La carta escrita por Juan Bosch el 14 de junio del 1943 a tres amigos que lo visitaron en La Habana, Cuba, es el primer texto de Bosch en que articula su más profunda convicción de lo que es el ser humano y las responsabilidades que todos tenemos con los que son explotados. Ya en sus cuentos previos y posteriores expresó esas convicciones humanísticas. Y en las palabras iniciales de un libro de Juan Isidro Jimenes Grullón del 1940 había bosquejado una interpretación de la composición social dominicana de ese momento y la respuesta política que demandaba. Él nunca abandonó esas convicciones -antropológicas, sociales y políticas- en toda su vida.
La importancia de ese texto del 1943 radica en que nuestro autor desarrolla una síntesis de su visión humanista, de las realidad socio-económica de los dos pueblos de nuestra isla y una profunda crítica a la ideología trujillista, específicamente en sus rasgos autoritarios y la difusión de una visión racista sobre la naturaleza de nuestro hermano pueblo insular. Aunque gran parte de los valores que se expresan en este texto se encuentran ya en sus cuentos publicados en los años 30, su análisis social es en gran medida producto de su lectura de Hostos en 1938 y su experiencia en Cuba desde el 1939 hasta el momento en que redactó esta misiva.
En su carta relaciona ambos pueblos en sus diversos estamentos. Ahora bien, así como el estado de ambos pueblos se relaciona, porque los dos padecen, así también se relacionan aquellos que en Santo Domingo igual que en Haití explotan al pueblo, acumulan millones, privan a los demás del derecho de hablar para que no denuncien sus tropelías, del derecho de asociarse políticamente, para que no combatan sus privilegios, del derecho de ser dignos para que no echen por el suelo sus monumentos de indignidad. No hay diferencia fundamental entre los dominicanos y los haitianos de la masa; no hay diferencia fundamental entre los dominicanos y los haitianos de la clase dominante”.
Si ambos pueblos son explotados con igual saña, sus explotadores, hablen francés, español o inglés, son de igual calaña. El propósito de ellos es ganar, mediante el sudor y la sangre de ambos pueblos, colosales fortunas. Por eso construyen discursos que ocultan sus intenciones y prácticas, sea un muro en la frontera o desquiciados planes fusionistas de potencias, desprecio por la religiosidad haitiana o la precaria salud de su pueblo, en fin, desprecian al haitiano como forma de garantizar su explotación y la de los dominicanos.
Y tal como señala Bosch, entre el racismo antihaitiano que procura la explotación de ambos pueblos y los modelos políticos autoritarios hay una profunda unidad. La única manera de garantizar que la explotación de ambos pueblos se mantenga es erosionando la democracia en ambos lados de la frontera para que formas autoritarias de gobierno cubran y favorezcan el crimen de la explotación de los millones de hombres y mujeres que habitan en la isla.
Afirma Bosch en su carta: Pero, así como en los hombres del Pueblo en ambos países hay un interés común —el de lograr sus libertades para tener acceso al bienestar que todo hijo de mujer merece y necesita—, en las clases dominantes de Haití y Santo Domingo hay choques de intereses, porque ambas quieren para sí la mayor riqueza. Los pueblos están igualmente sometidos; las clases dominantes son competidoras. Trujillo y todo lo que él representa como minoría explotadora desean la riqueza de la isla para sí; Lescot y todo lo que él representa como minoría explotadora, también.
El reconocimiento de la naturaleza explotadora de ambos Estados y de las minorías que en ambos lados de la frontera extraen la riqueza de los más pobres, es un punto esencial para trascender la visión xenófoba del trujillismo que denigrando al pueblo haitiano busca engañar a su propio pueblo.
Ambos pueblos, tal como señala Bosch, tienen en común la búsqueda de la libertad y el bienestar que les niegan sus gobernantes y clases explotadoras. Y recurre a una imagen que le da universalidad a su argumento: el bienestar que todo hijo de mujer merece y necesita. Los haitianos son hombres y mujeres igual que los dominicanos, con las mismas necesidades y los mismos anhelos, los argumentos racistas del trujillismo -y del presente- únicamente buscan ocultar a los reales enemigos del pueblo dominicano que son sus explotadores, no los haitianos pobres que buscan al cruzar la frontera una forma de sobrevivir.
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