En la víspera de la entrada en vigor de la Ley núm. 74-25, Orgánica del Código Penal, luego de casi un año desde su aprobación y después de años de discusión del proyecto base y las modificaciones realizadas, comienzan a despertar voces señalando que ahora resulta necesario extender la vacatio legis para hacer ajustes y modificaciones a disposiciones que trae este nuevo Código.
En esta columna he sido insistente en el necesario debate de las piezas vertebrales del sistema de justicia penal: el Código Procesal Penal y el Código Penal. Escribí sobre la necesidad de la observación presidencial de este último ante los vicios y situaciones que cerca de un año después “preocupan” a ciertos sectores y miembros de la comunidad jurídica.
La excusa para la aprobación del Código Penal al vapor fue que “era necesario” y que “no hay leyes perfectas”; pero además de que habría todo un año para someter reformas y difundir la pieza. Ni una ni la otra. Y eso ha sido producto de la irresponsabilidad institucional y ciudadana respecto a la falta de difusión de las nuevas disposiciones del Código y de promover con tiempo reformas que mejoren la pieza aprobada.
El llamado de prórroga de la vacatio legis es una muestra de nuestro culto a la impuntualidad, a dejar las cosas para último, a no querer hacer la tarea con tiempo y precisión, y al pensamiento individualista ya que solo nos preocupamos cuando nos damos cuenta de que una disposición normativa puede afectar nuestros derechos e intereses, sin pensar en escala ni en comunidad.
Y por eso, dado que dejamos todo para última ahora, comenzamos con los tremendismos. Ahora nos sorprendemos del tipo de difamación extorsiva, al punto que le decimos ley mordaza. Nos asombramos de que los médicos puedan ser sometidos penalmente (siempre ha sido posible). Y nos ponemos las manos en la cabeza porque con este Código cualquier conducta tiene agravantes que nos llevan las penas rápidamente de 5 a 10 años de prisión mayor. Además de que se acumulan y que quedó regulado lo vinculado al concurso de infracciones.
El Código Penal tiene muchos aspectos que deben ser mejorados y que serán objeto de interpretación por los actores del sistema que tienen las herramientas constitucionales y los propios principios del Código para que haya una adaptación en la práctica de los principios constitucionales que puedan verse en riesgo. Pero a su vez es preciso recordar que también se trata de una pieza legislativa que necesariamente cambia la dinámica social pues prevé múltiples conductas que hoy día se juzgan sin una adecuación al principio de tipicidad. El código tiene un expansionismo punitivo propio de una legislación de esta naturaleza en estos tiempos, lo cual no es nuevo y la discusión previa era si resulta necesaria la extensión del poder punitivo, pero también el tiempo de esto pasó.
Entiendo que lo ideal hubiese sido la observación presidencial cuando la pieza pasó a manos del Ejecutivo; pero esta facultad ha sido olvidada por la presente Administración o quizás porque realmente no había desacuerdo con el Código.
También habría sido ideal que la oposición y la sociedad civil hubiesen presentado inmediatamente las reformas que entendían necesarias para mejorar la redacción del Código Penal. Algunas organizaciones ya presentaron recursos de inconstitucionalidad, sobre los cuales ya el Tribunal Constitucional se pronunciará.
Si el temor es que se inicien procesos con artículos que pueden ser mejorados en su redacción, que pueden tener penas menores o que deben ser derogados; lo cierto es que cualquier modificación que vaya en ese sentido podrá ser de aplicación inmediata para las personas sub judice ya que en esos casos la ley o las sentencias del Tribunal Constitucional pueden tener efectos retroactivos.
La prórroga de la vacatio legis tampoco garantiza que se pueda realizar las modificaciones que hoy se procuran porque si se tuvo un año para hacerlo, conociendo nuestra procrastinación cultural e institucional, fácilmente que se deja dormir el asunto y cuando vaya a terminar la vacatio nos acordamos de lo pendiente.
Lamentablemente toca proceder con las mejoras, adecuaciones y modificaciones a lo típicamente dominicano: sobre la marcha.
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