor los beneficios del modelo, que permita evitar dos repúblicas en una. Es decir, de un lado, una clase media que se consolida, un sector empresarial emprendedor que crece y acumula grandes beneficios, y una apertura a la inversión extranjera que ha dejado frutos en el sector turístico y otras áreas.
Otros países de la región han alcanzado cifras récord de desarrollo y fortalecimiento de un modelo de desarrollo como Chile, Uruguay, México, Argentina en un momento, así como Colombia con altas y bajas, y Brasil con sus oponibilidades marcadas, pero que no niega el despegue de su economía, considerada de las primeras en América Latina, junto a Chile y México.
Sin embargo, vemos en algunos de estos países algunos retrocesos y bolsones de miseria colaterales, que ponen en entredicho los avances logrados. México se debate entre una economía potente enlazada con los EUA, a la vez que una alta población marginal en su extenso territorio, que denota dos países al mismo tiempo.
Argentina vivió luces y luego sombras en su economía que debe poner a pensar a los analistas y planificadores del resto de la región, dado que fue en su momento, la Suiza de América. Dinámica, sobre todo, en su exportación de carne vacuna, como otros productos que le dieron nombradía en la región. Lo mismo puede ser considerado para Brasil, un gran país, con una población extensa y que logró colocarse en la competitividad comercial internacional a gran escala, sin embargo, sus cinturones de miseria conocidos como favelas, desdice del alcance logrado por este modelo económico.
Chile hoy ha ido perdiendo ciertos números competitivos, que llevan a grandes preocupaciones, y crece una población marginal con respecto al desarrollo alcanzado, creando malestares de muchos tipos, entre otros, grupos marcadamente marginados del modelo económico exitoso de Chile. Todo este análisis queda en los límites de la equidad social de los mismos, no necesariamente de los números alcanzados.
Colombia vive entre una desafiante economía que se abre al mundo, con importantes renglones competitivos y una alta tasa de excluidos del bienestar y la equidad social, sin contar el tema de las guerrillas y cierta inestabilidad política que de una u otra manera le afecta a su economía.
La República Dominicana, en la región del Caribe y parte de Centro América, es un paraíso empresarial y de confianza para la inversión extranjera. No hay dudas que, al hablar de inversión en el Caribe, la dominicana, sigue al frente como atractivo y garantía de inversión. Su estabilidad política, con algunos vaivenes, ha permitido esa confianza y se ha definido hace tiempo ese modelo de éxito que los gobiernos han respetado.
El fondo de este escrito es problematizar la relación de una ecuación de los economistas, planificadores y estrategas de desarrollo, y se trata, de cómo armonizar en el marco de este modelo de desarrollo, una equidad social que permita el disfrute de los beneficios obtenidos, con una equilibrada distribución para todos, grandes empresas e inversionistas, sin que ello implique, reglamentar normas de acumulación tediosas, y que eviten que la gallina de huevos de oro fracase.
Dos repúblicas y un modelo, es lo que vemos hoy. Grandes contingentes urbanos en diferentes ciudades importantes del país, completamente marginadas, con limitaciones de todo tipo y una política de empleo por definir y fomentar para evitar que se desplome la seguridad en términos delincuenciales y haya mayor entusiasmo de integración en la medida en que todos seamos todos por el impacto de esa economía, en función de la participación en este modelo, que también debe atacar la corrupción del sector publico y algunos deslices del sector privado.
La resultante de esa inequidad social, son notorias en el poder adquisitivo, el salario propiamente y las fuentes de empleo. Sin omitir la enorme preocupación que genera la delincuencia en los barrios y la juventud como principales protagonistas de ella, hecho que debe llenarnos de preocupación.
De no atenderse esta delicada ecuación, podríamos terminar con dos mundos: un desarrollo económico incuestionable, pero con resultados peligrosamente frágiles para la sostenibilidad del progreso y avance social, económico y cultural de la nación logrado hasta el momento.
Por ello, hicimos un breve resumen al inicio, de otras economías de la región que han alcanzado, sin dudas, posicionamiento en la competitividad internacional, y a la vez, estabilidad y resultados positivos de desarrollo, y hoy en cuestionamiento, algunos de ellos.
Seguir el camino del modelo no es lo que se cuestiona, sino más bien, cómo todos podemos ser parte de los beneficiados, para que mañana no tengamos que lamentar un colapso social y del modelo.
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