He hablado de esto en el pasado en alguno de mis artículos a propósito de la maternidad y esa manera que nos impone la cultura en la que renunciamos a nosotras mismas para entregarlo todo a los hijos, hijas y a la familia. El problema con este modelo es que se multiplica al infinito y se va traspasando de generación en generación como el modelo de vincularnos en las relaciones primarias. Cuando mamá se regala, no pone limites ni condiciones, está ahí para suplir necesidades de otras personas y justo, esas otras personas a las que ella más ama, solo la miran como la dadora obligada de amor.
Si exploramos en el significado de esta frase que he puesto en el título de este artículo “dar por sentado” descubrimos que contiene el sentido de seguridad, poca valoración o agradecimiento y disponibilidad. Todos estos componentes salen a relucir en las conversaciones entre las mujeres acerca de cómo se sienten respecto a sus hijos y las parejas. En esas conversaciones privadas, donde de manera muy sutil y en voz baja, se atreven a expresarse para evitar ser juzgadas, comprobando al rato que es un sentimiento común. Efectivamente, ha sido un aprendizaje colectivo que de manera estructural la cultura transmite a través de las principales instituciones que la sostienen.
Además de los grupos de amigas, la manera en que suelo ponerme en contacto con este sentir de las mujeres es en la psicoterapia, por ejemplo, en los casos de separación de la pareja o mujeres con hijos e hijas ya adultos que no se independizan, así como aquellos que ya tienen familia pero siguen esperando que mamá asuma responsabilidades afectivas y/o materiales que ya no le corresponden.
En los casos de separación, las madres sienten una gran carga y responsabilidad ya que los hijos e hijas esperan que mamá sostenga, solucione y apoye, es decir, lo esperan TODO de ella que tiene que hacer de tripas corazón para, con el alma rota muchas veces, dar las respuestas que no siempre tiene. En general, estos mismos hijos e hijas esperan NADA de papá, de hecho en esta cultura que desvaloriza el rol paterno, muchos hombres en la separación, dan lo mínimo en el momento en que más se espera de ellos. Ese “no puedo”, “no se” o el silencio, sirve muchas veces para evitar responsabilidades y recargar a la madre. De esto hablo, por la sobrevaloración del rol materno, los hijos e hijas esperan TODO de mamá, al tiempo que NADA de papá.
Talvez es en ese momento donde la mujer comienza a darse cuenta lo poco valorada que ha sido su entrega y al intentar recolocarse recibe la resistencia de esos mismos hijos e hijas, adultos o adolescentes que no comprenden esta nueva respuesta y la condenan por el solo hecho de intentar respetarse y amarse un poco a ella misma.
Por el aprendizaje cultural, estando todavía en la relación de pareja, solo se daba sin limites y ahora comienza a estar más a cargo de ella por la multiplicidad de tareas que se agregan. Lamentablemente, este desbalance en lo que se aporta a las relaciones es lo característico de este modelo, hay una parte que da más, porque así toca, y otra parte que controlan y recibe privilegios, porque así toca, de ahí a la violencia es solo un paso. Esto explica las estadísticas de divorcio, el abandono parental y las denuncias de violencia de pareja.
En los casos en que los hijos e hijas ya adultos tienen familias fuera del núcleo de origen o viven en casa como solteros, continúan teniendo expectativas de sostén de cualquier tipo. En estas situaciones predomina la idea tan arraigada, parte de este sistema de creencias, de que “con los hijos nunca se termina”. Lo cual me parece tremendamente injusto con las madres y los padres, pues muchas veces dejan de suplir necesidades propias o renuncian a su calidad de vida para seguir obedientemente este mandato social.
Como respuesta a esta maternidad esclavizante y eterna, en los últimos años ha surgido un despertar de las nuevas generaciones de madres que han decidido levantar su voz y asumir partido. Ya hoy podemos encontrar en redes sociales alguna cuentas que reflejan este despertar y que como dato curioso en sus nombres colocan la palabra MALA junto a MADRE que sirve como denuncia al modelo viejo y a la culpa de no cumplir las expectativas sociales. Aquí les dejo algunas para multiplicar el mensaje: @malasmadres @clubdemalasmadres @malas.madres @madremente @petramaterfem @papapa_pares
Finalmente, saber que siempre se trata de reconocernos como humanas, como mujeres de carne y hueso haciendo lo mejor que podemos, pero siempre, siempre con necesidad de sistema de apoyo y con el corazón lleno de amor y curiosidad.
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