El 30 de abril de 2007, Fidel Castro reflexionó sobre el futuro energético mundial y cuestionó la producción masiva de biocombustibles a partir de alimentos como la caña de azúcar.
Con datos brasileños, mostró el esfuerzo humano extremo: un trabajador debía cortar 12 toneladas diarias, equivalentes a más de 36,000 flexiones, 800 recorridos cargando caña y casi nueve kilómetros de desplazamiento en ocho horas.
El visionario líder concluyó que el etanol no era un combustible “limpio”, pues su producción implicaba desgaste físico descomunal para los trabajadores y generaba impacto ambientales y económicos negativos, poniendo en duda su sostenibilidad energética planetaria.
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