Las bancas de apuesta están creciendo como la verdolaga por todo el país y también se está violando el precepto legal de que deben estar al menos de 100 metros una de la otra. En ellas se apuesta a loterías de números, eventos deportivos, tanto en el país como en el extranjero y a carreras de caballos, entre otras actividades.

Es cierto que estas emplean a muchas personas, sobre todo mujeres, pero el hecho de que políticos dominicanos, sobre todo congresistas de todos los partidos políticos, sean dueños de muchas de ellas, dificulta su control a través de modificaciones a la ley. Así como en Colombia una parte importante de su geografía está controlada por los que manejan el negocio de las drogas, en nuestro país el negocio de las apuestas está en manos de políticos lo cual hace difícil al Gobierno controlar sus actividades.

Los juegos de azar se caracterizan por empeorar la distribución del ingreso, haciendo más dramática lo que en su jerga los economistas llaman la “curva de Gini”. En palabras llanas provocan un aumento en el distanciamiento entre los ricos y los pobres. A nivel nacional los juegos de azar dejan grandes beneficios a sus dueños y solo benefician individualmente a los que tienen buena suerte, pues los ingresos totales siempre exceden a las apuestas correctas. En su desesperación por mejorar sus ingresos, las apuestas se concentran entre los más pobres y la clase media baja.

¿Qué hacer?  En algunos países los gobiernos establecen monopolios a los juegos de azar, a través de loterías nacionales estatales, prohibiendo las privadas, ya que es imposible dada la naturaleza humana la erradicación absoluta de la pasión por apostar, pues esto movería esas actividades hacia el clandestinaje. Las loterías estatales abundaron en España e Irlanda, por ejemplo. En España, el mercadeo de los billetes de lotería hasta estaba en manos de invidentes y otras personas con discapacidades y, sobre todo, las utilidades de las loterías estatales eran utilizadas para precisamente ayudar a los más pobres quienes son los que más frecuentemente apuestan.

En la República Dominicana, desde los tiempos del padre Billini y hasta hace poco existía una lotería estatal, pero volver a esa práctica luce que hoy día no resulta políticamente viable entre nosotros. La solución es gravar con impuestos a las altas utilidades de los juegos de azar y especializar esa recaudación para dedicarla a obras y subsidios que beneficien a los más necesitados, quienes son los más perjudicados por la alta rentabilidad de dichos juegos.

Nuestro presidente Luis Abinader ha sometido al Congreso un proyecto de ley al respecto, pero allí los intereses vinculados a los juegos de azar han resuelto darle largas al proyecto a través de pequeñas enmiendas al mismo sobre temas marginales para que, dados los cambios en el texto, tenga que volver a la otra cámara del Congreso y así sucesivamente, por tiempo indefinido. Nuestro presidente, quien preside el partido que controla ambas cámaras debe lograr que cese esa maniobra.

Bernardo Vega

Historiador, economista

Economista, historiador, autor de decenas de libros. Impenitente columnista, fue gobernador del Banco Central y embajador ante la Casa Blanca. Ex director del periódico "El Caribe" y de la revista "La Lupa Sin Trabas". Actualmente es presidente de la Academia Dominicana de la Historia.

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