La pregunta no es retórica ni superficial: ¿son realmente seguras las empresas dominicanas para la salud de sus trabajadores? La evidencia empírica disponible sugiere que el país ha avanzado, pero aún enfrenta brechas estructurales importantes que limitan la construcción de una verdadera cultura de prevención.

Una realidad numérica desafiante

En República Dominicana se registran aproximadamente 3,745 accidentes laborales al mes, equivalentes a 124 diarios y 15.5 por hora, según estadísticas del Instituto Dominicano de Prevención y Protección de Riesgos Laborales (IDOPPRIL).

Entre 2021 y mayo de 2025 se acumularon 198,533 accidentes laborales reportados, lo que evidencia una tendencia persistente y estructural, no coyuntural.

Solo en el primer semestre de 2025 se notificaron más de 23,338 casos, con fuerte concentración en sectores como industrias de transformación, comercio y repuestos, y turismo, alojamiento y alimentación.

Esto confirma que el riesgo no es marginal, sino inherente a sectores clave del modelo económico dominicano.

El factor oculto: el trayecto laboral

Uno de los hallazgos más relevantes, y menos debatidos, es que alrededor del 40 % de los accidentes laborales ocurren en el trayecto hacia o desde el trabajo, y de estos, más del 60 % involucran motocicletas. Esto redefine el concepto de "empresa segura": ya no basta con cumplir protocolos dentro de la planta, el colmadón o la oficina; el riesgo se extiende al sistema de movilidad urbana y al modelo de transporte laboral del país.

El costo económico también es decisivo

Más de RD$1,228 millones se han destinado a cubrir accidentes en trayectos (2021–2025). Entre 2021 y 2024, el sistema desembolsó más de RD$10,000 millones, con una alta proporción vinculada a las motocicletas.

Esto revela que el problema no es solo sanitario, sino también fiscal y de sostenibilidad del sistema.

Cobertura amplia, prevención débil

El país cuenta con una base institucional importante. Más de 120,000 empresas registradas, de las cuales unas 93,700 cotizan al sistema de riesgos laborales, cubriendo más de 2.5 millones de trabajadores (estimaciones sectoriales).

Sin embargo, el dato más crítico es este: menos del 5 % de las empresas están certificadas en sistemas formales de seguridad y salud laboral.

Esto implica que, aunque existe cobertura financiera para responder al daño, la prevención sigue siendo el eslabón más débil.

Comparación internacional: brecha estructural

Mientras países como Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia lideran los rankings globales de salud laboral, lo hacen sobre tres pilares: a) cultura preventiva arraigada, b) regulación estricta y cumplimiento efectivo, y c) equilibrio entre vida y trabajo.

En América Latina, Costa Rica, Chile y Uruguay muestran mejores indicadores relativos, asociados a mayor formalización y sistemas de inspección más robustos.

República Dominicana, en cambio, presenta una paradoja: ha avanzado en cobertura financiera, pero no en cultura preventiva.

Nueva frontera: salud mental y riesgos invisibles

Otro elemento emergente es la salud mental. Se estima que alrededor del 15 % de los trabajadores presenta trastornos asociados al trabajo, vinculados al estrés, la sobrecarga laboral y la precariedad organizacional (estimaciones internacionales aplicables al contexto regional).

El problema es que el modelo tradicional de seguridad laboral sigue centrado en accidentes físicos, exposición química y riesgos mecánicos.

Mientras tanto, crecen los riesgos "silenciosos": burnout, ansiedad laboral, fatiga crónica e hiperconectividad digital.

El propio IDOPPRIL ha reconocido la necesidad de incorporar la digitalización y la inteligencia artificial como herramientas para mejorar la prevención.

Sectores de alto riesgo y exposición química

Aunque el país presenta relativamente baja exposición colectiva a sustancias altamente tóxicas, los riesgos siguen concentrados en sectores específicos: construcción, minería, refinación y fundición.

Las exposiciones a agentes como asbesto, benceno o metales pesados continúan asociadas a cáncer pulmonar, leucemias y enfermedades respiratorias crónicas.

Esto exige una vigilancia epidemiológica más rigurosa y sostenida.

¿Estamos avanzando o reaccionando?

El modelo dominicano ha sido eficaz en compensar el daño, pero aún es débil en evitarlo. Se ha construido un sistema que paga bien… pero previene poco.

La evidencia es clara: aumentan los accidentes reportados, crecen los costos, persisten fallas estructurales en transporte, cultura organizacional y certificación empresarial.

Hacia una nueva cultura de seguridad laboral

La tercera y cuarta décadas del siglo XXI obligan a redefinir el enfoque. No se trata solo de normativas, sino de transformación cultural.

Se requieren al menos cinco cambios estratégicos: prevención como eje central, no como complemento; certificación obligatoria progresiva en seguridad laboral; integración del transporte seguro como política empresarial; incorporación de la salud mental en los sistemas de riesgos laborales; y uso intensivo de datos, tecnología e inteligencia artificial para anticipar riesgos.

Las empresas dominicanas no son, en términos generales, espacios plenamente seguros para la salud. Pero tampoco son espacios estáticos.

El país ha construido una base institucional sólida a través del Instituto Dominicano de Prevención y Protección de Riesgos Laborales (IDOPPRIL), pero enfrenta el desafío crucial de evolucionar desde un modelo reactivo hacia uno preventivo.

La verdadera pregunta no es si las empresas son seguras hoy, sino si están dispuestas a transformarse para serlo mañana.

Porque la seguridad laboral no es solo un derecho: es una condición indispensable para la productividad, la inversión y el desarrollo sostenible.

Reynaldo Peguero

Epidemiólogo y urbanista

Maestro en Administración y epidemiología, especialista en Planificación Estratégica del Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (CIDEU), Barcelona, y director del Consejo de Desarrollo de Santiago (CDES).

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