Los investigadores del cooperativismo contemporáneo frecuentemente señalan a figuras como Robert Owen, William King o incluso los Pioneros de Rochdale. Pero incluso antes de que el cooperativismo tuviera un marco organizativo claro, varios líderes de pensamiento plantearon preguntas sobre la profunda desigualdad social que acompañó el surgimiento del capitalismo moderno.

Uno de ellos fue Charles Fourier, un filósofo y reformador social francés cuyas ideas ayudaron a dar forma tanto a los movimientos cooperativos como a la economía social. Fourier no inventó las cooperativas en el sentido moderno de la palabra, pero sí contribuyó a los conceptos de cooperación, vida comunitaria, solidaridad y la organización colectiva de la producción. Por eso, muchos historiadores se refieren a Fourier como un precursor intelectual seminal del cooperativismo.

Charles Fourier, francés nacido en la década de 1770, tuvo que vivir un período en el que se estaban produciendo grandes cambios políticos, económicos y sociales de enorme trascendencia histórica. Fue la época de la Revolución Francesa, la Revolución Industrial, la Ilustración, el nacimiento de la economía moderna, la independencia de los Estados Unidos y, entre otros fenómenos, la expansión del comercio mundial.

Fue un crítico de las estructuras económicas existentes, incluyendo sus consideraciones sobre las alternativas para la armonización de los intereses individuales y colectivos. Fourier sentía que la raíz de los problemas de la sociedad se debía a las instituciones económicas y sociales que obligaban a las personas a hacer cosas que no querían hacer.

Entendió que cuando el sistema económico no tiene en cuenta las diferencias, se generan frustración, conflicto y desigualdad. Sobre esta base, hizo una de las propuestas más innovadoras de su tiempo: establecer comunidades basadas en la cooperación y la solidaridad, o falansterios. Estos eran la base de su proyecto de transformación social.

Los falansterios debían formarse como entidades autosuficientes, donde las personas vivirían, trabajarían y participarían en actividades productivas. Fourier veía comunidades de entre mil y mil seiscientas personas que trabajarían juntas para utilizar sus habilidades en beneficio del conjunto. Creyó en la importancia de tener un sistema en el que cada persona realizara su trabajo persiguiendo lo que puede ser y recibiera una parte justa de los frutos del trabajo. Propuso la idea de que la cooperación ofrece mejores resultados que la competencia a largo plazo.

En lugar de las relaciones económicas basadas en el beneficio de cada individuo de manera estructurada, Fourier haría que las personas trabajaran juntas hacia el bien común con el propósito del trabajo colectivo, la cooperación y la solidaridad. La idea de que las personas formen voluntariamente una comunidad y produzcan, usen y distribuyan recursos entre sí es uno de los principios fundamentales del cooperativismo contemporáneo.

Otro aspecto de su pensamiento era que el trabajo debía ser tratado con dignidad. Atacó las estructuras económicas que hacían del trabajo una actividad alienante y deshumanizante. Las ideas de Fourier se sintieron mucho más allá de Francia, y muchos grupos intentaron construir comunidades a partir de sus pensamientos en Europa y América del Norte en el siglo XIX. Muchas de estas experiencias enfrentaron situaciones económicas y organizativas difíciles que les impidieron perdurar, pero marcaron la diferencia en la promoción de la economía social y solidaria y la cooperación comunitaria.

Sus ideas de cooperación colectiva y responsabilidad compartida orientada a la comunidad, equidad en la distribución de beneficios y compromiso con la comunidad están bien fundamentadas en sus propuestas. Aunque las cooperativas de hoy tienen estructuras más prácticas, sostenibles y realistas, muchos de sus sueños filosóficos están estrechamente ligados a lo que Fourier defendía.

Es interesante observar algunas de sus ideas en el contexto actual y por qué son tan atractivas. El siglo XXI enfrenta problemas de desigualdad económica, exclusión social, inseguridad laboral y tensiones que surgen de modelos de desarrollo que a menudo se centran en el dinero y no en el bienestar humano.

Ante estos desafíos, resurgen las preguntas que motivaron las reflexiones de Fourier hace más de 200 años. ¿Cómo podemos construir economías más inclusivas? ¿Cómo podemos fortalecer los lazos comunitarios en un mundo cada vez más individualizado? ¿Cómo podemos crear modelos productivos que generen riqueza sin perder la cohesión social? En muchas de estas discusiones en esferas académicas, políticas y sociales, las cooperativas han proporcionado respuestas prácticas. Y a diferencia de los falansterios que Fourier soñó, las cooperativas de hoy operan en la economía de mercado y están presentes en las industrias financiera, agrícola, industrial y de servicios.

En América Latina, donde persisten serios problemas de desigualdad y desarrollo social, las cooperativas han demostrado ser herramientas efectivas para fortalecer la inclusión económica y las oportunidades para millones de personas. En esta misma línea, el movimiento cooperativo surgió como un aspecto muy significativo en la República Dominicana y en la vida de la nación.

Las cooperativas están involucradas en la inclusión financiera, la educación económica, el ahorro y las mejores condiciones de vida de sus miembros. Es el desarrollo de organizaciones cooperativas, y en el proceso podemos ver que la solidaridad y la ayuda mutua todavía existen. Pero las cooperativas están en una era de grandes cambios económicos y tecnológicos que Fourier no podría haber anticipado.

La digitalización, la inteligencia artificial, la ciberseguridad, la globalización del mercado y las nuevas necesidades regulatorias exigen capacidades organizativas más sofisticadas. Pero los valores fundamentales del movimiento cooperativo siguen siendo compatibles con estas nuevas realidades.

La principal lección de Charles Fourier no está tanto en los detalles de sus ideas comunitarias como en su convicción de que las personas pueden crear una forma de organización económica más humana y solidaria. Su argumento nos recuerda que la economía debe servir a la sociedad y no que la sociedad sirva exclusivamente a la economía.

Más de dos siglos después, el cooperativismo ha demostrado que la cooperación organizada puede ser una herramienta poderosa de cambio social. Los falansterios no tuvieron la escala que sus creadores imaginaron, pero las ideas que los inspiraron todavía están presentes en las cooperativas modernas y en el esfuerzo por crear economías más inclusivas y participativas que estén mucho más orientadas al bienestar. Su visión de comunidades solidarias podría haberle parecido utópica en su momento, pero contribuyó a construir uno de los movimientos sociales y económicos más importantes de nuestro tiempo.

Ramón Nicolás Jiménez Díaz

Economista y profesor

Ramón Nicolás Jiménez Díaz. Doctorado en Negocios Internacionales.. Maestría en Política Económica, con énfasis en Relaciones Internacionales. Maestría en Cumplimiento y Regulación Financiera. Economista, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Profesor Titular y Director de la Escuela de Economía. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales – UASD. Conductor del programa de televisión: Retos y Desafíos, día a día con Nicolás Jiménez (Cine Visión Canal 19). Conferencista y consultor en temas de política económica, prevención del crimen financiero, integridad institucional y desarrollo. Áreas de Especialización: Negocios internacionales y comercio exterior. Cumplimiento normativo, gobernanza y prevención del lavado de activos. Macroeconomía aplicada y análisis de políticas públicas. Geoeconomía, riesgos globales y relaciones internacionales. rnjimenezdiaz55@Gmail.com

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