El tema siempre será opinable pero insisto en que el puertorriqueño moderno es un ciudadano excesivamente organizado y ha remontado viejos estilos y conductas.
Desde que su gestación ya escucha un ambiente refinado, de paz y estabilidad emocional en todos los renglones de la sociedad. Su madre gusta dejarle escuchar al bebé por nacer la inspiradora música de los grandes clásicos musicales alejándose de aquellos antiguos modismos callejeros marginales o proscritos. Quien sabe si una que otra “salsa” o merengue por aquello del ritmo.
Ha sido tal el progreso que hasta Bad Bunny ha cantado el AveMaría de Schubert en lleno total en la Capilla Sixtina y a invitación del Papa y curia luego que ambos coincidieran en verano del 2026 en Madrid.
Ahora el nuevo puertorriqueño es aficionado a clásicos literarios en compendio con las artes, ciencias, matemáticas, urbanismo, oratoria y ética que redundan en su actual infinita cultura.
Atrás quedaron los disparates y abusos en uso de anglicismos. Y poco a poco comienza a concentrarse en el estudio de su historia isleña como la mundial, guiado por excelentes maestros. Ello en un envidiable ambiente salarial a maestros, tanto como escolar que dispensa el Departamento de Educación.
Logra nuevos escalones poco a poco, en presencia de urbanidad y paciencia. Se le ve dispensando educación y urbanidad en lugares. Incluso es un consumidor cauteloso, ya no sufre de ansiedad por los cuatro “trastos” que antes tenía que le causaban agobios en lucha por centímetros disponibles para estacionamientos en calles de su vecindario.
En estilo ahora se nota en la concurrida asistencia a librerías, teatros, conciertos en Bellas Artes, colecciona libros para su biblioteca hogareña y música digitalizada de obras clásicas. Ya es costumbre escuchar zarzuelas y óperas en su hogar.Es tal el progreso que en su urbanidad ha ayudado tanto a la policía a eliminar “puntos”, masacres y crímenes de odio. Igual ha ayudado al gobierno a eliminar la corrupción dejando atrás a un corrupto y al borde de convertirse en un“narco” país.
Igual ha optado por distintos caminos profesionales, en algunos casos dejando la práctica del derecho e inician en el campo de la politóloga, pero renuncian de inmediato por el profundo conocimiento político del nuevo puertorriqueño.Otros optan por la medicina en nuevos enfoques tecnológicos como las modernas operaciones robóticas y hasta incluso, han puesto de rodillas a los planes médicos.
En el campo de la ingeniería quedaron atrás algunos atajos al tráfico de influencias, mordidas o sobornos.
Igualmente hay muchos en el campo de las leyes practicándolo al derecho y no como antes, en algunos casos al revés. Incluso borrando manchas hasta de indultos presidenciales.
Una delicia postular en las cortes del Puerto Rico de hoy y nuestro Departamento de Justicia ya no hace informes conformistas.
Otros han tomado los hábitos católicos y la Santa Sede se ha visto precisada a restablecer en el país su representación diplomática. Ahora se ven a prelados visitando, pernoctando y dando hasta misas de campo en comunidades. Incluso se han reabierto antiguos seminarios católicos. Ahora en cada parroquia se ve a un sacerdote o monjas boricuas.
El desarrollo y la cortesía llega al extremo notable en nuestras carreteras y avenidas. Un modelo imitado por países extranjeros. Ya no existen semáforos de tránsito en nuestras principales vías urbanas, la cortesía y el orden se ocuparon de disponer de ellos .
Pero donde más se distingue el nuevo puertorriqueño es precisamente en su empuje a eliminar el crimen, el narcotráfico y la corrupción. En este sentido, nuevas iniciativas universitarias en grados académicos de corrupción hoy día dan frutos. Ya no existe el desenfreno casi generalizado por el enriquecimiento de cabilderos cuyas prepotencias, riquezas y abusos eran contra la moral, el buen gobierno y la injusticia social.
Y, claro, el problema vino cuando mi mujer me dio un codazo y me dijo “despierta Rubén que estás roncando muy fuerte”.
Compartir esta nota