Establecida la presencia de Haití como colonia francesa y La Española por España, había una permanente relación tensa en una línea fronteriza frágil, casi imaginaria, acordada entre estos dos imperios. En ambas colonias se había desarrollado un proceso de cimarronaje, donde esclavos huían a las montañas en la búsqueda y permanencia de su libertad. Los cimarrones haitianos, en momentos de tentación y sobrevivencia, tuvieron la osadía de pasar la frontera y refugiarse en territorio español, donde recibieron protección oficial.
Entre 1676-77, según Fray Cipriano de Utrera, 73 negros cimarrones haitianos pasaron la frontera y el gobernador Francisco Carvakal y Castillo, les dio tierras en el lado oriental del río Ozama donde se asentaron y fundaron la Villa de San Lorenzo de los Mina. En el grupo original se encontraban 14 Mina, 4 párrocos, 3 Congos, 3 angoleños, 1 arará, 1 zape, 2 caboverdianos y los demás de grupos no identificados, los cuales con el tiempo se mezclaron y se multiplicaron, junto a una iglesita que todavía existe. Estos cimarrones se dedicaron a la agricultura y crianza de ganado, llevando en canoas a vender sus frutos y animales al mercado de la ciudad de Santo Domingo.
Las tierras de los cimarrones, conocida también como la ciudad de los negros, fueron progresando y con ello la codicia de la élite para despojarlos y robárselas. Muchos residentes libres optaron por buscar otros lugares de sobrevivencia. De ahí, nació, Mendoza, Mandinga, Villa Mella y otras pequeñas comunidades.
Un grupo de cimarrones y descendientes se quedó en Villa Mella con su diversidad étnica cultural. Esta, a nivel afro se dio diferente a otros lugares de la isla, existiendo como identidad étnica-cultural única. Se resaltaron entonces ritmos musicales como el Priprí (que no es el perico ripio cibaeño), el Canga Mulanga, los Congos, la Salve, el Son y los Atabales, convirtiéndose en símbolos, (estén o no), La Reverenda, Bartolito, Pacheco, Vale Toño, Sixto Minier y Enerolisa Núñez.
Estas expresiones artística-religiosas culturales, no tienen nada que ver con el demonio, con manifestaciones anticristianas, estas son las expresiones de sus esencias étnicas, herencias tribales originales y expresiones culturales, que no solamente repetían, sino que enriquecieron las existentes de orígenes españoles, de donde surgió la religiosidad popular, que no es el afianzamiento formal de las expresiones españoles, sino con las cuales expresan sus culturas y su visiones del mundo, que es diversa a la europea formal impuesta. Por ejemplo, para que lleguen más profundo al alma, los afrodescendientes como lo esclavizados originales, prefirieron las ceremonias religiosas con música y cantos que los elevaran espiritualmente.
Desde la Edad Media, en la iglesia católica europea la Salve Regina era una de las más populares oraciones en honor de la Virgen María. Por eso hubo diversas propuestas de musicalización, incluso de relevantes compositores clásicos, pero todas se enmarcan en el esteticismo clásico, etilo sacro tradicional europeo, suave, sin estridencia, para llenar profundamente al espíritu. Sin cuestionamientos, esto les llegaba a los europeos, insertados en esta dimensión cultural. Pero para los afros, con otras expectativas y en otros esteticismos, era monótono y hasta aburrido, por eso a más conciencia mayor búsqueda de sus expresiones rítmicas musicales y en varios lugares del país, comenzaron los afros a introducir sus instrumentos, como la güira de metal, la tambora, el Balsié, los Panderos, la “Tamborita”, la Canoíta, los Atabales, entre otros, en un ritmo movido y una técnica coral del solo y la respuesta.
Primero, respetaban el texto de la Salve Regina, después la adaptaron a sus concepciones y finalmente ganó el ritmo y se desprendió creadoramente a lo cotidiano con el impacto de la identidad.
La investigación sobre la Salve que se ha realizado en el país más exhaustiva, es responsabilidad de la antropóloga Martha Ellen Davis, concluyendo sobre la importancia y trascendencia de la salve como expresión musical-religiosa nacional.
En la versión popular afro, en un contexto con un guion esteticista afro-caribeño vigente, nada extraño a las comunidades vecina, la salve pasó a ser uno de los ritmos musicales más populares. Por su carisma, su voz y su estilo, Enerolisa Núñez en Mata los Indios y la región se convirtió en la Reina de la Salve. De los grandes músicos populares eso lo descubrió Quinito Méndez en su producción a “Palo limpió”
Eneroliza se dio cuenta de sus facultades y habilidades para el canto y formó un grupo musical extraordinario con algunos hijos, vecinos y amigos más cercanos. Yo he sido un privilegiado de su amistad y los he acompañado al festival del Caribe en Santiago de Cuba, donde sorprendió agradablemente a Guantánamo en un escenario al aire libre a más treinta mil espectadores; he viajado con ella y la Federación Dominicana de Arte y Cultura del Comité Olímpico Dominicano a varias veces al encuentro de San Juanes en Naguanagua. Venezuela, así como a Colombia y a Perú con Geo Ripley en un encuentro de grupos originales de la UNESCO.
En todos los lugares internacionales, incluyendo Estados Unidos, Enerolisa y su grupo han sido una atracción, un impacto, un aporte dominicano en una expresión de identidad y dominicanidad.
Enerolisa Núñez, nos dijo hasta luego, orgullo de la religiosidad popular, símbolo patrio, expresión del folklore y la identidad nacional, con aportes trascendentes en la música popular. Servidora de misterios, orgullo de Villa Mella, símbolo de identidad, vivirá en el corazón del pueblo, y en la lucha contra del olvido.
El Conservatorio Nación de Música debe dedicarle un salón de enseñanza y el Ayuntamiento (Alcaldía) debe honrar una calle del pueblo de Villa Mella con su nombre, como se hizo con la figura emblemática de Isabel Aguiar.
¡ENERO”, COMO TE DECIAMOS DE CARIÑO, ¡ESTRÁS SIEMPRE PRESENTE!
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