Ya estamos en el 2026, así que conectando con el artículo precedente, queremos señalar que vivir esperanzados desde nuestra realidad actual en el presente año, aunque la misma pudiese tener matices de bruma y acontecimientos perturbadores, es una actitud inteligente; aún podamos estar atravesando ante cualquier crisis vital o momento difícil, es pertinente comprender que dichos momentos, no serán permanentes, que los procesos en las crisis vitales suelen ser cíclicos y que está en nosotros, poder darle un sentido restaurador a ellos poniendo en práctica una actitud de trascendencia ante la adversidad.
Viktor Frankl, el creador de la logoterapia y emblemático exponente de la psicología existencial, trascendió profesionalmente, por su capacidad de resiliencia al ser uno de los sobrevivientes de uno de los campos de concentración nazi más brutales, nos referimos al de Auschwitz.
Frankl en su obra, “El Hombre en Busca de Sentido” desde hace décadas ha sido un referente de la psicología existencial y humanista, ya que sin quitar realismo, sin negar lo adversó e inhumano que resultó dicha experiencia, pudo conocer y luego plasmar por experiencia propia como se puede sobrevivir ante la adversidad, ante las condiciones psicológicas más traumáticas en la época de Hitler, durante la segunda guerra mundial.
La obra de Frankl destaca que, cumpliendo, experimentando y enfrentándonos a la adversidad, podemos convertir una derrota en éxito al igual que un fracaso en triunfo, que la clave de la supervivencia está en poder responder al para qué nos pasa, en contraposición con el ¿por qué nos pasa? Planteamientos que se hacen ante la realidad que no se puede cambiar y ante el dolor que nos toca afrontar.
Viktor Frankl, el creador de la logoterapia y emblemático exponente de la psicología existencial, trascendió profesionalmente, por su capacidad de resiliencia al ser uno de los sobrevivientes de uno de los campos de concentración nazi más brutales, nos referimos al de Auschwitz.
En la sociedad actual tanto el hombre como la mujer experimentan la presión de mostrar la mejor imagen, “la imagen del éxito y del positivismo”, y sin embargo resulta que en la vida no siempre está el escenario creado, para responder ante tal desafío y simplemente se nos presenta el hacer lo cotidiano. Vivir desde la sencillez de una vida sin sobresaltos y sin presión ante la sociedad de consumo nos humaniza.
Mostrarnos con debilidades humanas, ante los demás, lejos de dar una imagen de pesimismo y de derrota, puede ser la evidencia de una persona madura, ya que modela una imagen de humildad, cualidad fundamental para la promoción de las relaciones humanas.
Mostrarnos como personas “inacabadas” ayuda a aliviar la presión social que hemos absorbido, nos ayuda a crear empatía con los demás, ya que una persona que se proyecta como autosuficiente y perfecta puede poner una distancia en las relaciones interpersonales.
Gordon Allport, señaló los beneficios de mostrarnos tal como somos destacando los siguientes aspectos:
Desarrollo del (Self): La autoconciencia de nuestras fallas y limitaciones es parte de la maduración de (el sentido del Yo), permitiendo una imagen de uno mismo más completa y realista.
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