El inglés William King es reconocido por su capacidad de proponer soluciones correctas a los problemas sociales que subyacen a la Revolución Industrial, mediante propuestas organizativas de educación y organización económica bajo principios cooperativos.

Si bien la primera Revolución Industrial implicó un hito en la historia de la humanidad, donde la inventiva se puso al orden del día, con la creación de la máquina de vapor de James Watt, la hiladora mecánica de James Hargreaves, el telar mecánico y, entre otros, las primeras locomotoras de vapor desarrolladas por George Stephenson, expresándose en un importante salto económico, que se reflejó en la salud, el desarrollo del transporte, el nacimiento del sistema fabril, la urbanización y, entre otros, el surgimiento del capitalismo industrial, generó otros efectos sociales que impactaron a parte de la población trabajadora de manera negativa.

En realidad, las consecuencias positivas, expresadas en incremento de la productividad y la producción, menores costos para muchos bienes, avances tecnológicos, expansión del comercio y aumento gradual del ingreso por habitante, también fueron creando un mundo donde el desarrollo y la creación de riquezas se aceleraron, y otro mundo en donde otros países se convirtieron en exportadores de materias primas a los países donde empezó la transformación y se amplió el desarrollo de la economía internacional desde el punto de vista de la industrialización.

Otras consecuencias negativas relevantes del proceso fueron: el establecimiento de jornadas laborales de 12 a 16 horas, trabajo infantil, bajos salarios, condiciones ambientales inadecuadas en fábricas y viviendas y mayor desigualdad social.

King ejercía como médico y se dedicó continuamente al análisis de los problemas sociales que se derivaron de la Revolución Industrial. Él comprendió la realidad de la época y logró proponer que las transformaciones sociales no dependen solo de la buena voluntad empresarial, de los gobiernos o de los filántropos. Entendía, en este sentido, y así lo propuso, que los cambios sostenibles eran posibles si los trabajadores lograban desarrollar capacidades de organización, educación y autogestión. De esta manera, el trabajador se convierte en protagonista de su propio desarrollo. Su visión era construir soluciones prácticas y sostenibles.

Este pionero era creyente de la gradualidad en la transformación y de que dos herramientas fundamentales eran la educación económica y la organización colectiva de los trabajadores.

King también se destacó fundando la revista The Co-operator, y sus aportes fueron claves para el movimiento cooperativo de la época. Por medio de esta revista abundaron las ideas y las recomendaciones para la creación y administración de cooperativas. Su objetivo era educar a los trabajadores sobre la importancia del ahorro, la gestión responsable de los recursos y la cooperación económica.

Temas fundamentales de carácter educativo tratados por King están vinculados a las formas de organizar asociaciones de consumo, administrar fondos colectivos y fortalecer la participación democrática. Estaba altamente preocupado por la sostenibilidad de este tipo de asociación, sobre todo considerando seriamente el daño que podrían provocar los errores en la gestión de este tipo de empresas. De hecho, es la visión de King la que sentó la base para el posterior desarrollo del movimiento de Rochdale.

Para King, las cooperativas son un instrumento de empoderamiento económico y la unión de los esfuerzos, mediante una administración responsable, tendría como resultado una mejora en la vida de los trabajadores.

Para King, una adecuada formación de los miembros era fundamental para una participación democrática informada y consciente; por eso, para él, y lo es para las cooperativas modernas, constituye un espacio de aprendizaje y de desarrollo humano.

Esta visión sigue siendo uno de los pilares del cooperativismo moderno. Hoy en día, la educación, la formación y la información están entre los principios que el movimiento cooperativo puede utilizar en todo el mundo. Esto se debe a que las cooperativas no se tratan simplemente de dinero; también se refieren al capital humano y social de sus miembros.

Sin embargo, la otra idea importante de King fue la democracia económica. El concepto sería más teórico en tiempos posteriores, pero fue precisamente en sus ideas donde encontramos que necesitábamos democratizar las oportunidades económicas. Creía que los trabajadores debían participar no solo como consumidores o asalariados, sino también como propietarios y gestores de organizaciones productivas. Esta perspectiva ha cobrado especial relevancia en la actualidad.

Para muchas sociedades, el problema de la distribución de la riqueza, las desigualdades de ingresos y la falta de acceso a oportunidades productivas para las personas nunca ha desaparecido, sino que sigue siendo más prevalente. Ante estas realidades, las cooperativas aún proporcionan una participación económica basada en la propiedad colectiva y la gestión democrática.

Sabía que los asuntos económicos deberían tratarse para el bien de todos y no solo por el dinero y con el propósito de obtener ganancias financieras. Esta visión fue anticipada por muchos de los debates actuales sobre sostenibilidad, responsabilidad social y desarrollo inclusivo.

En América Latina, donde las cooperativas están desempeñando un papel importante en la inclusión financiera, el desarrollo rural y la economía social, muchas de las enseñanzas de William King siguen siendo relevantes. La educación cooperativa y el liderazgo responsable de manera transparente siguen siendo un tema para el sector. Y aunque el movimiento cooperativo está creciendo en la República Dominicana y ha florecido en las últimas décadas, las ideas de King pueden aplicarse a los desafíos del presente y el futuro.

En fin, la transformación digital, la gestión de riesgos, la prevención del fraude, la transparencia institucional y la formación de nuevos líderes cooperativos son el tipo de educación y compromiso que él identificó como necesarios.

Ramón Nicolás Jiménez Díaz

Economista y profesor

Ramón Nicolás Jiménez Díaz. Doctorado en Negocios Internacionales.. Maestría en Política Económica, con énfasis en Relaciones Internacionales. Maestría en Cumplimiento y Regulación Financiera. Economista, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Profesor Titular y Director de la Escuela de Economía. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales – UASD. Conductor del programa de televisión: Retos y Desafíos, día a día con Nicolás Jiménez (Cine Visión Canal 19). Conferencista y consultor en temas de política económica, prevención del crimen financiero, integridad institucional y desarrollo. Áreas de Especialización: Negocios internacionales y comercio exterior. Cumplimiento normativo, gobernanza y prevención del lavado de activos. Macroeconomía aplicada y análisis de políticas públicas. Geoeconomía, riesgos globales y relaciones internacionales. rnjimenezdiaz55@Gmail.com

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