Si existe una parte de la aviación norteamericana que pudiera definir el avance o retraso de toda la industria es el contrato colectivo. Su aplicación en base a la ley ferroviaria de 1926 (RLA por sus siglas en inglés), promulgada en 1926 y que incorporó a la industria aérea en 1936, creó las bases para el desarrollo estable de la aviación comercial norteamericana. El RLA no solo pone en su centro al contrato colectivo, sino que además establece pautas claras de cómo debe ser el proceso de negociación, y cuáles son los pasos en caso de impasse entre empleados y empleadores, creando una cultura de mediación y arbitraje que termina subsanando las diferencias y evitando las temidas huelgas.
En la aviación moderna, el contrato colectivo no solo responde a temas financieros para los pilotos, sino que también incorpora programas modernos de seguridad operacional, que cada vez más están siendo copiados por instituciones multinacionales, como la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), pues permiten que la confidencialidad y la transparencia se unan para formar procesos diáfanos de intercambio de enseñanzas y aprendizajes, en base a desviaciones de seguridad operacional reportadas por los mismos técnicos. Son esas herramientas de autoaprendizaje, precisamente, las que permiten que la aviación en países avanzados puedan llegar a niveles tan altos de seguridad operacional.
Convenio colectivo y sindicato
El sindicato de pilotos (o la asociación, dependiendo del marco legal del país en el que se encuentre) es el representante laboral del convenio colectivo. Pero no actúa solo en el ejercicio de las normas allí establecidas; la empresa tiene el interés y la responsabilidad de que se acate lo que en dicho convenio se acordó, y debe encontrar el balance entre su interés económico y la eficiencia operacional para ejecutar adecuadamente el convenio.
Es precisamente ese manto de credibilidad que otorga el convenio lo que le permite tanto a la empresa como al sindicato llevar a sus pilotos por el camino de la mejora en cultura de seguridad operacional, a medida que se aumentan las operaciones o se disminuyen. Así como el convenio asigna responsabilidades y establece parámetros para el crecimiento de las operaciones, así estipula procesos para la reducción operacional y de personal, eliminando el amiguismo y abriendo paso a un aire de justicia, crucial para el buen desenvolvimiento de toda empresa.
Experiencia regional
En este sentido, los Estados Unidos han sido los líderes globales y han marcado el ejemplo de buenas prácticas, modernizando sus convenios colectivos cada cierto tiempo, sin caer en los errores de las huelgas recurrentes de sus primos en Europa. El proceso de negociación, seguido de cerca por mediadores capacitados, y los procesos de arbitraje establecidos han ayudado a evitar huelgas durante décadas en los Estados Unidos. Esto mantiene una industria dinámica que se expande y contrae cada cierto tiempo, sin mayores crisis laborales o pérdidas económicas por huelgas.
Esta no ha sido la experiencia de otros países en la región, donde el uso de convenios colectivos también se ha implementado, aunque no de igual manera, llevando a algunos dramas innecesarios y pérdidas económicas sin sentido. Tal es el caso de Colombia, que recientemente vivió una experiencia traumática cuando, en 2017, los pilotos de su mayor aerolínea, Avianca, se fueron a la huelga por 51 días, llevando a la empresa a recurrir a tácticas anti-democráticas que terminaron expulsando de sus filas a una buena cantidad de pilotos experimentados de la empresa.
En el caso de LATAM Chile, las huelgas han logrado evitarse en gran parte por las actitudes conciliadoras de sus sindicatos, aunque sus pilotos han optado por dividir la misión entre varios sindicatos dentro de una misma empresa. Eso les ha costado a la hora de negociar, pues la empresa siempre termina poniéndolos a competir uno con otro por el mejor contrato colectivo, o mejor dicho, el más barato, perdiendo así mucho del poder grupal de pilotos si solo tuvieran un sindicato que hablara por todos.
Nuestro país
En República Dominicana estamos aún más atrás, aunque fuimos de los primeros países en tener líneas aéreas, y estamos en la frontera imperial del mayor sistema de aviación del mundo, los Estados Unidos. Al día de hoy no hemos logrado siquiera formar un primer sindicato de pilotos. Aunque en nuestras conversaciones con empresarios aeronáuticos algunos se han mostrado abiertos a la idea de crear convenios colectivos, realmente poco se ha hecho en ese sentido.
Esto nos ha llevado a perder oportunidades como la incorporación de programas modernos de seguridad operacional basados en colaboración sindical, programas que en estos momentos necesitamos pues estamos en medio de una peligrosa aceleración operacional. Queda en nuestros líderes, tanto en el sector privado como el público, entender que los sindicatos de pilotos en todo el mundo juegan un papel fundamental para el desarrollo de la seguridad operacional, y que en países democráticos como el nuestro, el convenio colectivo es el primer paso en esa dirección.
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