Con frecuencia se asume que el factor principal en la conformación de una dictadura son las características de un líder autoritario. No es de extrañar, entonces, que cuando se advierte sobre los peligros del ascenso de semejante figura se saque a relucir su inteligencia, su carácter o su carisma. 

Sin embargo, esas cualidades no constituyen propiedades absolutas ni estáticas. El individuo que resulta incapaz de articular un discurso coherente y fundamentado para abordar una problemática social puede mostrar una extraordinaria capacidad para la resolución de problemas prácticos o para llevar a cabo con éxito proyectos económicos y políticos. 

Al mismo tiempo, sus atributos pueden potenciarse inmerso en la interacción con los agentes sociales. Un líder autoritario sin formación intelectual, pero astuto, puede aprender a desarrollar la capacidad para minimizar esa debilidad o, en un determinado contexto, convertirla en cualidad. Esta situación es muy plausible si logra empatizar con los grandes segmentos poblacionales en contra de los expertos e intelectuales, mostrándolos como arrogantes y con intereses ajenos a los de la ciudadanía.

En otros casos, se suele alegar que «las condiciones objetivas» imposibilitan la destrucción de las instituciones democráticas como un argumento contra el ascenso del líder autoritario. Pero tampoco «las situaciones objetivas» son absolutas ni estáticas. La historia humana no es un proceso progresivo y lineal, sino un azaroso ciclo de avances y retrocesos. Derechos adquiridos llegan a ser desconocidos e instituciones democráticas sólidas son asaltadas, mientras se muestran progresos en otras áreas de la vida. 

Del mismo modo en que resulta irrealista creer que las situaciones adversas son inmutables, también lo es pensar que las favorables lo son. Si una lección política podemos extraer de nuestra época es que las condiciones objetivas pueden ser dramáticamente transformadas en contra de las democracias, bajo un liderazgo que parecía carecer de dotes intelectuales o del poder suficiente para conseguirlo.

Puede contraargumentarse que el ascenso de los líderes autoritarios en sociedades con instituciones democráticas no ocurrió de un modo repentino, sino que fue un largo proceso cuyas señales pasaron inadvertidas. A quienes piensan de este modo, los invito a cuestionarse si, precisamente, algo semejante no es lo que nos está ocurriendo a nosotros.

Leonardo Díaz

Filósofo y ensayista

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco con estudios doctorales en Historia por la Universidad de Sevilla. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Ganador del Premio Nacional de Ensayo (2015). Profesor Titular de la Carrera Nacional de Investigadores del MESCYT. Miembro fundador de la Red Iberoamericana de Filosofía, integró la Comisión de la UNESCO para la Difusión de la Filosofía en República Dominicana. (Contacto: leonardodiazsd@gmail.com).

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