Villa Montellano, el noveno municipio de la provincia Puerto Plata, creado mediante la Ley No. 7-06, de 2006, históricamente dependió de la industria azucarera. Hoy transita cauteloso hacia una economía basada en el turismo y los servicios, por lo que necesita una transformación integral, gradual y estratégicamente planificada. No basta con anunciar la sustitución de un motor económico por otro; debe construirse un nuevo modelo de desarrollo territorial que preserve cohesión social, genere empleos sostenibles y evite desigualdades.
Más de un siglo ha transcurrido desde que aquellos potreros para los animales del ingenio San Carlos, instalado en Boca Nueva y propiedad de Divanna Grisolía & Co., por donde se exportaban productos utilizando el puerto de Bergantín. Hoy se cifra el futuro de esa comunidad en el desarrollo del fideicomiso Punta Bergantín, impulsado por Banreservas y el Ministerio de Turismo como un destino turístico de clase mundial.
El 21 de agosto de 2024, el presidente Luis Abinader dio el primer palazo para el inicio del hotel Hyatt Zilara y el acceso público a Punta Bergantín, acto que aseguró constituía el relanzamiento de Puerto Plata para que retomara “la fuerza que tenía, el desarrollo que se inició”. El mandatario se refería al destino turístico y los trabajos que, aunque lentos, se han constituido en una esperanza de desarrollo para Montellano.
Lo que llama la atención es que, en términos comunitarios, los propulsores del proyecto “no arrancan” en aspectos fundamentales tanto para las instalaciones como para los comunitarios. Entre esos elementos podemos citar, 1) la reconversión laboral y capacitación técnica. La mano de obra vinculada al azúcar suele poseer experiencia agrícola, operativa o industrial, pero el turismo exige competencias distintas: idiomas, hospitalidad, gastronomía, mantenimiento hotelero, gestión ambiental, transporte, comercio, tecnología y atención al cliente.
Por tanto, se requiere formación técnica continua, institutos de capacitación turística, programas de reconversión para trabajadores mayores y becas para jóvenes. La educación, asimismo, debe orientarse tanto al empleo directo como al emprendimiento local.
2) Infraestructura moderna. El turismo no prospera sin infraestructura adecuada. La comunidad necesita: carreteras y accesos seguros, agua potable permanente, saneamiento y drenaje, energía estable, conectividad digital, transporte público eficiente, centros de salud y seguridad ciudadana. Sin estos componentes, el crecimiento turístico se vuelve precario y excluyente.
3) Integración de la población local en la cadena de valor. Uno de los mayores riesgos es que el turismo opere como una “economía enclavada”, donde la riqueza se concentra en inversionistas externos mientras la comunidad recibe empleos de baja remuneración. Para evitarlo, deben impulsarse pequeñas y medianas empresas locales, cooperativas, suplidores agrícolas y pesqueros, artesanías, transporte turístico local, restaurantes familiares, excursiones culturales y ecológicas. El objetivo es que el dinero circule dentro de la comunidad.
4) Ordenamiento territorial y protección ambiental. El desarrollo turístico necesita planificación rigurosa para evitar desplazamiento de comunidades, especulación inmobiliaria, deterioro ambiental, destrucción de manglares, playas y acuíferos. Se requiere una visión sostenible que combine crecimiento económico con preservación ambiental.
5) Identidad cultural y cohesión social. Muchas comunidades azucareras poseen una memoria histórica profundamente arraigada: bateyes, tradiciones laborales, diversidad cultural y sentido de pertenencia. El turismo puede convertir esa identidad en valor cultural y patrimonial. La música, gastronomía, historia oral y el patrimonio industrial pueden integrarse al producto turístico.
6) Diversificación económica. Aunque el turismo puede convertirse en el principal motor económico, depender exclusivamente de él también implica riesgos frente a crisis internacionales, pandemias o fenómenos climáticos. Por eso conviene desarrollar simultáneamente la agroindustria, pesca, logística, comercio, energías renovables, economía digital, servicios educativos y de salud. El desarrollo sostenible surge de economías diversificadas.
En síntesis, el futuro de Montellano exige mucho más que inversión hotelera. Requiere capital humano, infraestructura, inclusión social, sostenibilidad ambiental, fortalecimiento institucional y una estrategia que coloque a la comunidad —y no solo al visitante— en el centro del desarrollo.
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