Hay una frase de la poeta inglesa Elizabeth Bibesco y citada siempre por la santa Teresa de Calcuta, conocida como la Madre Teresa, quien fue una monja misionera de la India que fundó las Misioneras de la Caridad: "Bienaventurados los que dan sin recordar y los que reciben sin olvidar".

La Madre Teresa fue un ejemplo de amor, porque amar es darse.

Hay diferentes formas de amar. Los padres aman a sus hijos antes de nacer, al igual que los tíos amamos a nuestros sobrinos solo con saber que van a nacer. Los hermanos, los abuelos. Amar también a los primos es una bendición de Dios.

El origen de la frase "Hay más felicidad en dar que en recibir" es una cita de Jesús de Pablo en Hechos 20:35 ("más bienaventurado es dar que recibir") y nos dice la esencia de la generosidad y la importancia de dar sin esperar nada a cambio. Por eso, la persona más feliz no es la persona que recibe cosas, sino la que da…

La enseñanza nos viene con el ejemplo y las enseñanzas de Jesús, quien vivió una vida de servicio y sacrificio por el bienestar de los demás.

Quienes hemos conocido la vida de la Madre Teresa estamos llamados a imitar ese ejemplo y encontrar alegría en el acto de dar y servir.

Pero hay algo más importante, la gratitud, que es un valor que reconoce la bondad de quienes nos apoyan cuando más lo necesitamos; por lo tanto, nunca debemos olvidar y valorar todo lo que nos dan, sin esperar, sin pedir nada a cambio, solo movidos por el amor.

Las personas agradecidas son más felices y están más satisfechas con su vida, sus amistades, su familia, su comunidad y su persona.

Pero la virtud de quien da está en hacerlo sin alardear, sin llevar cuenta de ello. Mantener viva la memoria de estas acciones no solo honra a quien nos ayudó, sino que también fomenta nuestra propia humanidad.

Es importante valorar todo lo que se nos da sin pedirlo, solo movidos por un gran amor y que nunca espera recompensa ni reconocimiento.

Elsa Guzmán Rincón

Bibliotecóloga

Maestra y Bibliotecóloga, retirada.

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